“Para Presumir hay que Sufrir” – De la Apariencia a la Depresión

Si la norma es poner buena cara, entonces no se puede confiar a nadie el miedo de perder, ni la sensación de inseguridad, ni los últimos fracasos o la experiencia del conflicto cuando oscurece los ánimos

para-presumir-hay-que-sufrir-de-la-apariencia-a-la-depresion

Es tiempo de fiestas, de encuentros, de cenas. De desearnos felicidades, que el año que viene sea mejor, que se cumplan tus deseos, etc. Nos llenamos de satisfacción cuando el balance es positivo y hay quienes no desaprovechan esos escasos lapsos de silencio entre las voces animadas y los infinitos chin-chin de las copas al brindar, para subrayar lo bien que les ha ido el año que se acaba, por si alguien no lo había escuchado antes.

Hay, en cambio, quienes no pueden gritar a los cuatro vientos sus trofeos. Para algunos/as, las cosas no han ido bien. Para otras/os, han ido francamente mal. Y sin embargo, se enfrentan a estos días con la mirada abierta y con esa expresión de dignidad que sólo tienen los que saben que la vida es como una montaña rusa, en la que unas veces se sube y otras se baja y de lo cual nadie puede escapar, por muy bien que se haya portado.

Pero hay quienes sí creen que pueden escapar. Son aquellos/as que han aprendido el arte de guardar las apariencias, como se dice. Familias enteras dedicadas a entrenarse en este talento y a perfeccionarlo año tras año, transmitiendo su legado a los que van llegando. Si la norma es poner buena cara, entonces no se puede confiar a nadie el miedo de perder, ni la sensación de inseguridad, ni los últimos fracasos o la experiencia del conflicto cuando oscurece los ánimos.

Poner buena cara. Ser real no está en los planes. Lo importante es el aspecto. Que no quede ni un asomo de algo que no sea éxito, felicidad, belleza o bienestar.

Así, se oyen tintinear, como integradas en villancicos milenarios, campanillas que penetran en lo más hondo de los tímpanos formando un coro que dice: “para presumir hay que sufrir” y empieza la procesión en centros comerciales, salones de belleza, supermercados, jugueterías…

Pero también empiezan las ideas intrusivas, que si tal va a llevar el mejor vestido, los más caros zapatos, la mejor cartera, el más rico pastel, el mejor vino, el último coche, que te peines bien que no se note que eres un/a descuidado/a, que no pares de reír que no se note que nos pasamos la vida peleándonos.

Y aquí es donde la experiencia puede empezar a pasar factura. Pero no sólo en dinero o en deudas, que también, sino en ese terror que entra por las venas cuando por fin llega un poco de consciencia y empieza el descenso, cuando aparecen esos horribles sentimientos, como encadenados unos con otros:

El miedo a decepcionar, tan conocido, tan antiguo. Ese sentimiento de no llegar a cumplir las expectativas de los demás, de no dar la talla. (Ver: Dar la talla… ¿Para quien?”)

La baja autoestima, tan ácida, tan mala amiga. Si no se consigue mostrar -o demostrar- lo que se espera de uno… ¿qué valor tiene entonces la propia existencia? Cualquier cosa que se haga en oposición con mantener ese estatus esperado resulta letal para un yo frágil, basado en el “qué dirán”.

La ansiedad, tan quisquillosa, tan perturbadora. Esa incomodísima sensación que viene acompañada de síntomas psíquicos y somáticos y que distorsiona cualquier relación saludable con uno mismo y con el entorno.

La depresión, tan puñetera, tan insoportable. El punto en el que muchas personas se encuentran atrapadas, aplastadas bajo tanta exigencia, expectativa, estrés, metas por lograr. El lugar en el que el “ya no puedo más” parece estar ganando la partida.

Parece, sólo parece, porque aún cayendo bajo se puede uno levantar. Siempre se está a tiempo para detener la dinámica de la caída depresiva, sólo hace falta detenerse y decir “BASTA”.

Basta ya de apariencias. De poner buenas caras cuando no son auténticas. De pretender engañar y engañarnos permanentemente, de vivir para y por lo que digan los demás. Basta ya de educar a niños y niñas con estos presupuestos, de obligarles a seguir la ruta equivocada bajo la mentira de las “buenas maneras” y del “por tu bien”.

Para alguno/as es tiempo de cantar, de reír, de abrazar a los seres queridos, de llamar a los amigos perdidos. Claro que sí. Pero no olvidemos lo que somos para que, cuando se acabe la fiesta, permanezca ese lugar en donde refugiarnos, la mejor casa, el mejor vehículo: el yo interior, conocedor del camino hacia una vida real plenamente vivida, en los buenos tiempos, en los menos buenos, en los malos y en los mejores.

3 comentarios en ““Para Presumir hay que Sufrir” – De la Apariencia a la Depresión

  1. Excelente artículo que nos pone a reflexionar sobre la importancia de ser auténticos y vivir con los pies sobre la tierra para evitar males físicos y psíquicos.

  2. Sencillamente me encantó!!! María C. tan acertada como siempre, diciendo lo que todos sabemos o sospechamos, pero… “mejor no decimos”! Un abrazo enorme!

  3. Muy bien está reflexión para una temporada como la actual, donde somos presas del consumo y donde nuestra actitud, más que ser es parecer.

Y tú... ¿Qué piensas?

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s