Agotamiento Psicológico – La Sociedad del Cansancio

Se acabó el fin de semana… terminaron las vacaciones. Más cortas o más largas, la sensación de cansancio sigue siendo monumental y te sientes como si te hubiera pasado un camión por encima. Pero no, no puedes parar. Hay tantas cosas por hacer…

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Imagen de annca

Mientras das tumbos entre emails, cosas de casa, audios de whatsapp, loncheras de los niños y elección de atuendo para esta larga jornada, fantaseas con que los días tuvieran 8 o 10 horas más. Así tal vez podrías hacerte una siesta en la tarde o tal vez ir al masajista. 

¿En serio? ¿Crees que si los días fueran más largos te daría tiempo para todo? Permíteme que lo ponga en duda. 

Estrés, depresión, ansiedad, burnout… insomnio, irritabilidad, falta de sentido… bloqueo emocional, conflictos de pareja, incapacidad de amar… son sólo algunos de los motivos que impulsan a solicitar mi atención como Psicóloga en Dénia y en Valencia

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Enfermedades de la vida moderna que algunas veces se ignoran hasta que nos dan un buen susto. Resultados de la coraza del carácter individual y social, que nos pone cada trampa haciéndonos creer interesantes y libres mientras nos van destruyendo en la carrera por lograr el máximo rendimiento a toda costa, en un ambiente de feroz competitividad con uno mismo y con los demás.

En esta guerra personal, la carencia de vínculos profundos se encuentra a sus anchas. El aislamiento social y el uso de los demás como instrumento, se convierten en el contexto ideal para el rendimiento, hasta que la gota rebosa el vaso y levantarse de la cama resulta imposible, como no sea para correr a urgencias con la esperanza de descubrir por qué el cuerpo y la mente han dejado de funcionar correctamente. 

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Ver también:  Auto-acoso… Más allá del  pensamiento

La depresión por ejemplo, es una de las consecuencias de nuestra sociedad del cansancio y una de sus causas es la presión por el rendimiento que deriva en el llamado Síndrome de Desgaste Ocupacional

Como diría el sociólogo francés Alain Ehrenberg: 

“El síndrome de desgaste ocupacional no pone de manifiesto un sí mismo agotado, sino más bien un alma agotada, quemada” […] “El sujeto de rendimiento se encuentra en guerra consigo mismo y el depresivo es el inválido de esta guerra interiorizada”

O sea que ya no hace falta que nos exploten porque para eso ya estamos nosotros mismos. Actuamos como explotadores y explotados, víctimas y verdugos en un afán de perpetua superación, arrastrando a nuestros niños y niñas al abismo de la hiperactividad entre extensas jornadas de estudio y actividades extraescolares (algunas de ellas francamente innecesarias) con la ilusión de situarlos en el más alto estatus del rendimiento extremo y si hay que atiborralos de pastillas para todo, pues eso se hará que para eso están.

En este bucle nos hemos metido. En la ilusión de pensar que entre más activos, más libres somos

Detenerse entonces parece imposible. No es raro que en este torbellino aparezcan los síntomas del desgaste ocupacional los fines de semana o en tiempos de vacaciones. El contacto con el vacío produce vértigo y el real encuentro con uno mismo, terror.

Leer La Neurosis del Domingo – Del Vacío al Autoconocimiento

En realidad creo que estamos haciendo el tonto. Estoy convencida de que cuando uno es capaz de ir por la vida a un ritmo sensato, mejora no sólo la salud física y psicológica sino también la productividad. 

Nietzsche, en su obra El ocaso de los ídolos dice una frase que merece estar en el tablón donde apuntamos la lista de la compra y otros asuntos pendientes:

“Hay que aprender a mirar, a pensar, y a hablar y escribir. El objetivo de este aprender es la “cultura superior”. Aprender a mirar significa acostumbrar al ojo a mirar con calma y con paciencia, a dejar que las cosas se acerquen al ojo, es decir, educar el ojo para una profunda y contemplativa atención, para una mirada larga y pausada. Uno tiene que aprender a no responder inmediatamente a un impulso sino a controlar los instintos que inhiben y ponen término a las cosas”.

Porque aún cuando nos comportemos como tales, no somos máquinas de rendimiento. Nos emocionamos, nos duelen y nos alegran los sucesos. Hay días en que estamos a tope de energía y hay otros en que lo mejor es bajar el ritmo. 

Lo que produce cansancio y agotamiento excesivos no es el trabajo, que llega a percibirse como algo maldito cuando el placer y la creatividad brillan por su ausencia. Lo que cansa es esa compulsión a hacer, hacer y hacer sin sentido y sin amor.

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Ver también: El Trabajo… ¿Una Maldición?

No quiero decir que no podamos cansarnos. Hay cansancios deliciosos que nada tienen que ver con ese agotamiento, consecuencia de la presión por el rendimiento. Ese cansancio  por el trabajo bien hecho, por una mañana de excursión en buena compañía, el cansancio del cuerpo en gozoso movimiento. Qué diferente… ¿no?

Ese cansancio rico que nos permite entregarnos a una buena siesta no tiene nada que ver con el agotamiento psíquico, ni con el exceso de rendimiento que provoca un infarto del alma, como dice Byung-Chul Han en su libro La Sociedad del Cansancio:

Somos zombis de la salud y del fitness, zombis del rendimiento y del bótox. De este modo, hoy estamos demasiado muertos como para vivir y somos demasiado vitales como para morir. 

El agotamiento psíquico es un cansancio violento que aísla, destruye, incapacita, enferma y mata… aunque hoy, de momento estamos vivos y por lo tanto a tiempo…


Nota: Este escrito ha sido inspirado en la lectura de: “La Sociedad del Cansancio” de Byung-Chul Han. Ver esta y otras referencias bibliográficas en la  biblioteca psicológica.

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María Clara Ruiz – Psicóloga