Cruzando Fronteras‚Ķ Historias Migrantes

Así que he disfrutado de unos cuantos privilegios durante mi proceso migratorio. Pero con todo, has de saber que no fue un camino de rosas, como tampoco ha sido la vida para ti, ni para nadie

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Imagen de Gordon Johnson

Poco falta para que el mundo celebre el d√≠a de las personas migrantes. Me incluyo y gracias. Este a√Īo cae viernes, as√≠ que seguramente estar√© terminando la semana de trabajo, definiendo mis actividades para el fin de semana, hablando un par de horas (o tres) por tel√©fono con mi gente en la distancia‚Ķ en fin, lo de casi todos los viernes: cerrar, abrir, descansar, re√≠r, imaginar‚Ķ

Seguramente ese d√≠a, 18 de Diciembre, un pensamiento m√°s llenar√° mi coraz√≥n y es el de la inmensa cantidad de personas que no descansar√°n del trabajo, porque no lo tienen, que no esperan nada del fin de semana y que no tendr√°n tres horas libres para re√≠r con nadie, ni siquiera por tel√©fono. 

Lo que s√≠ har√°n, como yo, ser√° imaginar. Pero no pensar√°n en la ma√Īana del s√°bado escribiendo, paseando o descansando, So√Īar√°n, por ejemplo, con las oportunidades que vendr√°n o tal vez reafirmar√°n el sentido de arriesgar su vida para llegar hasta aqu√≠‚Ķ¬Ņacaso hab√≠a algo que perder?

Por esto, cuando hablo de inmigración en primera persona, siento que no tengo motivos para quejarme, ya que mi peor momento como inmigrante nunca será comparable, por ejemplo, con el que está viviendo la mujer de Guinea Conakri que perdió a su bebé ahogado en el mediterráneo hace pocas semanas. (Ver)

Y no. Yo no tengo esos motivos. Mi integridad f√≠sica se mantuvo a salvo en todo momento del trayecto y la √ļnica herida la sufri√≥ mi maleta en una escala en Nueva York, cuando un agente decidi√≥ meter cuchilla en su interior como gesto de seguridad nacional. 

Por lo demás, mis motivos para emigrar no tuvieron que ver con el hambre o la pobreza. Mi opción fue libre y voluntaria y no escapaba de nada ni de nadie. A veces ya me cuesta decidir de donde soy… y casi siempre me sobra la pregunta.

Así que he disfrutado de unos cuantos privilegios durante mi proceso migratorio. Pero con todo, has de saber que no fue un camino de rosas, como tampoco ha sido la vida para ti, ni para nadie.

Tocó abrirse camino sin contactos, apellidos, trayectoria conocida. Entonces, tocó empezar de cero. Tocó tirar de creatividad hasta romper los límites. Tocó llorar la injusta muerte de la abuela en la distancia, pasar infinidad de horas solitarias y esperar la paz después de la resaca de días francamente estériles, en los que pasado, presente y futuro parecían haberse emborrachado con el agua del Atlántico.

Toc√≥ pasar una noche entera haciendo cola para dejar de ser una indocumentada y para que 20 horas despu√©s me cerraran la puerta en las narices. Toc√≥ pasar entonces otras 20, hasta que la suerte quiso que fuera yo la √ļltima en entrar a la oficina de inmigraci√≥n, aquel d√≠a en un g√©lido invierno, de los de antes.

¬ŅSolo 20 horas?‚Ķ preguntar√°n inmigrantes que hoy esperan por meses una primera cita para regularizar su situaci√≥n, muchas veces pasando antes por caja para alimentar a mafias dedicadas a aprovecharse de la necesidad. (Ver)

Tocó… y a veces toca escuchar absurdos comentarios, que hoy más que pena me dan risa, aunque traen tela… Te invito a recordar conmigo algunas perlas:

Cuando pocos d√≠as despu√©s de aterrizar, una persona con aparente refinada cultura y ganas de parecer buen anfitriona me pregunta: 

¬ŅC√≥mo te han parecido los zapatos?  Y ante mi confuso gesto aclara: Es que como all√°, en tu pa√≠s van todos descalzos o con alpargatas‚Ķ ūüė≥

Cuando por despistada, acab√© en una estaci√≥n de tren en Barcelona, a 200 km. de mi destino planeado, sin dinero y a√ļn sin tel√©fonos m√≥viles. Con la ingenuidad que me caracterizaba, entr√© a la oficina de ‚Äúatenci√≥n al viajero‚ÄĚ y cont√© lo que me hab√≠a sucedido, esperando ayuda. Mis esperanzas se difuminaron cuando escucharon mis o√≠dos: 

Como siempre, los inmigrantes viniendo a Espa√Īa a viajar gratis. ūüėĪ

Cuando un par de a√Īos despu√©s, ya sabi√©ndome las rutas de autobuses en Valencia, las del metro en Barcelona, todas las canciones de Sabina y alguna que otra palabra en catal√°n, alg√ļn listo se plant√≥ en mi paraeta de artesan√≠a en Catalunya y con su esp√≠ritu de empresa, me ‚Äúilumin√≥‚ÄĚ diciendo: 

Con el tiempo que pasas aqu√≠ vendiendo tonter√≠as nunca llegar√°s lejos. Vente conmigo un par de horas y ganar√°s lo que nunca has imaginado en tu vida. ¬ŅO acaso no dec√≠as que eras colombiana? ūüôĄ

Se enfadó cuando le dije que no me parecía tan guapo, así que prefería morir de cansancio en esa noche de trabajo, con tal de no tener que verle la cara y mucho menos todo lo demás…

Esta me recuerda otra an√©cdota de varios a√Īos antes, cuando a√ļn viviendo en Colombia quise pedir un visado para viajar a Estados Unidos, de visita. A√ļn con todos los requisitos cumplidos, el se√Īor de la embajada americana en Bogot√° solt√≥: 

No creo que decida darle el visado. Mujeres de su edad van a Estados Unidos a conseguir marido. ūü§Ē

Fue cuando mi irreverente juventud me empuj√≥ a contestarle que si todos los maridos en Estados Unidos eran como √©l, tal vez preferir√≠a quedarme soltera en Colombia, que su fren√©tico sello empez√≥ a gritar en rojo… ¬°rejected!¬°plack! … ¬°plock!… y pluck porque la broma supuso aplazar mi ansiada visita, solo unos meses m√°s hasta que tuve la suerte de dar con otro empleado m√°s sensato, que los hay.

Tambi√©n est√°n la que concluy√≥ que me cas√© por los papeles, la que decidi√≥ que yo no podr√≠a pagar por un art√≠culo en su tienda y el que me pregunt√≥ d√≥nde se compra un t√≠tulo de psic√≥logo. El que prefiere asociar coca√≠na con Colombia y confunde a Pablo Escobar con Garc√≠a M√°rquez. Y a√ļn est√° el que se siente interesante, diciendo cosas como esta:

Y t√ļ, qu√© bien vives en Espa√Īa, toda la vida sentada sin hacer nada, solo escuchando los problemas de la gente. ūüėĶ

Miedo, tópico prejuicio, ordinaria ignorancia. Visto lo visto, machismo con racismo dan mal resultado. Machismo, racismo y clasismo… ¡una bomba!

Pero tambi√©n est√° la amiga que ha llorado y re√≠do con mis cuentos de inmigrante. El amigo que me abraza y el amor que me acompa√Īa. Las calles, los cielos, los pa√≠ses de mi vida que me acogen como en casa, porque claro‚Ķ ah√≠ siguen las fronteras, para seguir traspas√°ndolas.

Soy inmigrante y vivo bien. Y a√ļn as√≠, una parte de m√≠ muere cuando muere cada hombre, mujer, ni√Īa o ni√Īo en un trayecto infrahumano por tierra o por mar. Cuando la injusticia estrangula sue√Īos, cuando la dignidad deja de ser un derecho para convertirse en privilegio.

Una parte de mí muere ante la insistencia de asociar el blanco con lo bueno y el negro con lo malo. Cuando el color, el acento, el pensamiento, suben o bajan el prestigio a una persona.

Día internacional de las personas migrantes. Día de quienes creímos en una vida mejor. Día de quienes seguimos creyendo. Este día y otros más merecemos un abrazo, por mi parte deseando compartirlo contigo, inmigrante o no inmigrante, persona, que también eliges ante injustas evidencias, no morir. O al menos intentarlo