Cambios Felices… y Estrés!!

Los cambios traen sus consecuencias, incluso cuando se trata de cambios felices

estrés y novedad

Lo nuevo siempre gusta. Estrenar una casa, un coche o cualquier otro objeto deseado tiempo atrás. Empezar una relación amorosa, convivir, iniciar un trabajo acorde con las expectativas, irse a vivir a donde siempre se ha querido. Son momentos felices que recordamos con alegría y cariño pero que, cuando llegan, su presencia puede generar sensaciones ambivalentes. ¿Por qué?

Dicen por ahí que hay que pensar muy bien lo que se desea, porque se cumple. Al menos en mi experiencia esto ha sucedido… a veces sí, a veces no. De todas maneras no sobra el consejo porque saber lo que se quiere es una buena base para asumir, más tarde, los torbellinos emocionales que suponen las novedades.

Por supuesto que no será lo mismo enfrentar un cambio de teléfono móvil que un cambio de país o de estado civil, aunque hay quienes viven el del móvil con bastante intensidad. Pero este es un tema aparte del que hablaremos en otra ocasión.

Los cambios traen sus consecuencias, incluso cuando se trata de cambios felices. Mantengámonos un momento más en el plano de lo concreto, para comprender lo complejo. Imaginemos entonces nuestros zapatos más cómodos. Sí, muy cómodos pero el uso y el tiempo han hecho de las suyas y hay que renovar. Vamos entonces a la tienda y compramos unos que al parecer también son muy cómodos, incluso mejores. Los adquirimos con ilusión hasta que pasamos un día con ellos puestos y acabamos con dolores y ampollas en los pies. Necesitaremos un tiempo para que esos zapatos se adapten y “aprendan” a andar con nosotros.

Olvidémonos de los zapatos y centrémonos en la sensación. Seguro que más de una vez en el día pensamos que estábamos mejor con los zapatos de antes, los de siempre. Los añoramos e incluso llegamos a odiar a los nuevos zapatos que no sabemos llevar y nos arrepentimos del momento en que los elegimos. Lo que no sabemos es que, si no ha sido una verdadera equivocación que ni siquiera el tiempo pueda reparar, el día de mañana estos serán nuestros queridos zapatos viejos.

Esta es una sensación conocida por todos y todas. Cuando se trata de cambios en donde las emociones están comprometidas, las “ampollas” se perciben con algo más de fuerza, llegando a desequilibrar el orden anterior. A veces estos desequilibrios se viven con miedo o angustia y en ocasiones suponen crisis personales.

Es el caso, por ejemplo, de algunas parejas que deciden avanzar en su relación, casándose o iniciando la convivencia. Las horas consumidas en la decoración de una bonita casa no consiguen ocultar un cierto aire de tristeza, de duelo por lo que “ya no va a ser”, de miedo, de compromiso que anuncia que no todo va a ser una luna de miel. Esto es lo que no cuentan las historias de príncipes y princesas que han vivido para siempre felices sin un minuto de conflicto, ni dudas, ni pesares.

Es el caso también de los nuevos trabajos. Sucede por ejemplo, cuando se han pasado años buscándose la vida en empleos transitorios como camino para llegar a lo que se había querido. Trabajos en los que se entra y se sale sin mayor reparo porque no exigen mucho más que tiempo y energía a cambio de dinero, hasta que llega por fin la oportunidad de empezar, de desarrollar el oficio que corresponde a la vocación. En este momento las cosas se complican pues de ahí no se puede escapar tan fácilmente como antes. “Compromiso” vuelve a ser la clave.

Nuevas casas, nuevos países o ciudades, nuevas edades, nuevas actividades, nuevos proyectos que se hacen realidad, nuevo miembro en la familia, nueva y mejor situación social y/o económica, nueva vida en libertad…

Son situaciones felices y también incómodas. Traen alegrías y sensaciones de logro pero también de pérdida. Hay que pasar un tiempo de ajuste, dejar ir lo que ya no está y permitirse recibir lo desconocido.

El desequilibrio que supone es apenas comprensible y además necesario en ocasiones. Evitarlo es muy mala idea, pues tarde o temprano va a manifestarse directa o indirectamente. Aceptarlo es mejor solución, pues sólo de esa manera se podrá vivir el proceso de adaptación a lo nuevo.

Cuando la coraza del carácter permanece rígida y cuerpo y mente se contraen perjudicando la capacidad de disfrutar de lo nuevo, llega el momento de buscar ayuda. Las defensas del carácter se pueden flexibilizar, permitiendo así un adecuado funcionamiento psico-corporal, Esto permitirá vivir de una manera más distendida, pudiendo así recibir lo que viene, que seguramente trae sorpresas para disfrutar y también para asumir los procesos vitales de la manera más saludable posible.

Y tú... ¿Qué piensas?

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