Elegir a la Pareja… No todo es cuestión de Suerte

Cuando la Vida Amorosa aparece llena de Posibilidades…

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¿Qué es lo que impide a hombres y a mujeres asumir relaciones amorosas auténticas en las que no sea la suerte sino la capacidad de elegir, la base de su desarrollo?

¿Por qué se prefiere, a veces, permanecer en una relación que no da mayores satisfacciones, a renunciar y emprender un camino diferente?


Elegir a la pareja no es sólo cuestión de suerte.

Hay días en que parecemos estar del otro lado, asumiendo relaciones afectivas diferentes, en las que la equidad es la base y donde la dependencia patológica hace parte del pasado, eso, cuando no se opta por algún tiempo en soledad, reubicándose para definir lo que uno quiere. Se respira un ambiente de salud, de trabajo personal, de evolución.

Y hay otros días que recuerdan a los siglos pasados, a esperas angustiosas de sosos príncipes, o arriesgadas maniobras para rescatar a princesitas aniñadas, motivados por la promesa de un amor eterno sin preguntas, sin conflicto, sin proceso… irreal.

Y así la vida emocional se convierte en un vaivén de suertes, de victorias y fracasos que acaban dependiendo de santos o de ángeles, a quienes se delega uno de los derechos más dignificantes de la especie humana: el de ELEGIR el rumbo que se quiere, bajo los criterios personales con los que cada uno/a decida identificarse.

Contamos con una colección de realidades que hemos ido acumulando a lo largo de la vida. Valores transmitidos desde la familia, la religión, las instituciones educativas, la publicidad, las identidades grupales, han ido construyendo versiones de lo que debe ser el amor. Tenemos además una historia personal, ya sea de equilibrio, de carencia o de exceso en las diferentes fases de nuestro desarrollo evolutivo, que de alguna manera también han influido en la forma de concebir las relaciones afectivas.

Con este capital de valores y experiencias se va construyendo una identidad cargada de percepciones y de actitudes que llegan a hacerse propias hasta tal punto que, a partir de un momento, no hace falta ningún refuerzo externo porque cada uno/a lo asume como algo natural. Entonces ya no hace falta leerse todas las noches el cuento de Blanca Nieves para creer que el día menos pensado va a llegar el príncipe azul a rescatarte de una vida de vacío, de miedo o de pobreza, que mágicamente tomará color sólo en el momento en que él te honre con su presencia.

Es verdad que, en algún momento, no se pudo definir el camino que se quería. Pero también es cierto que, después de una edad, se pueden replantear las certezas y atreverse a mirar hacia dentro para re-definir los propios criterios a la hora de emprender una vida en común con otra persona.

En esta nueva dinámica, la vida amorosa aparece llena de posibilidades y la opción de la soledad deja de ser un estigma para convertirse en una oportunidad.

Se puede elegir estar de otra manera. La libertad no consiste en hacer lo que a uno le plazca, sino en darse cuenta de cuáles son los hilos que mueven los pensamientos, las acciones y las elecciones. Lo que sucede no siempre es lo que a uno le ha “tocado”, como un rayo imposible de esquivar.

Por supuesto que hay imprevistos y que no siempre las cosas van bien o mal porque uno decidió una cosa u otra. Y, sobretodo, no siempre las cosas van bien porque uno se haya portado de maravilla.

Pero incluso en los momentos en que la vida nos recuerda que no somos omnipotentes, cuando una relación afectiva se ha basado en la libre y consciente elección, la forma de asumir las alegrías, los cambios o las pérdidas toman matices diferentes gracias a la experiencia de ser, y seguir siendo, el/la protagonista de la propia vida.

Mirarse dentro, definir criterios, elegir, están más allá de la mala o de la buena suerte. El camino de la consciencia, entonces, parece ser una vía más clara y también más animada, en comparación con la angustiosa espera de que una luz aparezca, sin un compromiso por nuestra parte de mantenerla iluminada.

Esta es, posiblemente, la tarea pendiente para establecer y disfrutar de relaciones más saludables y de transmitir a los más jóvenes otra forma de estar en las relaciones afectivas.

Y tú... ¿Qué piensas?

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