Terapia Online – Por qué sí, Por qué no

Tiempo ha pasado desde aquel día, cuando empecé a atender pacientes en terapia online. El mundo de la psicoterapia se debatía entre el endiosamiento y la satanización de esta forma de abordaje psicológico

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Imagen: Sandra Keil

Me abrí a la terapia online por el año 2010, inspirada en el deseo de responder a las necesidades de personas que me consultaban, pero que no se encontraban cerca de Denia o de Valencia y que por uno u otro motivo tenían dificultades para acceder a psicólogos en su zona. Esta motivación, sumada a mi afición por las nuevas tecnologías, me empujó a traspasar mis certezas y comprobar en primera persona sus alcances y sus limitaciones.

No hace falta que te cuente lo que sucedió a partir de Marzo de 2020, cuando el mundo se nos puso del revés. Entre muchos cambios que surgieron para hacer frente a la prevención de la propagación del COVID-19, la terapia online se convirtió en un excelente recurso para paliar las dificultades de acceso a las consultas de psicoterapia. 

No soy fan de la terapia online. Tampoco soy su enemiga. La considero un recurso valioso (y a veces MUY valioso), cuando la asistencia presencial resulta inviable. 

Terapia online… ¿Por qué SI?

Me llegan a la mente cantidad de rostros de hombres y mujeres con quienes he pasado horas a través de la pantalla y que han confiado en mi propuesta de terapia online, después de una primera entrevista para valorar su conveniencia. 

Personas con una exquisita diversidad, hispanohablantes, españolas o latinoamericanas de todas las edades, viviendo en cualquier parte del mundo. Todo un privilegio. 

Juntos hemos sacado el mejor partido a los beneficios de la comunicación online y la experiencia me ha permitido encontrar formas de estructurar los procesos, previniendo que lo virtual no acabe convirtiéndose en una dispersión etérea. 

Puedo decir que la terapia online ha tenido éxito cuando la implicación mutua ha sido equilibrada, cuando hemos conseguido los objetivos planteados al principio del proceso y cuando los cambios propuestos, la comprensión de la problemática personal y los acontecimientos que han transcurrido después, han verificado los resultados. 

Han sido destacables procesos con personas que han emigrado de sus países de origen por motivos laborales o académicos, a lugares donde el idioma ha sido un impedimento o donde aún no han establecido una red social suficiente para la inclusión. Por cierto, uno de los objetivos del apoyo psicológico ha consistido en la activación de recursos personales para conseguir dicha inclusión. 

En varias ocasiones, las sesiones online han servido como puente hacia una posterior terapia presencial, ya sea porque las condiciones de movilidad lo hicieron posible o por la disposición a viajar para hacer sesiones intensivas cada tanto tiempo.  

En otros casos, enfermedades que impiden salir de casa o situaciones asociadas a las restricciones como forma de prevención de la propagación del COVID-19, han impulsado a varias personas a decidirse por un apoyo online, como la mejor alternativa en momentos de duelo, crisis vitales, conflictos de pareja o intensa soledad.

La atención psicológica online no se limita a lo individual. Existe un programa de apoyo grupal, creado para responder a necesidades de contacto y comunicación. Son encuentros en los cuales compartimos ideas y vivencias sobre el amor y las relaciones, conflictos laborales, soledad y aislamiento, experiencias migratorias, duelos, salud emocional, etc. En tiempos como el que vivimos, estos grupos han abierto puertas a la comunicación desde un enfoque psicosocial, dando alivio, abriendo horizontes y rompiendo fronteras. 

Terapia online… ¿Por qué NO?

Existen claves para detectar, desde un primer encuentro, la conveniencia de una terapia online. Porque por muy accesible que sea, por mejores equipos y aplicaciones que tengamos, nunca será equiparable al encuentro presencial. 

Por esto es que en algunos casos hemos descartado esta forma de atención psicoterapéutica, cuando las expectativas superan los alcances de la terapia online, cuando el motivo de consulta o el estado emocional exige, sí o sí, el contacto con el cuerpo o cuando es necesario abordar la historia individual con cierta profundidad, para resolver las causas del sufrimiento. 

En todos los casos la relación cara a cara, la comunicación no verbal y el intercambio energético son prioritarios. Pero en algunos casos estas condiciones son indispensables. 

Por eso es que siempre, sin excepciones, antes de aceptar un proceso online valoro la posibilidad de que se pueda acceder a una terapia presencial y cuando ha sido posible hemos optado por la derivación a colegas de mi confianza, más accesibles geográficamente.

Respecto a la Psicoterapia Caracteroanalítica, resulta inviable una plataforma online. Esto se debe a que en esta corriente psicoterapéutica la relación paciente-terapeuta constituye el pilar del proceso y el trabajo psicocorporal es fundamental. Por lo tanto, sería irresponsable, además de ineficaz, dejarse llevar por la imaginación pretendiendo un encuadre de este tipo a través de la pantalla.

Esto no quita que se incluyan en las sesiones online algunos fundamentos del paradigma reichiano, especialmente en lo que se refiere a la consciencia de los rasgos caracteriales que condicionan nuestros mecanismos actuales. Pero esto siempre se limitará al nivel cortical y la única manera de elaborarlos es dentro del espacio y el encuadre psicoterapéutico presencial.

Por último, preferir una terapia online porque algunos la venden a precio de chollo, porque está de moda, porque es muy cómodo, porque da pereza salir de casa, porque uno está enganchado a internet o por creer que al fin y al cabo el psicólogo solo sirve para dar consejos, resulta como mínimo absurdo. Poco más que decir aquí. 

En conclusión…

La terapia online ofrece valiosos beneficios y también tiene sus limitaciones. Es una práctica tan seria como la terapia presencial y exige condiciones que nadie debería pasar por alto, como una adecuada preparación profesional del/la terapeuta además de la capacidad y flexibilidad para utilizar recursos adaptados al medio virtual.

El hecho de que sea virtual no quiere decir que sea fácil. Supone para el paciente un trabajo personal intenso y una gran responsabilidad en el proceso. Para el terapeuta, tener muy bien amoblada la cabeza y abrir el corazón de lado a lado, para ser capaz de acompañar en condiciones tan frías y propicias para la invasión del imaginario, que cuando no se contemplan se corre el riesgo de convertir una posible relación de ayuda en una mezcla de mutuas proyecciones, acercándose más a una anti-terapia que a un apoyo saludable.

En general, a la atención terapéutica que ofrezco en modo online, más que terapia prefiero llamarle “apoyo psicológico online”. Eso no la hace menos importante o interesante. Al contrario, le da unos alcances terapéuticos mayores que cuando le exigimos más de lo que puede dar. 

Abrirnos a los cambios, adaptarnos a las circunstancias aprovechando todos los recursos a nuestro alcance, en contacto con nuestra esencia y siempre recordando quiénes somos. Ahí está el reto… y el arte


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Psicóloga en Denia

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