Cuando sientes que no Importas

¿Has tenido alguna vez la sensación de no importar a nadie? ¿La imagen de que si te sucediera algo y dejaras de existir, no pasaría nada extraordinario o incluso que pocos se darían cuenta de tu ausencia?  

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Esta sensación tan frecuente no es natural. Se supone que estamos hechos para acompañamos en el camino de la vida y aunque la soledad elegida o a veces impuesta puede resultar enriquecedora, necesitamos compartir nuestras vivencias con los demás.

Y las compartimos. A pesar del aislamiento social que sufrimos gracias al modelo de vida que hemos diseñado, siempre encontramos alguna rendija para experimentar el encuentro interrelacional.

Pero aún así, el sentimiento de soledad no sólo permanece sino que muchas veces se acrecienta y llega un momento en que la insatisfacción se infla en una proporción paralela a las posibilidades de comunicación que tenemos.   

¿Qué es lo que en la vida cotidiana hace sentir a algunas personas vacías e insignificantes? 

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Ver… El miedo a la Soledad y sus Estragos
Ante la infinidad de posibles respuestas sería necesario un análisis personalizado ya que una persona puede sentirse desolada en el mismo momento y en la misma situación de otra que se  siente bien acogida. Aún así, hay algunos hábitos, mensajes sociales y modas que no parecen estar ayudando a nadie a sentirse cómodo en un ambiente cada vez más denso e impersonal. Veamos…

Hacer, hacer y hacer… 

Es la reina de la lista y la trampa más peligrosa, a mi modo de ver.  La cantidad de actividades diarias y la dinámica de hacer y hacer sin parar nos ha llevado a una especie de aislamiento general mientras nos perseguimos a nosotros/as mismos/as en un auto acoso insostenible. 

Esta actitud está perfectamente justificada con aquel mensaje social sacado de la más antigua  escuela que premia a los luchadores, a los héroes y heroínas sacrificados/as que se esfuerzan sin perder tiempo en actividades ociosas. Virtuosos/as, maravillosos/as, encantadores/as… y solos/as.

Compite y triunfarás…

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Ver… Despacio… Despacio

Las nuevas tendencias aportan un plus convirtiendo el hábito de ir por la vida con la lengua afuera en un peaje para llegar al éxito, ganado pulso a pulso entre el sobre esfuerzo y la competitividad que anula automáticamente cualquier posible relación auténtica.

Sabemos que la colaboración es infinitamente más eficaz que la competencia pero parece muy difícil de instaurar, pues si no lo fuera ya sería una obvia forma de convivir. O tal vez se necesitan perdedores para que otros puedan sentirse de vez en cuando grandes, poderosos, superiores… y tantas veces vacíos, solos e insignificantes.   

Un poquito más…  

Llegaste a la meta y te la cambiaron… un poquito más allá. Y al llegar de nuevo la volvieron a cambiar. No hay tiempo para sentir el delicioso placer del trabajo cumplido ni para reponerte de los esfuerzos, elaborar las experiencias o integrar los conocimientos. Siempre hay algo más allá por alcanzar y tú nunca serás suficiente pues siempre tendrás algo por lograr. 

 Cada vez más hábil y eficiente, con más retos, récords marcas y plusmarcas. Cada vez más esa sensación de inutilidad se aleja del sueño de cumplir unas expectativas creadas alrededor de lo que eres… “simplemente” un ser humano.

Siempre hay algo y alguien mejor…

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Ver… Dar la talla… ¿Para quien?

En la misma línea, hay que tener lo máximo y lo último pero como todo cambia nunca es suficiente. Muy pronto saldrá un objeto mejor que el que se estrenó hoy. También habrá una mujer y un hombre más guapa/o, mejor vestida/o, más simpática/o, más inteligente o con mejor cuerpo según las normas del momento. 

Así es como el ideal se aleja cada vez más de la realidad y se convierte en el enemigo que aparece burlonamente en las peores pesadillas, aún en la vigilia cuando el espejo sólo muestra la constatación de que lo que hay es lo que es. 

A quienes no les gusta esta mirada suele sucederles que el odioso espejo les devuelva una imagen de invalidez y un menor merecimiento por la atención de nadie.

Si  tienes y funcionas, vales…

Tristemente hay quienes han comprobado la realidad de esta cruel sentencia. Cuando el valor personal se vincula con la capacidad de tener y funcionar todo va muy bien mientras las posibilidades respaldan la exigencia, como una especie de dote para ser bien recibido en una comunidad. 

Pero cuando la vida da un giro y ya no se tiene ni se puede funcionar,  como por arte de magia el millón de amigos se convierte en unos cuantos contados con los dedos de la mano y las oportunidades para aparecer en la esfera pública, antes abierta de par en par, se minimizan hasta cerrarse a veces definitivamente.   

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Ver… Auto-acoso… Más allá del pensamiento

Estas personas se preguntarán a menudo si en realidad importan. Y yo me pregunto lo mismo…  ¿Importan?…

¿Por qué alguien va a creer que importa en un entorno que por activa y por pasiva le está transmitiendo lo contrario?

Y además… 

¿Si uno no le importa a nadie, para qué tomarse el trabajo de llegar a tiempo a los sitios, cumplir los compromisos, contar con los demás?

¿Para qué participar, opinar, proponer?

¿Para qué desarrollarse, crecer, evolucionar?

Cuesta convencer a quien se percibe poco o nada importante para los demás, de que a pesar de todo y sea como sea tiene un valor incalculable como persona que habita en el mundo aquí y ahora.  

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Ver… La Coraza Caracterial y Muscular

Por eso en vez de convencer, aconsejar, cambiar consciencias, a mi parecer existe una opción  más respetuosa. Consiste en acompañar a quien siente vacío, inutilidad o invalidez a encontrar SU propia consciencia, SU manera de estar mejor, transformando su mundo interno a través del íntimo encuentro consigo mismo. 

Para esto no es suficiente con hablar y escuchar. Hace falta recuperar el contacto con las emociones a través del cuerpo que conoce la ruta hacia lo que hay más allá del carácter, de las defensas que impiden gestionar las relaciones de una manera flexible y natural. 

Con esta opción –fundamental en la Psicoterapia Caracteroanalítica– no va a cambiar al menos de inmediato el mundo que presiona, oprime y exige. Pero sí podrá cambiar la manera de reaccionar a sus mandatos y al conocerse cambiará también la imagen de sí mismo, fortaleciendo una identidad debilitada por los reiterados maltratos cotidianos y abriendo puertas hacia las diversas posibilidades en el encuentro con los demás. 

Conocerse, fortalecerse desde adentro y de verdad, investigar en uno mismo y tomar posiciones activas frente a lo que sucede es la mejor manera de  crear otra forma de estar en un mundo que sí, se puede mejorar. 

Y tú... ¿Qué piensas?

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