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Cruzando Fronteras… Historias Migrantes

Día internacional de las personas migrantes. Día de quienes creímos en una vida mejor. Día de quienes seguimos creyendo

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7 mins
Imagen de Gordon Johnson

Poco falta para que el mundo celebre el día de las personas migrantes. Me incluyo y gracias. Este año cae viernes, así que seguramente estaré terminando la semana de trabajo, definiendo mis actividades para el fin de semana, hablando un par de horas (o tres) por teléfono con mi gente en la distancia… en fin, lo de casi todos los viernes: cerrar, abrir, descansar, reír, imaginar…

Seguramente ese día, 18 de Diciembre, un pensamiento más llenará mi corazón y es el de la inmensa cantidad de personas que no descansarán del trabajo, porque no lo tienen, que no esperan nada del fin de semana y que no tendrán tres horas libres para reír con nadie, ni siquiera por teléfono. 

Lo que sí harán, como yo, será imaginar. Pero no pensarán en la mañana del sábado escribiendo, paseando o descansando, Soñarán, por ejemplo, con las oportunidades que vendrán o tal vez reafirmarán el sentido de arriesgar su vida para llegar hasta aquí…¿acaso había algo que perder?

Por esto, cuando hablo de inmigración en primera persona, siento que no tengo motivos para quejarme, ya que mi peor momento como inmigrante nunca será comparable, por ejemplo, con el que está viviendo la mujer de Guinea Conakri que perdió a su bebé ahogado en el mediterráneo hace pocas semanas. (Ver)

Y no. Yo no tengo esos motivos. Mi integridad física se mantuvo a salvo en todo momento del trayecto y la única herida la sufrió mi maleta en una escala en Nueva York, cuando un agente decidió meter cuchilla en su interior como gesto de seguridad nacional. 

Por lo demás, mis motivos para emigrar no tuvieron que ver con el hambre o la pobreza. Mi opción fue libre y voluntaria y no escapaba de nada ni de nadie. A veces ya me cuesta decidir de donde soy… y casi siempre me sobra la pregunta.

Así que he disfrutado de unos cuantos privilegios durante mi proceso migratorio. Pero con todo, has de saber que no fue un camino de rosas, como tampoco ha sido la vida para ti, ni para nadie.

Tocó abrirse camino sin contactos, apellidos, trayectoria conocida. Entonces tocó empezar de cero. Tocó tirar de creatividad hasta romper los límites. Tocó llorar la injusta muerte de la abuela en la distancia, pasar infinidad de horas solitarias y esperar la paz después de la resaca de días francamente estériles, en los que pasado, presente y futuro parecían haberse emborrachado con el agua del Atlántico.

Tocó pasar una noche entera haciendo cola para dejar de ser una indocumentada y para que 20 horas después me cerraran la puerta en las narices. Tocó pasar entonces otras 20, hasta que la suerte quiso que fuera yo la última en entrar a la oficina de inmigración, aquel día en un gélido invierno, de los de antes.

¿Solo 20 horas?… preguntarán inmigrantes que hoy esperan por meses una primera cita para regularizar su situación, muchas veces pasando antes por caja para alimentar a mafias dedicadas a aprovecharse de la necesidad. (Ver)

Tocó… y a veces toca escuchar absurdos comentarios, que hoy más que pena me dan risa, aunque traen tela… Te invito a recordar conmigo algunas perlas:

Cuando pocos días después de aterrizar, una persona con aparente refinada cultura y ganas de parecer buena anfitriona me pregunta:

¿Cómo te han parecido los zapatos? Y ante mi confuso gesto aclara: es que como allá, en tu país van todos descalzos o con alpargatas… 😳

Cuando por despistada, acabé en una estación de tren en Barcelona, a 200 km. de mi destino planeado, sin dinero y aún sin teléfonos móviles. Con la ingenuidad que me caracterizaba, entré a la oficina de “atención al viajero” y conté lo que me había sucedido, esperando ayuda. Mis esperanzas se difuminaron cuando escucharon mis oídos: 

Como siempre, los inmigrantes viniendo a España a viajar gratis. 😱

Cuando un par de años después, ya sabiéndome las rutas de autobuses de Valencia, las del metro en Barcelona, todas las canciones de Sabina y alguna que otra palabra en catalán, algún listo se plantó en mi paraeta de artesanía en Cataluña y con su espíritu de empresa, me “iluminó” diciendo:

Con el tiempo que pasas aquí vendiendo tonterías nunca llegarás lejos. Vente conmigo un par de horas y ganarás lo que nunca has imaginado en tu vida. ¿O acaso no eras colombiana? 🙄

Esta me recuerda otra anécdota de varios años antes, cuando aún viviendo en Colombia quise pedir un visado para viajar a Estados Unidos, de visita. Aún con todos los requisitos cumplidos, el señor de la embajada americana en Bogotá soltó: 

No creo que decida darle el visado. Mujeres de su edad van a Estados Unidos a conseguir marido. 🤔

Fue cuando mi irreverente juventud me empujó a contestarle que si todos los maridos en Estados Unidos eran como él, tal vez preferiría quedarme soltera en Colombia, que su frenético sello empezó a gritar en rojo… ¡rejected!¡plack! … ¡plock!… y pluck porque la broma supuso aplazar mi ansiada visita, solo unos meses más hasta que tuve la suerte de dar con otro empleado más sensato, que los hay.

También está la que concluyó que me casé por los papeles y la que decidió que yo no podía pagar por un artículo en su tienda. El que prefiere asociar cocaína con Colombia y confunde a Pablo Escobar con García Márquez. Y aún está el que se siente interesante, diciendo cosas como esta:

Y tú, qué bien vives en España, toda la vida sentada sin hacer nada, solo oyendo los problemas de la gente. 😵

Miedo, tópico prejuicio, ordinaria ignorancia. Visto lo visto, machismo con racismo dan mal resultado. Machismo, racismo y clasismo… ¡una bomba!

Pero también está la amiga que ha llorado y reído con mis cuentos. El amigo que me abraza y el amor que me acompaña. Las calles, los cielos, los países de mi vida que me acogen como en casa, porque claro… ahí siguen las fronteras, para seguir traspasándolas.

Soy inmigrante y vivo bien. Y aún así, una parte de mí muere cuando muere cada hombre, mujer, niña o niño en un trayecto infrahumano por tierra o por mar. Cuando la injusticia estrangula sueños, cuando la dignidad deja de ser un derecho para convertirse en privilegio.

Una parte de mí muere ante la insistencia de asociar blanco con bueno y negro con malo. Cuando el color, el acento, el pensamiento, suben o bajan el prestigio a una persona.

Día internacional de las personas migrantes. Día de quienes creímos en una vida mejor, día de quienes seguimos creyendo. Este día y otros más merecemos un abrazo, por mi parte deseando compartirlo contigo, inmigrante o no inmigrante, persona, que también eliges ante injustas evidencias, no morir. O al menos intentarlo.

Gracias por compartir este artículo

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