La trampa de la (hiper)Responsabilidad

Estamos siendo irresponsables cuando asumimos los quehaceres cotidianos como una responsabilidad que traspasa nuestras necesidades

Hiperresponsabilidad

“Tengo que…”, “Debo hacer…”. Todo el tiempo de cada día iniciamos frases con estas palabras. También las transmitimos a los demás como si la vida consistiera en un permanente imperativo , en vez de una oportunidad para descubrir su infinita riqueza.

Pero todo va más allá de unas cuantas muletillas. Porque la responsabilidad puede ser entendida de tan diversas maneras, que en la experiencia cotidiana algunas resultan contradictorias. Estas contradicciones se reflejan en las relaciones entre padres-madres e hijo/as, entre parejas, en comunicaciones propias del ambiente laboral y, con sorprendente frecuencia, en la relación con uno mismo.


Veamos algunos momentos en los que podemos vernos inmersos/as en estas contradicciones:

  • Cuando se va de un lado para otro sin saber ni lo que se está haciendo, mientras el cuerpo  pide treguas para respirar, al menos.
  • Cuando se cae en la trampa de creer que la calidad está en producir más cantidad en menos tiempo.
  • Cuando en vez de preguntarse: “¿Cómo estás?”, se disparan toneladas de “¿Qué has hecho?”
  • Cuando, a pesar de sentirse temporalmente enfermo/a, se ignora el malestar para cumplir con los compromisos previstos, algunos francamente aplazables.
  • Cuando se insiste a niños y niñas con los deberes para que “el día de mañana sean alguien en la vida”, mientras se toma la pastilla para la depresión o la ansiedad.
  • Cuando, a pesar de haberlo hecho muy bien, es imposible descansar pensando en que se pudo hace mejor.
  • Cuando el cuidado hacia los demás no deja tiempo para el cuidado de uno mismo.
  • Cuando el inicial deseo de tener mejor salud convierte al gimnasio o a la tienda de productos dietéticos en una cárcel.
  • Cuando se trabaja duro para el futuro, hipotecando el presente en una continua lucha sin medida.
  • Cuando un hacer continuo conlleva la expectativa de recibir aprobación y cariño de aquellos a  quienes no se puede atender… por falta de tiempo!!

Con estos pocos ejemplos podemos ver que la responsabilidad es muy diferente del estrés. Y también es diferente de la culpabilidad, de la persecución, de la adicción, de la obsesión, del autoreproche. Nos damos cuenta de que responsabilidad también implica cuidado, autoestima y respeto por el propio ritmo.

En realidad, estamos siendo irresponsables cuando asumimos los quehaceres cotidianos como una obligación que traspasa nuestras necesidades y posibilidades o las de los demás. Aunque esto se relacione con tenacidad y se convierta en el orgullo del carácter,  en el lema de la empresa o en el escudo de la familia, también es una de las causas frecuentes de  insatisfacción personal así como de problemas psicológicos y psicosomáticos.

Recordemos que el conocimiento de nuestro mundo emocional es una clave certera y el contacto con nuestro cuerpo es la mejor manera de encontrar un equilibrio entre el “debo”, el “quiero” y el “puedo”. Aunque también es verdad que intentar cambiar de un momento a otro nuestros hábitos de funcionamiento resulta siendo otra montaña por escalar y posiblemente una contradicción más.

Pero prueba…

La próxima vez que te veas en esa agobiante persecución contigo mismo/a, prueba a parar un minuto para no hacer nada, que es lo más difícil. Todas las sensaciones que aparezcan en ese minuto tienen muchas cosas qué decirte. Siéntelas, escúchalas y luego, si puedes, continúa… pero llévate contigo… esta vez.

Y tú... ¿Qué piensas?

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