De Purismos y Realidades

¿Qué es lo que hay que hacer? ¿Cómo hay que vivir? ¿Qué es verdad y qué no lo es?

¿Qué es lo que hay que hacer? ¿Cómo hay que vivir? ¿Qué es verdad y qué no lo es?

El mundo va tan de prisa que todo tiene tintes de carácter urgente. Ya es difícil hasta sentarse un par de horas a leer un libro o a confirmar si la información recibida tiene algún fundamento. Así, consumimos teorías que condicionan hasta nuestros asuntos más personales y las damos por ciertas sin más.

Teorías aún vigentes pero que con el paso del tiempo se re-crean, a veces para ser actualizadas y ajustadas a las nuevas realidades, lo cual es necesario y se agradece. Pero en otras ocasiones se convierten en algo muy diferente o incluso opuesto a lo que en un principio quisieron decir.Teorías tergiversadas por interpretaciones equivocadas o por la deliberada instrumentalización a favor de cualquier tipo de interés personal, ideológico, económico, político… teorías que en su más fiel versión han aportado algo o mucho, mientras el sucedáneo puede acabar siendo un verdadero sinsentido.

Y entonces con tantas prisas, por no decir pereza, poco se lee y poco se va a las fuentes. Y así es como se repiten supuestas verdades incuestionables, sin saber ni de donde vienen.

Hubo un señor que hace poco más de 100 años describió cómo el cuerpo refleja en los bloqueos musculares la biografía emocional. Habló de la energía vital, de la economía energética, de la coraza caracterial, de las nefastas consecuencias de la educación autoritaria o de la represión sexual en la salud física y psicológica.Médico y científico con base psicoanalítica, se pasó la vida investigando, comprobando y publicando complejos descubrimientos, dejándonos una extensa y hermosa obra en la que algunos/as hemos basado nuestra labor profesional. Wilhelm Reich, se llamaba.

Aún ahora hay quienes se dedican a a repetir sin ningún tipo de reparo ni conocimiento todas las difamaciones a su alrededor. Se le ha dicho delirante, rojo, obseso sexual, paranoico. La plaga emocional, como él mismo la llamó, consiguió destrozar parte de su trabajo pero nunca pudo destruir sus fundamentos, gracias también al compromiso de sus continuadores que no sólo mantienen sino que ajustan a la realidad presente una teoría que se mantiene viva y pulsante, a pesar de todo.

Por supuesto, hay quienes amparados en el nombre de Reich pretenden ya no desprestigiar sino seguir sus lineamientos como si se tratara de una religión. Y estos dos extremos resultan tan perversos que en sí mismos son contradictorios con un movimiento que precisamente surgió como alternativa al sometimiento y a la represión.

Pero ésto no ha sucedido sólo con Reich. Complejos paradigmas se despedazan en trozos para argumentar una ideología u otra. Hay para todos los gustos pero vamos a hablar de dos en concreto:

Por la misma época Jhon Bowlby, Psicólogo, Médico y Psicoanalista estudió los entresijos del desarrollo emocional en la infancia y aportó un gran legado sobre la importancia del vínculo en los primeros años de la vida. Su trabajo, especialmente en lo que se refiere a la Teoría del Apego, nos ha dado luces sobre la necesidad de una relación segura con al menos un cuidador principal durante los primeros años, en función de un desarrollo social y emocional satisfactorio.

Actualmente se siguen editando sus libros por lo que no es difícil encontrarlos. Tal vez, lo que no hay es tiempo para leerlos pues son bastante extensos pero si uno quiere opinar, ocupar tiempo en documentarse no debería ser opcional.

Porque no falta quien hable de la Teoría del Apego sin tener ni idea de qué va. Aquí los extremos son tan evidentes que sirven como ejemplos claros de lo que quiero transmitir en este escrito.

Los fans más puristas interpretan que para un adecuado desarrollo infantil, durante 5 años hay que estar 24 horas encima del niño o de la niña, esperando a ver cuándo necesita mamar, jugar, comer o ser abrazado/a. Y si no se le da lo que pide al momento sufrirá graves traumas irreparables en su desarrollo infantil.

Los detractores más acérrimos opinan que las madres son víctimas de la Teoría del Apego, que las obliga a dejarlo todo para cuidar de un hijo que podría apañárselas sin tanto rollo mientras ellas van al trabajo, al gimnasio o a vivir su vida porque para eso son mujeres y no sólo madres.

Y entre uno y el otro extremo sólo queda la confusión, la angustia, la rabia…

Madres ansiosas por no llegar, que se sienten incapaces de responder, culpables por no poder mientras piensan que las demás sí lo hacen “bien”.

Mujeres trabajadoras que quieren o necesitan continuar con sus trabajos compaginándolos con la maternidad, pero que no encuentran ningún apoyo en la conciliación familiar, personal y laboral.

Hombres que desean participar del embarazo, el parto y la crianza pero no se consideran útiles pues no conocen sus importantes funciones en el proceso.

Madres y padres que desean “hacerlo bien” mientras sienten que con estas referencias, hasta hacerlo “medio bien” resulta humanamente imposible.

Lo que ni unos ni otros parecen saber es que J. Bowlby nunca dijo que había que encerrarse en casa cuando se tiene un hijo, ni que la madre es la única responsable de la crianza y mucho menos que el padre esté excluido del proceso de desarrollo de su hijo/a.Estas son interpretaciones que circulan sin ningún fundamento y que lo único que hacen es contribuir al sufrimiento de las familias.

Bowlby habla de figura vincular y no de madre aunque obviamente la incluya y si es la madre la figura vincular principal, tampoco es pecado. Habla de apego y no de dependencia compulsiva. Habla de bebé y no de objeto de consumo. Habla de niño/a y no de muñeco de porcelana. Y habla también de la opción de no tener hijos si uno no se siente con el deseo de transformarse dando presencia, cuerpo y afecto.

Otro que también debe estar retorciéndose en su tumba, si esto es posible,  es Samuel Hahnemann. Mucho antes de Reich y de Bowlby, en 1755 Hahnemann nacía en Alemania y antes de los 25 años ya era químico y médico. Investigó, creó y publicó las bases de una alternativa a la medicina alopática llamada “Homeopatía”.

Estoy segura de que a nadie le resulta desconocido el nombre “Homeopatía”. Y después del nombre… ¿qué sabemos?

De 1755 a nuestros días hay mucho camino andado y lo más bonito que escuchamos es que la homeopatía es agua con azúcar. Actualmente estamos a un paso de ser privados en España de sus beneficios o salvados de sus indeseables efectos, depende de quién opine.

¿Y quién opina? Tal vez parezca suficiente la información que llega por medio de las redes sociales o por las noticias de nuestro  canal de televisión preferido. Después de esto sólo queda repetir y repetir… “agua con azúcar”… “pseudociencia”… “placebo”…

Se piensa que…

Homeopatía = medicina natural = medicina china = aromaterapia = osteopatía = terapia floral = acupuntura = flores de Bach = ESTAFA!!

No, no es lo mismo una que otra y prácticamente nada es reprochable… salvo la estafa. A mi personalmente me gustaría poder elegir sin restricciones y sin necesidad de tener que acudir a Francia o a Alemania para adquirir los productos farmacéuticos con los que consciente y libremente decido gestionar mi salud.

Y claro está, no falta quién lo saque todo de contexto para afirmar que según investigaciones (no contrastadas), se ha enterado de que la homeopatía o cualquier otra medicina alternativa dicen curar todas las enfermedades habidas y por haber, a base de pastillitas dulces sin nada, cuando no de zanahorias o lechugas.

Mientras tanto hay 273 años detrás para conocer, miles de médicos especializados que siguen estudiando e investigando (ver), países desarrollados y en vías de desarrollo que reconocen la homeopatía como opción e incluso algunos que la incluyen en sus programas de salud pública, al alcance de todos según sus preferencias y necesidades.

La teorías no son armas de guerra ni religiones pero a veces funcionan como tales. Las interpretaciones que en cada momento se hace de ellas les convierte en fuentes de conocimiento para avanzar o en estrategias para detener el progreso en función de otros intereses que nada tienen que ver con la salud.

Si somos capaces de sentirnos parte de este momento social y no sólo consumidores de noticias, podremos tomar posiciones autónomas y responsables, elegir con libertad y por supuesto debatir abiertamente mientras respetamos las opciones divergentes, porque la salud no debería ser objeto de lucha sino derecho de todos y de todas.

Y tú... ¿Qué piensas?

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