En las Buenas y… en las Malas

Un amigo o una amiga te dice que se encuentra gravemente enfermo/a, que tiene una gran pena o que a partir de una dolorosa experiencia nada en su vida podrá ser como antes. 

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Es posible que sientas justo debajo de tus pies una grieta que parte en trozos el suelo. Ese suelo que hace sólo unos minutos te contenía con total seguridad. No sabes qué decir y cualquier gesto te delata. Te sientes impotente, tal vez la vergüenza te invada, no te sale una palabra coherente… te has bloqueado.

“Bueno…”, pensarás… “ha sido la impresión de la noticia. Seguro que mañana ya sabré qué hacer”. Pero mañana viene con sus afanes, pasado mañana con sus olvidos y el fin de semana con sus distracciones. Pasan los días y tu ausencia es lo único que has sabido compartir.

No, ya sé que no te has olvidado por completo. Porque más de una vez, entre actividad y actividad te llega la imagen de este/a querido/a amigo/a y te estremeces. Tal vez cuando vas en el coche o cuando estás en la ducha o cuando intentas conciliar el sueño te acuerdas y dices: De mañana no pasa que le llame a ver cómo está.

Y aún así no llega ese mañana. ¿Por qué? ¿Porque eres mala persona? ¿Porque en realidad no quieres tanto a este/a amigo/a como pensabas? 

¡De ninguna manera! Es mucho más posible que NO SEPAS cómo gestionar las emociones que te produce esta nueva situación. Sabemos cómo celebrar un feliz cumpleaños, una boda o un nacimiento. Pero ante cualquier experiencia que amenace con la muerte –en cualquiera de sus presentaciones– nuestra sociedad occidental brilla por su analfabetismo emocional.

¿Qué decir a ese/a amigo/a enfermo/a? ¿Cómo consolar a quien atraviesa un proceso de duelo? 

Para estas preguntas tampoco hay respuestas prefabricadas. Cada situación es única y cada relación humana es particular. Pero rara vez me parece buena idea convencerse de que esa persona prefiere que no se le llame, que no se le pregunte cómo está o qué necesita y mucho menos cuando no lo ha pedido de manera explícita.

La tendencia es a alejarse, a cuidar no al amigo sino a los propios temores. 

Las defensas salen a proteger la ilusión de inmortalidad, de inmunidad, de control absoluto. El carácter se sitúa en primera fila y aporta todas las excusas necesarias para no tomar contacto. Pero aún así, de vez en cuando queda una rendija abierta que deja entrever el propio malestar ante el sufrimiento de quien queremos o de su posible pérdida.

Respuestas no hay, fórmulas tampoco. Pero intuyo que todo es más simple de lo que parece. Si pudimos pasar tanto tiempo riendo, conversando, creciendo juntos, también podríamos llorar, permanecer a su lado en silencio, apoyar… si la coraza no lo impidiera, claro está (Ver: La Coraza Caracterial y Muscular).

Negar la situación sólo aporta un alivio momentáneo. Pretender animar y animarse diciendo que no será para tanto o dedicándose a dar discursos sobre dietas y formas de vida nuevas, sólo ayudará a renunciar a la oportunidad de compartir el mucho o poco tiempo que quede.

Sinceridad parece ser mejor idea. Presencia una manera de aprender juntos a vivir lo que los nuevos acontecimientos traen. 

Compartir temores, crear actividades lúdicas que alivien los dolores, disfrutar del contacto emocional y corporal tiene más sentido y se parece más a la amistad y al amor. Estar presentes en la enfermedad o en la inminente posibilidad de muerte del/la amigo/a, así  como en los diferentes cambios que vienen en forma de tragedia o drama, es tan valioso como haber compartido los mejores momentos.

Que los miedos no te roben la oportunidad de abrazar a tus amigos en los momentos en que más te necesitan

Un comentario en “En las Buenas y… en las Malas

  1. My acertado el término “analfabetismo emocional”. Yo a menudo siento la falta de práctica a la hora de expresar lo importante, lo que sientes con intensidad con esa persona, sea agradecimiento, enfado, amor…Una cosa que me funciona es pararme a sentir lo que siento y respirarlo. Otra, cultivar la confianza de que la vida va a propiciar ese encuantro para poder expresar lo sentido. Otra, decidirme a llamarla por teléfono e intentar expresar lo que siento…es en el uso, en la práctica, donde se aprende.

Y tú... ¿Qué piensas?

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