Duelos, tatuajes de nuestra biograf√≠a

Tanto en mi vida personal como en la consulta de Psicoterapia Caracteroanal√≠tica que atiendo en Denia, he sido testigo de las diferentes maneras de afrontar un duelo seg√ļn las circunstancias de la perdida, la relaci√≥n con la persona perdida, la historia individual, el car√°cter…

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Los duelos marcan como tatuajes nuestra biograf√≠a. Y los afrontamos como podemos, pues no somos m√°quinas fabricadas en serie, que cuando se nos estanca el agua por los ojos basta con cambiarles la tuber√≠a. 

Puede parecer absurdo hablar de estas profundidades en una sociedad que sue√Īa con un mundo controlable a base de pastillas, operaciones est√©ticas, reprogramaciones mentales o respuestas de gur√ļs. Pero algunos y algunas seguimos optando por bucear hasta el fondo, trabajando personalmente y acompa√Īando a quienes desean ser ayudados en la elaboraci√≥n de sus duelos por la muerte de un ser querido..

¬ŅTe has preguntado por qu√© t√ļ o tu hermano, tu vecino o tu amigo viven duelos similares a los tuyos de una manera tan diferente? 

Recordemos que el duelo, aunque sea una vivencia dolorosa es un proceso normal. Es decir que no es una enfermedad. A√ļn en las peores circunstancias, los duelos se pueden resolver con la infalible ayuda del tiempo y si es necesario, con un apoyo psicol√≥gico adecuado. 

Un antes y un después. Cercanía y circunstancias anteriores a la pérdida

El grado de intensidad del v√≠nculo ya nos da algunas se√Īales. Las experiencias vividas juntos marcan nuestra memoria y es l√≥gico que entre m√°s haya estado ligada esa persona a nosotros, m√°s dif√≠cil va a resultar la despedida.

Pero eso no es todo. Las circunstancias que acompa√Īan a la p√©rdida tambi√©n ponen mucho de su parte. A veces contamos con la “suerte” de tener tiempo para darnos cuenta, de prepararnos para una muerte anunciada y a√ļn con inmensa tristeza, dejar ir a esa persona con una extra√Īa sensaci√≥n de paz. 

Ojal√° que as√≠ fuera siempre, pero no es el caso. Algunas veces la muerte de una persona querida nos toma por sorpresa y el caos se hace due√Īo de todo nuestro mundo. Ah√≠ nos viene muy bien gozar de un buen funcionamiento bioenerg√©tico, para que nuestro sistema genere todos los resortes capaces de amortiguar el golpe. 

Así que las causas y las circunstancias de la pérdida marcan en gran medida la facilidad o dificultad de afrontar un duelo. Se ha demostrado que después de una pérdida repentina, es más probable que las respuestas de ansiedad, depresión o sentimientos de culpa persistan por más tiempo que cuando ha habido un tiempo de preparación para el final.

¬ŅY c√≥mo era la relaci√≥n?

Aparte de la oportunidad de anticipar la p√©rdida o por el contrario, del shock cuando viene de forma repentina, el desarrollo de un duelo se ver√° afectado por las circunstancias de la relaci√≥n que se tuvo durante los √ļltimos tiempos con la persona fallecida.

Podemos entender que cuando hab√≠a buen ambiente, cuando hubo tiempo para expresar el amor y todo (o casi todo) qued√≥ dicho, habr√° m√°s consuelo que cuando hab√≠a hostilidad, distancia, peleas, estr√©s o temas pendientes en la relaci√≥n. 

Poco ayudan frases de caj√≥n y leyendas en plan facebook, moralistas, llenas de prejuicios y a veces ofensivas con eso de que (por resumir)… “si le hubiera dicho cu√°nto le amaba… pero hoy ya est√° muerto/a‚ÄĚ.

Cuando ya est√° muerto/a, frases como esta son una bofetada m√°s que un consuelo. Cuando a√ļn no lo est√°, uno hace lo que puede y cada circunstancia es √ļnica y personal.

Cuando veo estos comentarios, que desafortunadamente abundan, lo primero que pienso es que tendr√≠an sentido en su contexto. Pero al someterlos a un marco con leyenda solo para conseguir likes, pierden toda su esencia. Y luego pienso en la cantidad de personas que lo est√°n pasando mal y al encontrar estos mensajes se sentir√°n peor. 

La culpa es muy mala amiga y m√°s en tiempos de duelo. Pero lamentablemente el sentimiento de culpa est√° presente con frecuencia y m√°s todav√≠a en circunstancias especiales, como es el caso del suicidio, donde es com√ļn buscar verdugos como intento de encajar una situaci√≥n incomprensible. 

Experiencias compartidas en los √ļltimos tiempos

Puede entenderse que una circunstancia u otra sean más o menos difíciles, pero no podemos asegurar que duelan más o menos.

Por ejemplo, estar√≠amos equivocados si juzg√°ramos como ‚Äúf√°cil‚ÄĚ el duelo por la p√©rdida de una persona cercana, a quien hemos cuidado por mucho tiempo, compartiendo sus esperanzas y sus miedos y seguramente dej√°ndonos la piel en el intento de aliviar su sufrimiento, aplazando los proyectos personales y encontr√°ndonos un d√≠a frente al espejo con el vac√≠o lleno de una vida por recuperar.

Ambivalencia, sentimientos de culpa por no haber sido capaz, se suman al agotamiento y a la situaci√≥n de tener que empezar de cero. 

La mala noticia

Est√° claro que ser√° mejor enterarnos de la muerte de una persona cercana, de parte de alguien capaz de ofrecer calidez, soporte y claridad, que de quien informa como si fuera un peri√≥dico. Y peor a√ļn, encontr√°ndonos la noticia en internet, como lamentablemente ha sucedido en algunos casos.  

Cuanto mayor informaci√≥n tengamos, menor ser√° el espacio disponible para la negaci√≥n cr√≥nica de la perdida y por lo tanto, menor posibilidad habr√° de vivir un duelo complicado. 

Muy a menudo me encuentro con personas que en el transcurso de su proceso psicoterap√©utico descubren duelos infantiles elaborados a medias, en parte por la poca, nula o inadecuada informaci√≥n que obtuvieron en su momento, dada la falsa idea de que los ni√Īos se traumatizan si se les dice la verdad. 

Abuelos y abuelas que desaparecieron sin saber por qu√© ni c√≥mo, llantos incomprensibles de adultos vestidos de negro, ausencias repentinas por algo misterioso que suced√≠a y del que nunca se supo el motivo. 

Ocurre también cuando la distancia física impide la constatación de la pérdida. Por ejemplo, cuando somos inmigrantes, ya pueden contarnos los hechos con detalle que no vamos a acabar de comprenderlos, con suerte hasta mucho tiempo después.

Y sin ir tan lejos, podemos imaginar (si no lo henos vivido en carne propia), la situaci√≥n de quienes han perdido a un ser querido en tiempos del COVID y no han tenido ni la oportunidad de acompa√Īarle o de hacer un ritual de despedida en condiciones.

As√≠ que si hay ‚Äďo no‚Äď informaci√≥n suficiente, clara y veraz, si se tiene la oportunidad ‚Äďo no‚Äď de ver el cad√°ver, si se asiste ‚Äďo no‚Äď al ritual de despedida, si quien da la noticia es alguien de confianza o un extra√Īo, determinan en alguna medida el desarrollo de un duelo. 

¬ŅY c√≥mo est√°bamos antes de la p√©rdida?

A veces el duelo nos llega con la mochila llena de tensiones y se suma al estr√©s que llev√°bamos ya a cuestas. As√≠ ser√° algo m√°s dif√≠cil, aunque no imposible, disponernos a elaborarlo paso a paso, con la paciencia necesaria. 

Las condiciones pr√°cticas tambi√©n afectan el proceso. Vivir en soledad o en compa√Ī√≠a, tener una s√≥lida o debilitada situaci√≥n econ√≥mica, laboral o de vivienda, facilitan o entorpecen el proceso de duelo. 

Aspectos menos pr√°cticos tambi√©n son significativos, como la forma de percibir la vida y la muerte, las creencias religiosas, la calidad de las relaciones. 

¬ŅFamiliares y amigos facilitan o ayudan a complicar las cosas? 

¬ŅHay libertad para expresar el enfado, la tristeza, las contradicciones?

¬ŅO hay que estar poniendo buena cara para que los dem√°s no juzguen o se preocupen? 

Efectivamente el entorno puede ser de gran ayuda cuando existe capacidad de contacto emocional, o una verdadera tortura cuando no lo hay. Pero no todo es su responsabilidad, porque a√ļn en el peor momento de nuestra existencia, el car√°cter juega un importante papel en el curso que va a tomar un duelo.

El car√°cter

Cuando nos ponemos en la tarea de averiguar por qu√© un duelo se ha complicado, es com√ļn encontrar ciertos rasgos de car√°cter que nos se√Īalan los terrenos a allanar. 

Encontramos, por ejemplo, la tendencia a establecer relaciones en extremo dependientes, o lo que llamamos “apegos ansiosos”, creando relaciones basadas en la posesi√≥n, el control, la presencia compulsiva y todo lo que sirva para impedir la angustia de la separaci√≥n.

Estas tendencias del car√°cter se traducen muchas veces en relaciones del tipo ni contigo ni sin ti, que limitan la autonom√≠a y atrapan en la ambivalencia, y en la que se es muy susceptible de sensaciones de abandono, frustraci√≥n, decepci√≥n e insatisfacci√≥n en las relaciones con los dem√°s. 

O tambi√©n, en la s√ļper disposici√≥n a dejarse la piel en el cuidado de los dem√°s, haci√©ndose cargo incluso del sufrimiento ajeno y hasta de la culpa, y a la hora del final idealizando la relaci√≥n y a la persona perdida, despoj√°ndola de su humanidad y as√≠ bloqueando todo posible sentimiento “negativo” que manche su inmaculado recuerdo.

O simplemente en la respuesta plana con fachada de autosuficiencia emocional, de independencia de todo lazo afectivo y aparente inmunidad al dolor, que en realidad lo √ļnico que expresa es una profunda fragilidad interior. 

Porque resolver un duelo no significa que a uno no le importe nada. Es muy equivocado e incluso peligroso concluir a la ligera que una persona ha superado un duelo porque ya no llora ni habla del tema, tan equivocado como pensar que todo se est√° complicando porque vive la tristeza. 

Son solo ejemplos. Cada quien en su experiencia va conociendo su manera de vivir y afrontar la dif√≠cil experiencia de la p√©rdida y el duelo. Resolverlo es posible. 

Resolver un duelo significa recuperar la capacidad de vivir con salud. Y salud significa consciencia. Y a veces consciencia significa tristeza, rabia o decepci√≥n, y luego por fin paz, serenidad o alegr√≠a‚Ķ y as√≠… hasta la pr√≥xima…


NOTA:  Este art√≠culo est√° basado en el cap√≠tulo: ‚ÄúFactores que afectan el curso de un duelo‚ÄĚ, del libro ‚ÄúLa p√©rdida‚ÄĚ. de J.Bowlby. y en el libro: “Familias, enfermedad y discapacidad”, de J.Rolland., Ver m√°s en Biblioteca.