El Arte de la Mediación

Mediar supone dejarse la piel en favor de una resolución auténtica, es decir, que tenga sentido para las personas interesadas, quienes son las protagonistas del conflicto.

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Cuando hay, al menos, dos posiciones diferentes hacia una misma situación, resulta bastante difícil llegar a un acuerdo que beneficie a todas las partes involucradas. Tan difícil, que a veces es imposible hacerlo sin la ayuda de una tercera persona que carezca de cualquier interés en favor o en contra de nadie.

A esta tercera persona se le llama mediadora. Su trabajo, en ocasiones ha sido infravalorado y hasta mal entendido. Las posturas narcisistas, tan frecuentes en nuestros días, dificultan la apertura a otras formas de ver las mismas cosas según el lugar en el que nos ubiquemos.

La figura de la persona mediadora trasciende el simple hecho de ponerse en la mitad de un conflicto, arbitrando porque sí o dictaminado quién tiene razón y quién no la tiene, con base en creencias o pretensiones culturales, políticas, moralistas o religiosas. Por el contrario, mediar supone dejarse la piel en favor de una resolución auténtica, es decir, que tenga sentido para las personas interesadas, quienes son las protagonistas del conflicto.

En su libro “El arte de cuidar”, el profesor Agustín Domingo Moratalla propone diez claves que diferencian la actividad mediadora y las improvisadas prácticas de quienes piensan que mediar y negociar es lo mismo.


Basándome en sus palabras –algunas de las cuales transcribiré literalmente entre comillas– me dispongo a exponer estas claves:

  • Mediar no es lo mismo que interceder. Interceder supone persuadir, es decir, intervenir en una situación para modificarla. Mediar supone mostrar las implicaciones de cada una de las posiciones discordantes. Mediar e interceder aparentan ser lo mismo, pero son radicalmente diferentes.
  • Entonces mediar no es persuadir, ni convencer y mucho menos imponer. Además el mediador no resuelve un conflicto sino que genera espacios para resolverlo, posibilitando nuevas formas de comunicación.
  • Mediar es transformar los conflictos en problemas, es decir, pasar de la lucha de las partes por salvar intereses individuales, a la capacidad de diferenciarse enfrentando y tomando posición. En otras palabras, mediar supone poner las cartas sobre la mesa y, a partir de ahí , servir de puente para que se resuelva lo que tenga que resolverse.
  • El mediador se compromete en la comunicación con el objetivo de convertirse en medio, es decir, en puente para posibilitar el encuentro.
  • Mediar no es liderar.Los malos mediadores son líderes frustrados que necesitan del conflicto de las partes para adquirir una autoridad que no tienen por sí mismos”. Por el contrario, el mediador pasa desapercibido y aprende del conflicto para cumplir con su misión. El protagonista de la mediación no es el mediador sino el mismo proceso de la comunicación.
  • Mediar es facilitar el encuentro. No es impedir la comunicación o proteger a las partes del conflicto con la distancia. “En lugar de temer que la gente hable, el mediador debe ser experto en hacer hablar a la gente, en facilitar la verbalización de los conflictos para que estos se transformen en problemas”.
  • En una mediación directiva centrada en la satisfacción de intereses, la atención está enfocada en el conflicto y su resolución. En este caso, el objetivo es alcanzar acuerdos que satisfagan a las partes por medio de una hábil negociación.
  • Pero cuando la mediación es no-directiva, el objetivo no se centra en los conflictos sino en la comunicación, facilitando –y no creando– el diálogo y el encuentro.
  • No todos los problemas se resuelven con la mediación. En escenarios de víctimas y verdugos o de culpables e inocentes, la mediación se encuentra inmediatamente atrapada entre sus límites. En estos casos la mediación podría ser correcta pero no justa.
  • La mediación no sustituye a la justicia. Puede ser una buena colaboradora pero no compite por su puesto. “La mediación es un recurso que posibilita y potencia una sociedad justa

Son variadas las situaciones en que nos podemos encontrar con la necesidad de un mediador o de ser nosotros mismos mediadores, tanto en la vida personal como en la práctica profesional. Por esto es que formarnos en el arte de la mediación supone un verdadero recurso, que puede facilitar el encuentro con los demás y prevenir innecesarias disputas con sus consecuencias, algunas veces desastrosas.

Mientras quede algo por aprender, sigue teniendo sentido vivir!


Nota: Este artículo está basado en el capítulo: “El arte de la mediación: aprender a mediar para aprender a cuidar”, del libro: “El arte de cuidar: Atender, dialogar y responder”. Autor: Agustín Domingo Moratalla. Ed. RIALP. Madrid, 2013.

2 comentarios en “El Arte de la Mediación

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