¿Soy una buena Compañía?

¿Soy una buena compañía? nos preguntamos cuando las reacciones de los demás –o los vacíos de la indiferencia– nos desconciertan

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Imagen de Pexels

Con cada día llega una nueva oportunidad para encontrarnos. Las vacaciones, esos ratitos de los fines de semana, cuando aprietan los sinsabores de la vida o cuando los tiempos de alegría nos liberan… siempre nos las arreglamos para comunicar, ya sea cuerpo a cuerpo o en el espacio virtual.

A no ser que haya alguna dificultad que nos lo impida, la mayoría de nosotros intentamos  darlo todo y por descontado está que hacemos lo que mejor podemos, en especial cuando nos damos a quienes conforman nuestro mundo afectivo por amor, cercanía, compromiso, responsabilidad… o todo esto junto.

Se me ocurren unas cuantas cuestiones que pueden ayudar a reflexionar sobre esto de acompañarnos para así conocernos mejor y… ¿por qué no?… enriquecer nuestras relaciones si deseamos aportarles calidad.

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¿Damos lo que el o ella necesita? o tal vez…  ¿lo que necesitamos dar?

A veces nos convencemos de que las atenciones que damos a los demás son también deseables para ellos, aunque el resultado sea precisamente el opuesto.

Y no es que no valgan las sorpresas… ¿Por qué no dar algo de nosotros, simplemente porque lo deseamos? 

Pero acompañar también es contar con los demás y un buen detalle sería preguntarnos –e incluso a veces preguntar– si con esto estamos nutriendo o por el contrario atiborrando con algo que el/la otro/a no desea ni necesita recibir. 

¿Y dónde está tu límite?

Cuando pasamos más tiempo pensando en lo que necesita otra persona que en contacto con nuestras posibilidades, es fácil caer en la trampa de estar aunque no queramos, de dar aunque no podamos.  

Está claro que uno no puede dar lo que no tiene, ya sea energía, tiempo, dinero, atención, amor. Es común percibir la consciencia de los propios límites como un acto de egoísmo y eso es lo último que queremos que se piense de nosotros. 

Pero en realidad, estar en contacto con nuestras limitadas posibilidades y además permitirnos expresarlas, es ante todo una muestra de amor que tarde o temprano se agradece.  

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La eterna Presencia

En ocasiones pensamos que por pasar más tiempo físico al lado de alguien, mejor compañía somos. Que por mantener el control de sus movimientos, mejor funcionará la relación. Que si no estamos siempre visibles, nuestro/a hijo/a, pareja, amigo/a sentirá nuestra ausencia como un abandono o peor aún… ¡Nos olvidará!

De esta forma, más de una vez nuestra presencia resultará más bien innecesaria, porque al no poder distanciarnos poca energía nos quedará para ofrecer, como no sea la que obtenemos precisamente de esa persona a quien queremos tanto, hasta que la asfixia emocional entre los dos avisa que hay que ventilarse un poco.

Cuando el Silencio acompaña

También es común creer que cuanto más ruido hacemos mejor acompañados/as estamos. Permíteme dudar de esta afirmación tan generalizada.

Los discursos más interesantes, las risas más sonoras, las bromas más graciosas, las canciones más románticas… así como acarician, calman y alegran también pueden agobiar, sobre todo cuando interfieren con los sonidos del silencio. 

Y esto vale tanto para la comunicación en casa con los más allegados como para la comunicación virtual que parece no tener límites entre chats, redes e incontables recursos de interacción. 

Porque en algunos momentos, el silencio es el mejor regalo que podemos dar a quien realmente nos importa. 

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Leer… Los Sonidos del  Silencio

¿Y cómo acompañar a quien vive un Duelo?

Las experiencias de duelo son posiblemente las más difíciles de acompañar. Cuando cualquier cosa que se dice es insuficiente, cuando vemos a esa persona sumida en el dolor, es comprensible que la impotencia nos invada pues quisiéramos hacer más pero no sabemos ni qué ni cómo

Con frecuencia se nos olvida que acompañar a alguien en su duelo –como en otros procesos de la vida– poco tiene que ver con inducir o presionar y que casi siempre es suficiente con “estar”. 

Parece fácil pero resulta un verdadero reto “simplemente estar” cuando nuestros hábitos tienen más que ver con lo contrario. En realidad nadie nos está pidiendo actos heroicos de ninguna batalla… y si nos lo pidieran siempre podríamos negarnos.  

Es sensato y amoroso este deseo de ser una buena compañía. El contacto y el reconocimiento de nuestras posibilidades nos mostrarán la ruta, ya que no es posible amar lo que no se conoce y este camino empieza adentro para, desde ahí, poder entregar lo mejor a los demás 

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