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Volver a poner el mundo en pie… ¿Pero de pie estaba?

¿Estaba el mundo en pie cuando no teníamos tiempo ni para respirar el vacío?

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4 mins
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El miedo que se mete en las entrañas de cuerpos y casas, desespera al más paciente. La sensatez de cuidados necesarios en tiempos de enfermedad, con facilidad se convierte en actitudes más insanas, como la de entregarse a conductas compulsivas o sentirse en peligro nada más salir por la puerta, aunque sea a la farmacia. 

Seguro que ninguno de nosotros, mortales ciudadanos de a pie, tenemos la varita mágica capaz de eliminar los males de nuestro tiempo. Personalmente, mis conocimientos sobre epidemiología son casi iguales a cero, así que no levanto banderas ni a favor ni en contra y mucho menos cuando salud y política se juntan en un perverso matrimonio de conveniencia. 

Nuestras ganas de vivir

Pero sí me doy cuenta del curso que van tomando las cosas en salud mental y la perspectiva no se ve bonita. Cuando ya llevamos bastantes meses dando un paso adelante y otro atrás, con los proyectos congelados y las ganas de vivir a flor de piel, este mundo patas arriba está siendo difícil de volver a poner en pie… ¿Pero de pie estaba? 

Llaman la atención los síntomas emocionales que llevan actualmente a buscar ayuda psicológica: depresión, ansiedad, bloqueo emocional, fobias, crisis o rupturas de pareja, burnout, duelos no resueltos, falta de sentido de la vida… ¿te suena?

Nada nuevo. Si miro mis memorias, estos motivos de consulta son prácticamente idénticos a los de las últimas dos décadas, pero ahora vistos con lupa.

Estoy segura de que un encierro de meses y el aislamiento que conlleva, un cambio de hábitos cotidianos, la vida social hecha un desastre, la hipercomunicación a través de la pantalla, la constante incertidumbre, caos en los horarios de trabajo, el ambiente de contracción (y contradicción) o una constante sensación de ahogo por el hecho de tener un pedazo de tela en la boca a todas horas nos supone algo, o más bien mucho.

Sin embargo, ya se oye en nuestras calles aún poco habitadas, en los supermercados y por supuesto en programas de televisión sensacionalistas, que nuestro enemigo, un virus con todos los desastres que ha traído a nuestra sociedad, ha venido a “causarnos” también depresión, ansiedad y demás. 

¡No tan rápido! Faltan datos, falta tiempo, habrá que investigar… Algún día lo sabremos con certeza. De momento sigamos apostando por esa parcela de autonomía y libertad que aún nos queda. Aunque soy consciente de que esta temporada está contribuyendo a la fragilidad de nuestra salud mental, me resisto a achacársela únicamente a la situación que atraviesa nuestras vidas. 

¿Estaba el mundo en pie?

¿Estaba el mundo en pie cuando no teníamos tiempo ni para respirar el vacío? ¿Cuando ni si quiera se nos ocurría abrir el álbum de recuerdos, si es que lo teníamos a mano? ¿Estaba en pie cuando cada cual iba a su bola sin enterarse ni de donde estaba el otro?

¿De verdad, a la pareja la rompió el virus o el encierro? ¿O no será que todo lo que trajo ayudó a que se rebosara un vaso que gota a gota se venía llenando? ¿No será que al detenernos pudo salir por fin esa tristeza que llevábamos a cuestas? ¿Y ese duelo que nunca tuvimos tiempo ni ganas de afrontar? ¿Será que el miedo a la muerte se nos metió en los huesos y no hemos podido evitarlo más?

¿Y qué hay de la forma como cada uno y cada una asumimos los vaivenes de la vida? ¿Acaso funcionamos como máquinas fabricadas en serie, sin historia, sin carácter, sin emociones diversas?

Ya vendrán las conclusiones

Preguntas. Sólo me surgen preguntas. Sé que muchos pensarán que no me entero. Que estoy mal informada o que la “verdad” salió a la luz hace tiempo y me pilló dormida. Lo asumo. 

Algunos, de momento, seguimos preguntando, observándonos y observando, respirando confiados en la vida, disipando miedos, llorando nuestras pérdidas. Ya vendrán las conclusiones.

Gracias por compartir este artículo

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