El Hombre del Tren

El nuevo a√Īo le encontr√≥ sentado en el asiento de un tren, rumbo a un lugar donde nunca antes imagin√≥ que ir√≠a. Ten√≠a bastante tiempo para pensar. Mientras miraba fascinado por la ventana c√≥mo iban sucedi√©ndose los paisajes uno tras otro, pasaban tambi√©n sus recuerdos.

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A su lado, una mujer le saludaba, como deseando una amena conversaci√≥n durante el viaje. A ella le gustaban las historias, le encantaba imaginar las vidas diferentes a la suya. As√≠ se inmunizaba contra la equivocada percepci√≥n de que la √ļnica vida posible es la de uno mismo. El, en cambio, hubiera preferido la calma del silencio y los paisajes de su memoria. Estaba acostumbrado a vivir en su propio mundo, y no parec√≠a demasiado interesado en los dem√°s. Pero esta vez quer√≠a ser amable y accedi√≥ al encuentro, m√°s bien tenso y haciendo acopio de un arsenal de frases de caj√≥n, hablando del clima, del nuevo a√Īo, del que pas√≥, y de otros asuntos de mayor o menor importancia, en todo caso, sin ninguna intenci√≥n de implicarse en la conversaci√≥n. La mujer, inicialmente percibida por √©l como una inc√≥moda charlatana, esper√≥ pacientemente, pues adivinaba en su mirada una necesidad inmensa de comunicar algo que ella no sab√≠a definir. Entonces esper√≥, simplemente esper√≥.

Pasaron nuevos silencios, infinitos paisajes en la ventana y pocas frases m√°s, t√≠picas de dos desconocidos que se encuentran en los asientos contiguos de un tren, hasta que por fin se rompi√≥ el hielo y √©l empez√≥ a hablar de s√≠ mismo, casi sin darse cuenta. Mientras pon√≠a al tanto a su compa√Īera de viaje sobre sus or√≠genes, intereses, vidas y milagros, llegaron a su memoria recuerdos de la mujer con quien hab√≠a compartido sus √ļltimos a√Īos, cuando la conoci√≥, cuando decidieron vivir juntos, cuando empezaron a distanciarse, cuando ella le dej√≥, alegando su poca capacidad para hacerla feliz.

… Y se fue de la noche a la ma√Īana sin dar m√°s explicaciones. No pude retenerla, pese a lo acostumbrado que estaba a su presencia, y a no recordar c√≥mo se viv√≠a en soledad. Pero ahora, mientras miraba por la ventana, no s√© si usted lo ha visto… yo sonre√≠a, incluso agradecido, porque fue a partir de entonces cuando le di la vuelta al tiempo y retom√© el contacto con mi vida.¬ŅComprende lo que digo? ¬ŅLe ha sucedido alguna vez?

Se quedó en silencio unos segundos, como queriendo medir la capacidad de su interlocutora para escuchar confidencias más comprometidas. Parecía posible, entonces continuó:

… A veces me descubro enumerando las muchas otras posibilidades que tuve, a las que renunci√©, tal vez por cobard√≠a. Cuando me dejo llevar y mando de paseo a la censura, me doy cuenta… y no puedo evitarlo… ¬ŅC√≥mo se lo explico?… S√≠! lo que m√°s me gusta imaginar es el encuentro de dos hombres compartiendo amor, sexo y vidas sin prejuicios, sin culpas, sin miedos… disfrutando de un placer sin l√≠mites.

Pasaron pocos segundos después de confesar a la mujer del lado el torbellino interno que sentía cada vez que observaba los cuerpos sensuales de desconocidos que transitaban por las calles, cuando sintió un pánico que le paralizó por un buen rato. Era la primera vez que desnudaba sus más secretos deseos. Sus manos, sus piernas, todo su cuerpo temblaba, anticipando situaciones que le dejaban perplejo y que no sabía cómo iba a afrontar pero que, a la vez, le atraían intensamente. Si no fuera por esa atracción, y por el genuino respeto que le transmitió la mujer que le escuchaba, hubiera bajado en la próxima parada para tomar el tren de vuelta y regresar a la vida conocida. Pero antes de llegar ya se había descubierto incapaz, esta vez, de seguir mintiendo.

… Siempre lo supe y siempre lo negu√©. Y cuando lo pienso tambi√©n lo comprendo, pues desde antes de hablar y de andar ya ten√≠a bastante claro mi destino: seguir las reglas, escribir bien derechito en el papel, sin salirme de la raya, ser fuerte, agresivo y, sin duda, un “macho”, para buscarme un lugar en el mundo. Y por supuesto, no pod√≠a faltar un buen trabajo y una bella mujer que me ayudaran a situarme como un hom-bre-de-√©x-i-to. As√≠ interpret√© la tarea de mi vida. E intent√© por todos estos a√Īos seguir los pasos marcados, haciendo todo lo que estuvo a mi alcance, incluso casarme con esa bella mujer… la que me dej√≥ hace solo unos cuantos d√≠as… Aunque algo de raz√≥n tuvo, o tal vez mucha. Porque ¬Ņa quien le gustar√≠a la vida que llevaba? No le faltaba nada, excepto mi presencia, cuando fing√≠a estar a su lado mientras otras fantas√≠as m√°s atractivas me atrapaban. O cuando, cansado de fingir, escapaba para encontrarme furtivamente con otros que aliviaban mi sed, al menos por momentos.

Usted se preguntar√° por qu√© no lo dej√© todo. Qu√© f√°cil ¬Ņno? ¬ŅSe ha puesto alguna vez en mi lugar? … Porque tuve mis intentos, ¬Ņsabe? Pero en una sociedad donde el blanco y el negro son los √ļnicos colores disponibles, llegar un d√≠a a decirle a su familia, a sus amigos, a sus colegas, al mundo entero: “ah, que soy homosexual”, no resulta tan simple, ¬Ņno le parece? Recuerdo alguna vez, no hace mucho tiempo cuando, buscando una salida, solicit√© informaci√≥n y no fue precisamente un alivio, como esperaba, pues solo encontr√© comentarios soeces, burlas y rega√Īinas. Llegu√© a comprar dos o tres libros con la esperanza de encontrar alguna luz, pero en su lugar aparecieron p√°ginas que me abofeteaban con la “patolog√≠a de la homosexualidad”, ofreciendo “soluciones y remedios” para reconstruir y curar, en fin, para retomar la v√≠a correcta.

La v√≠a correcta… Me provoca nauseas esa frase, ¬Ņsabe? Acaso ¬Ņle parece a usted correcto vivir una vida aqu√≠ y otra all√°? ¬ŅPasarse la existencia enga√Ī√°ndose y enga√Īando a los dem√°s? ¬ŅSalir con los amigos a publicar a los cuatro vientos lo machos que somos, mientras dejamos bien clara la aversi√≥n por los homosexuales, como si ser homof√≥bico fuera la vacuna infalible contra la propia incapacidad de aceptarse homosexual?

Correcto era, entonces, detenerme, cerrar mi casa y empezar a andar hasta llegar al asiento de este tren. A partir de aqu√≠ el camino no ser√° llano, ya lo s√©, no necesito que me lo recuerden… pero imaginarme gritando al mundo mi elecci√≥n me llena de orgullo, de fuerza y de coraje y esto, de pronto, me resulta mas importante que todo lo dem√°s.

Perdieron la noci√≥n del tiempo hasta que una locuci√≥n anunci√≥ la pronta llegada a su destino. El se tom√≥ el tiempo para recoger los pocos objetos que llevaba, se arregl√≥ un poco el pelo y la cara como si le estuviera esperando su primera cita. Mir√≥ a la mujer del lado, que no apart√≥ de sus ojos la mirada. Se despidi√≥ con un abrazo c√°lido y profundo, agradeciendo por el tiempo compartido y sali√≥ para encontrarse con un atardecer que le dio un impulso indescriptible porque, seg√ļn ley√≥ en el cielo rojo intenso, a√ļn estaba muy a tiempo de descubrir la infinidad de sus posibilidades. Y este viaje era s√≥lo una prueba del comienzo.

Y t√ļ... ¬ŅQu√© piensas?

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