Rumores y Redes… Cuando menos es más

Basta con escribir lo que sea en una red social, poner alguna foto impresionante y en cuestión de minutos el rumor está corriendo por todo el planeta.

Foto: “Multi-coloured swapshop” – @Doug88888– https://www.flickr.com/photos/doug88888/
Foto: “Multi-coloured swapshop” – @Doug88888– https://www.flickr.com/photos/doug88888/

Hace no mucho tiempo, para figurar, manipular, llamar la atención o agredir a alguien bastaba con contarle al vecino una historia falsa. El vecino se la contaba al amigo, el amigo a la prima, la prima al novio y así, lo que empezaba siendo un falso rumor, se convertía en una verdad que ponía en la palestra pública a alguna persona en cuestión. Para eso sólo hacía falta un poco de imaginación y algo de tiempo.

Ahora prácticamente no hace falta ni una cosa ni la otra. Basta con escribir lo que sea en una red social, poner alguna foto impresionante y en cuestión de minutos el rumor está corriendo por todo el planeta.

Se puede hacer con muchas caras. Desde una pose de víctima ofendida, hasta un supuesto talante “informativo”. Da igual, porque en las redes sociales los rumores se esparcen como la pólvora y como no se usa confirmar o desmentir la veracidad de lo que aparece en internet, basta con hacer “click “ en el primer emoticon que atraiga, como para estar ahí animando el día, como para hacer parte de la noticia. Si es falsa o verdadera… ¿acaso importa?  

No todas las noticias tienen la suerte de correr como la pólvora. Tienen que “sonar”, que impactar, que tocar alguna fibra personal. Por eso, cuando tienen un efecto emocional parecen más interesantes. El morbo es un buen gancho. Sangre corriendo por el suelo, niños perdidos y hambrientos, animales destrozados. Los ricos que temen a los pobres, los pobres que juzgan a los ricos, los blancos que huyen de los negros, los negros que condenan a los blancos.

Izquierda, derecha, arriba y abajo. Sea donde sea, si una persona encuentra que la mayoría de un grupo al que pertenece corrobora una noticia como cierta, ya sea por comodidad, por presión social o por afán de reconocimiento, tiende a alinearse con la opinión del grupo. Por esto, se intenta lanzar el rumor a un medio social homogéneo, captando aliados que sufren de los mismos males buscando explicar, justificar y dar significado a las emociones. Te ha pasado a ti y me ha pasado a mi. ¿Y a quien no?


Pongamos un ejemplo, de muchos…

Imagina que estás en contra del maltrato a los toros y abogas por la extinción de los eventos taurinos. Entras a alguna de tus redes sociales y ves la foto de un toro chorreando sangre y una leyenda en letra grande y roja que dice: “Injusticia”. Las posibilidades de que compartas la publicación aún sin leer el texto al que se asocia, son altísimas. Pero puede ser que detrás de esa imagen haya una noticia que dice que ayer en la tarde, enfrente de tu calle hubo una corrida de toros y que tú estabas celebrando la injuria. Has compartido una noticia falsa y, de paso, te has puesto la soga en el cuello.


Esto mismo puede pasar cuando estás a favor o en contra de cualquier otra cosa. De un partido político, de un equipo de fútbol, de una opción de vida, de la diversidad cultural, de una forma de crianza… de lo que sea.

Porque una vez experimentado un suceso como cierto, se mezcla con estados de consciencia similares anteriores que forman en conjunto una memoria general. Nuestras creencias y nuestros prejuicios filtran y sesgan la información que recibimos. Así se han creado, a lo largo de la historia, supuestas verdades que han hecho mucho daño, como mínimo a una persona. Y con eso ya es bastante.

Cuando el rumor es producto de una tensión emocional, su objetivo es aliviarla. Cuando no se conocen otras vías, el rumor protege y justifica las sensaciones incómodas, producto de esa tensión. Se busca sentirse apoyado, acogido en algo que se considera injusto o incomprensible y muchas veces se trata de huir de la propia consciencia acusadora.


La ansiedad es un buen caldo de cultivo para la propagación de rumores y esto es evidente cuando se experimenta estrés, dolor y presión mental, después de una experiencia traumática como puede ser un desastre natural o un accidente. Pero aún en esos casos dramáticos, el pensamiento crítico puede ayudar a decidir qué creer o qué hacer con la información que nos llega y esto no debería ser una opción sino una responsabilidad social.


Es verdad que muchas veces no es para tanto y que el agua hay que dejarla correr. Pero nunca sabemos cuándo ese inconsciente y en apariencia inocente “click en compartir”, puede hacer daño. Porque los rumores son poderosos y con ellos se pueden destruir relaciones, acabar con proyectos personales, poner en peligro la integridad de las personas, ocasionar caos social.

Para bien o para mal, tenemos la capacidad de racionalizar lo que sucede. No somos –o no deberíamos ser–  simples objetos receptores y transmisores de contagios, a través de enlaces que nos unen a núcleos infectados que se propagan de manera indefinida, convirtiéndonos en bastos vehículos de un rumor tras otro. Aquí la ley del menor esfuerzo es bastante cuestionable y tal vez sería más oportuno, en este caso, el “menos es más”.

Menos cantidad, más calidad…  y un poco más de responsabilidad.

3 comentarios en “Rumores y Redes… Cuando menos es más

  1. Interesante contenido como todos los tuyos, querida Maria Clara, sobretodo porque es una forma de crear consciencia, para el correcto manejo de las redes sociales cuando no se tiene experiencia suficiente en el manejo de este tipo de redes.

  2. Muy bueno este artículo, es muy importante tener cuidado con estos manejos de las redes sociales, muchas vidas se ven afectadas, y la presión acaba por afectalos en todo su entorno, yo creo que es bueno usar la “regla de oro” hacer con los otros lo que quiero que me hagan a mi, queremos pues respetar y así sucesivamente…

  3. Excelente y cierto este artículo. Las redes sociales manejadas de manera irresponsable son un peligro social

Y tú... ¿Qué piensas?

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