Los Sonidos del Silencio

El silencio hace parte de los procesos de la vida. Hace parte del lenguaje no verbal y puede venir como una bala directa al corazón o como una suave espuma que alivia y equilibra.

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Calla, habla, ríe, llora o grita. El silencio comunica y es con frecuencia injustamente mal entendido. Todo depende de nuestra relación con él, de nuestra biografía y por tanto de nuestro carácter. Es un excelente medidor de confianza, de tensiones y de ritmos individuales y comunes.

En este mundo atropellado por la sobreinformación, el silencio tiene poco espacio. La tendencia es a llenar vacíos con palabras y sonidos aunque no digan nada, al menos nada con sentido. Y es común interrumpir a alguien con un “¿Qué te pasa?” cuando calla, aunque sea por un minuto.

Porque para alguno/as, el silencio es algo aterrador. Sucede cuando no se le ha valorado como parte del bienestar, del equilibrio necesario entre la quietud y la actividad que tan bien se refleja en la respiración.

Aprendemos a disfrutarlo o a sufrirlo desde edades muy tempranas. Cuando nuestra experiencia con el silencio ha estado solamente marcada por momentos desagradables, no podemos pretender que más tarde lo asumamos como parte de la salud. Por el contrario, su presencia tiene más que ver con la dominación, la manipulación, el miedo o la indiferencia.

Pasa en familias en las que se usa el silencio para castigar, para hacer saber a los demás que se está enfadado/a. No hace falta decirlo y enfrentar el conflicto. Precisamente se evita mientras el silencio grita su rabia.

Pasa en parejas, cuando vale más lo bueno conocido que lo malo por conocer y el silencio se convierte en cómplice de la rutina, de la monotonía que apaga hasta el amor más grande y el silencio toma la palabra: “Resignación”.

Pasa en escuelas, cuando la mejor idea que se le ocurre a alguien es enviar a un niño o a una niña al rincón de la reflexión –en su versión moderna– solo/a y por supuesto en silencio, para ver si las paredes le ayudan a aclarar qué es lo que le lleva actuar como un/a niño/a.

Pero también pasa en familias en las que el silencio hace parte natural de la vida. En parejas que se acompañan y se aman mientras disfrutan del encuentro y en escuelas donde hay espacios de tranquilidad para la elaboración de aprendizajes y experiencias compartidas.

El silencio hace parte de los procesos de la vida. Es tan necesario como el agua para la sed y siempre comunica. Hace parte del lenguaje no verbal y puede venir como una bala directa al corazón o como una suave espuma que alivia y equilibra. Hacer buen uso de él es un arte. Respetarlo en uno mismo y en los demás es imprescindible.

Propongo incluir el silencio en nuestra cotidianidad, para encontrar las diversas formas de relacionarnos, más allá de las palabras. Para desarrollar la creatividad que suplica otros lenguajes. Para completarnos y conocernos en nuestras infinitas posibilidades.

Un comentario en “Los Sonidos del Silencio

  1. Qué bueno leer estas palabras tan acertadas María Clara, gracias, por recordarnos el poder del silencio.
    Tan escaso en estos días.
    Solamente del silencio y al acallar nuestra mente, surge nuestro guía interior.
    Es allí, en ese mundo interior que todos tenemos dentro cuando descubrimos verdaderamente quienes somos y lo que necesitamos.

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