Trampas en Soledad

Y ahí está la trampa de la soledad, o más bien de la manera como la disfrutamos o la padecemos. La trampa está en ese “cuanto antes” que casi siempre significa “antes de tiempo”

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Imagen de analogicus

La soledad tiene sus leales seguidores y también sus más fervientes opositores. Cada quien la concibe desde su punto de vista, pues tiene un amplio significado. 

Según la experiencia individual, soledad denota liberación o tristeza, autonomía o encierro, ligereza o pesadumbre, apertura o limitación. En fin, cuando escuchamos esta palabra se nos iluminan los ojos o, por el contrario, alguna lágrima cae por sorpresa.  

Porque hay soledades que alivian y refrescan. Pero también están las que agotan el optimismo ante la promesa de que las cosas cambiarán algún día y a la esperanza cansada le sigue la urgencia por pasar a otra cosa cuanto antes.

Y ahí está la trampa de la soledad, o más bien de la manera como la disfrutamos o la padecemos. La trampa está en ese cuanto antes, que casi siempre significa antes de tiempo

Me siento triste y cuanto antes tengo que ponerme feliz… Lo dejé con mi novio/a y cuanto antes tengo que encontrar otro/a… Me equivoqué de carrera y cuanto antes tengo que decidir por otra…  Subí de peso y cuanto antes tengo que bajarlo… Perdí el camino y cuanto antes tengo que recuperarlo…

Nos gusta imaginar que tenemos el mando, el control racional de los acontecimientos. Pero esto sucede en muy contadas ocasiones y la realidad es que la vida fluye… si es que lo permitimos… y lo único que hace falta es arriesgarnos a estar presentes en ella. 

Mientras esto sucede, vamos dando algún que otro paso en falso intentando correr hacia adelante o hacia donde sea con tal de no pasar por las incomodidades del vacío, la espera, el duelo, la incertidumbre. 

Tropezando con la misma Piedra

¿Qué imán tengo yo para atraer siempre lo peor? se preguntan algunas personas desesperadas por situaciones insostenibles, en las que la vida pareciera significar todo lo contrario a lo vital

Y así es como se acaban experimentando este tipo de vivencias, entre muchos otros ejemplos: 

Relaciones tóxicas de pareja

¿Cómo llegaste hasta aquí? Haciendo memoria, tal vez descubras que entraste en esta relación en un momento de debilidad, después de una decepción amorosa o de una pérdida afectiva que nunca resolviste.

O tal vez te metiste aquí harto/a de la soledad mientras el miedo te atosigaba con su lamentable copla… nadie te querrá nunca maaas. 

Y ahora que no deseas esta insatisfactoria relación presente, la expectativa de la soledad te abruma y se convierte en una montaña cuesta arriba, imposible de escalar. 

Ansiedad en el entorno social

¿Y si nadie te pone un me gusta en tu publicación de Facebook? Tal vez sientas que no existes, que no interesas, que todos y todas son mejores que tú. 

Te sientes solo/a y entonces te dedicas compulsivamente a probar uno y otro contenido y cuando suena la flauta te sabe a poco, hasta que te das cuenta de que acabaste convirtiéndote en un/a adicto/a al reconocimiento social.

Y cuando sales a la calle para mantener relaciones directas y por lo tanto más reales, ya no sabes ni cómo actuar.

Apegos antiguos y no actualizados

¿Aún quieres, necesitas, te aporta esta persona, grupo o situación? En algún momento así lo fue, pero la costumbre y la inercia hicieron que llegara a un punto muerto. 

Sin embargo, prescindir de sus estímulos en este momento te envía directo al rincón de la soledad y prefieres mantener al menos la costumbre, aunque no te signifique nada. 

Mover, revivir, actualizar los vínculos o despedirte no está en tus planes pues el riesgo de quedarte solo/a es un coste que no estás dispuesto/a a asumir.

El miedo a la Soledad y sus Estragos

En cualquiera de sus formas, el miedo a la soledad condiciona los comportamientos, las actitudes, las elecciones y hasta la percepción del mundo que nos rodea. Cuando la base es el miedo, la equivocación suele permanecer a su lado

Y así es como se repiten los fracasos, a veces en las relaciones personales, otras veces en los trabajos, en los proyectos o en las opciones de vida y siempre en la elección que se hace con este criterio: Todo vale, excepto quedarme solo/a

La soledad no es siempre bonita. Y creo que es realmente fea cuando ni siquiera es elegida voluntariamente. No voy ahora a soltarte el discurso en plan gurú sobre las lecciones que vienen junto con las adversidades, pues si hace falta de eso se da uno cuenta más tarde y sin que nadie se lo diga.

Pero si de verdad quieres ganar tiempo, lo que sí vale la pena es aprovechar cada momento de intensidad en la vida emocional –incluyendo las crisis y las soledades– para descubrir quién es uno en realidad más allá de los miedos, de las ansiedades y de los rasgos del carácter. 

Tal vez así esa temporada en soledad –porque es temporal aunque no lo creas– acabe teniendo sentido después de todo.

Tal vez algún día recordarás estos momentos con cierta complicidad hacia ti mismo/a, cuando experimentes nuevas vivencias en compañía de aquel, aquella o aquello que refleje tu alegría ante la oportunidad de compartir lo mejor de ti… después de la soledad.

Un comentario en “Trampas en Soledad

  1. A pesar de tener tantos ‘amigos’ (¡uso de la palabra cuestionable, por desvalorar el verdadero significado de ‘tener un amigo’ !) en las redes … muchos se sienten ‘solos’. Es que confundimos ‘ser comunicados’ con ‘tener verdaderas relaciones’…

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