Duelo y Bloqueo Emocional – ¿Dónde están mis Sentimientos?

En esta historia tan ficticia como real, podemos ver la experiencia de un duelo no elaborado por causa del Bloqueo Emocional que impide la expresión de las emociones, y a veces incluso su consciencia

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Esta apatía… este no sentir nada, ni tristeza, ni alegría, ni sosiego, ni ansiedad. Este sinsentido en la cárcel de una vida que pasa entre relojes casi inmóviles. 

Gestos preocupados me reclaman la vitalidad de otros tiempos. Las risas que llenaban los silencios y aplacaban los enfados. Antes todo iba sobre ruedas. Algo pasó, ya no me acuerdo. Sólo el grito de terror ante una noticia que no alcancé a asimilar del todo. 

Voy a un grupo de autoapoyo, de esos para gente en duelo. A mi, más que personas me parecen más bien restos de uno que otro descolgado de la vida. Voy, pero no estoy. Voy para que me dejen en paz. 

Siento envidia de aquellos que llegan puntualmente, llenos de sueños para contar y lágrimas para llorar. Yo sólo tengo pesadillas y memoria no me sobra. Sólo recuerdo el grito de estas noches, despertándome con un sobresalto aterrador. Mi ojos secos, rojos, paralizados.

Se fue. Me dejó. Y no se despidió. ¿Acaso importa?… ¿Acaso importo?

La soledad me hiela desde siempre. No recuerdo un momento de mi vida en que alguien se haya tomado algo de tiempo para abrigarme el alma con abrazos creados sólo para mi. Pero ya te digo, de memoria no voy bien. 

Se fue sin despedirse. Si hubiera podido, hubiera dicho adiós. Era tan detallista, inteligente, elegante… tan amable… tan todo lo que yo no soy. 

Siento rabia y la apago. Siento pena y la asfixio. Siento nada y me muero ¿Cómo sentir? ¡No tengo derecho! Es verdad que soñé con su muerte muchas veces. Me ahogaba su existencia por momentos… ¿La maté? 

El grupo de autoapoyo me acompaña sin saberlo. Esta de allá… ¿cómo se llama? y este de la esquina, que tan amablemente me saluda. Ellos sienten por mi. Sienten rabia, sienten pena, sienten miedo, sienten culpa, sienten, sienten, sienten y además expresan… Sienten su duelo y el mío… y yo sólo siento mi ausencia de aflicción. 

Esta no es la primera vez que la vida me desaira. Con el tiempo he creado un caparazón tan grueso que hoy, cuando daría lo que fuera por un llanto o por grito, mis emociones han quedado suspendidas en mi árido desierto. Y ya nada me importa, ya nada significa nada.

— ¡Qué bien! Me dice el de mi lado. — No sufres como yo. 

Le miro indiferente, me finjo impenetrable y mi coraza abre un abismo entre los dos. Quisiera derrumbarme entre los brazos de aquel desconocido pero sólo sale de mi un orgullo herido y digo:

— ¿Para qué? No es para tanto. Este mundo es para los valientes, no para los lloricas.

Me doy la vuelta y pienso:

— Si sólo pudiera sentir una décima parte de lo que siente él…  si sólo saliera de mi el más mínimo gemido…

¿Pedir ayuda yo? ¡De eso ni hablar! Si mi mala memoria no me engaña, la única vez que me creí ese cuento salí tan escaldada que todo acabó en un “nunca jamás”

Me ofrecen consuelo, me llaman, me visitan. Van y vienen mensajes con frases de cajón… aunque para ser justos, algunas son originales y si vamos más allá podrían parecer hasta sinceras. Pero… ¿por qué voy a confiar yo?

En cambio les evito. Me sacudo como polvo la ilusión de su presencia. Apuesto a que viene llena de reproches y críticas, de haz esto o aquello, de lástima, de un alto precio oscuro. Me voy, me alejo. No contesto. 

Mañana sería su cumpleaños. Tendríamos una fiesta, iríamos al campo, soñaríamos futuros, beberíamos risas, lucharíamos con los cojines del salón. 

El grupo de autoapoyo me confronta. Podría ser yo quien dice estas palabras: gracias, ayuda, bienvenida, adiós. 

Pero no soy yo, aunque últimamente alguno logra sacar de mi algo parecido a una sonrisa y me pegunto:

— ¿Donde están mis sentimientos? Se fue, ya no está. Hay pena, deseo, anhelo, rabia, desconcierto. Lo sé pero no lo siento. ¿Y si lo sintiera?

Si sintiera se derrumbaría mi impenetrable mundo. Tal vez tendría que cambiar de máscara. Se abriría algo en mi y me haría vulnerable… ¿Dejaría de amarle?… ¿Le olvidaría?… ¡Eso no me lo puedo permitir!… ¿Y si puedo vivir sin olvidar, pero seguir viviendo?… ¿Y si sigo viviendo y lo compruebo?…

Voy a decir que sí, sólo por salir de este aburrimiento, sólo por desconcertar al enemigo. Voy a decir que sí… y empiezo a hablar… y luego alguien posa su mano encima de la mía… y luego digo y luego grito y luego lloro… y respiro. Y luego me doy cuenta que no llegó el olvido. Y me calmo… Y luego siento paz. ¿Y luego?… 

Y luego… la vida ya dirá


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