“No pasa Nada”… De la Negación a la Salud Emocional

No hay dolor, rabia, tristeza, miedo… no hay nada de qué hablar y nada qué solucionar. Sigamos, entonces, viendo la tele y jugando a que no jugamos.

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El niño se cae… se da un pequeño golpe en la cabeza. Se asusta, le duele, llora. Desde el otro lado de la casa, escucha aquella voz que le dice: “No llores, no te duele. No pasa nada”.

La niña está triste… no logra contener el llanto. Su mejor amiga se cambia de colegio, a lo que el interlocutor, tan adulto, le responde: “No pasa nada. Ya tendrás más amigas. Sécate esas lágrimas y ponte a hacer los deberes“.

La mujer decepcionada… a golpe de fracasos en su ansia de tener una vida de película, se va de tiendas y no tarda en escuchar al mágico espejito diciéndole al oído: “Compra, no pasa nada!! Con este vestido serás la única, la más, la mejor”

El hombre está cansado… no pasa nada, si no lo sabe nadie. Encontró en el trabajo al que dedica 24 horas, su razón, su motivo de olvidar, de huir, de no pensar en aquella innombrable que lo rechazó.

“No-pasa-nada”. Una frase que retumba en los oídos de quienes no estamos dispuestos a vivir una realidad inventada por la constante negación de las emociones más vitales. ¿Cuántas veces al día se pronunciarán estas tres palabras en colegios, casas, oficinas, autobuses, aviones, restaurantes, hoteles o parques? Las situaciones que envuelven los “no-pasa-nada“, parecen cada vez más surrealistas.

El espejismo de la perfección, del control, del poder y de la inmortalidad, hacen de la negación uno de los mecanismos de defensa con más adeptos en el mundo moderno.

Autoengañarse resulta muy eficaz en algún momento porque calma, alivia, ayuda a disimular, lo saca a uno de problemas, le libera de malos ratos. Pero la estrategia tiene su encanto hasta que se descubre que, en algún lugar del camino, se perdió la identidad y, con ella, el billete de retorno para ir en su búsqueda, mientras el disfraz que tan útil resultó en algún momento, empieza a apretar las ganas de “ser uno mismo”.

Todo empieza muy pronto, cuando se inician los encuentros con el mundo exterior. El guión ya está escrito, de alguna manera, a la medida de las formas caracteriales de cada familia, que es una sociedad en pequeñito. Así, para pertenecer no queda más remedio que adaptarse, y se aprende rápidamente este constante juego, expresado de esta forma por R.D Laing:

“Están jugando a un juego. Están jugando a no jugar un juego. Si muestro que estoy viendo lo que hacen, rompería las reglas del juego y me castigarían. Debo jugar el juego de no ver que juego”

Así se continúa con la vida, anulando esas partes incómodas del mundo emocional y viviendo como si no existieran. “No pasa nada”, entonces no hay dolor, no hay rabia, no hay tristeza, no hay miedo… no hay nada de qué hablar y nada qué solucionar. Sigamos, entonces, viendo la tele y jugando a que no jugamos.

Se vuelve uno experto en filtrar lo que interesa y lo que no. No hay ni siquiera que estar consciente de ello. ¡Funciona! Ahí está la clave de los mecanismos de defensa. Para eso están, para funcionar. Todo estaría muy bien si tuviéramos a mano el botón on/off, de manera que pudiéramos prescindir de estos cuando no fueran necesarios. Pero lo que sucede generalmente, es que las ansiedades de la vida cotidiana y sus modelos de conducta facilitan cada vez más el uso y, sobre todo, el abuso de estos mecanismos para funcionar en beneficio de algo que casi siempre está más allá de la propia salud personal.


Bueno, y si funciona… ¿Cuál es el problema?

Como suele suceder, cuando se toma el camino aparentemente más fácil, la cosa se suele complicar en algún momento. De entrada, la negación es bastante amiga de la resignación ya que se ha empezado por evitar un posible afrontamiento, que seguramente resultaba demasiado conflictivo.

En su libro “Cambio”, Watzlawick, Weakland y Fisch se refieren a la negación en los siguientes términos:

“Un modo de abordar erróneamente un problema reside en comportarse como si tal problema no existiera, es decir aplicar como solución la negación del problema. De ello se derivan dos consecuencias: a) el reconocimiento del problema es considerado como manifestación de locura o maldad y b) el problema que exige cambio se complica crecientemente por los problemas creados por el erróneo modo de abordarlo”

Negación y Psicoterapia Caracteroanalítica:

Como he explicado en otras ocasiones, los mecanismos de defensa nos protegen de las amenazas del mundo exterior y nos ayudan a mantener un cierto equilibrio. Sin embargo, cuando esos mecanismos se convierten en una rígida coraza que impide el natural acontecer de la experiencia vital, lo que en un principio era una protección se puede convertir en un arma autodestructiva.

Así, el mecanismo de la negación puede salvar a una persona de una situación amenazante y peligrosa. Un claro ejemplo de esto es el primer momento de un evento traumático, cuando a alguien se le informa de una pérdida inesperada. La primera respuesta suele ser un contundente “NO”, que hace el papel de aislante de algo que el organismo humano no puede asimilar con la fuerza y la crudeza con que viene a complicarle a uno la existencia. En esa situación no hay nada más sano que negar, hasta que haya la posibilidad de empezar a asumir la situación. Otra cosa es enquistarse en la negación por siempre o utilizar esa estrategia para resolver los conflictos cotidianos que imponen otras actitudes más maduras para la ocasión.

De todas formas, uno hizo lo que pudo. Y los mecanismos de defensa que hacen parte del repertorio caracterial, son armas necesarias en algunos momentos de la supervivencia emocional. Además, ya sabemos que no se trata de decidir racionalmente que vamos a dejar de negar las situaciones paso a paso, según la receta del día. Es un poquito más complejo que esto.

La Psicoterapia Reichiana aporta la posibilidad de ablandar la coraza caracterial y muscular, para que los mecanismos de defensa funcionen cuando tengan que hacerlo, pero también para que dejen paso a la espontaneidad y a la flexibilidad cuando no sean necesarias.

La Salud Emocional no consiste en no tener problemas, sino en saber gestionarlos haciendo uso de los recursos con los que contamos, dentro de un abanico de infinitas posibilidades.

Y tú... ¿Qué piensas?

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