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Donde cabemos todos – Historias Migrantes

Una parte de mi persiste en en el dulce recuerdo de un sonido. Otra se mantiene en vilo, recordando los rostros de estos jóvenes buscando un mejor destino. Y otra está aquí –y ahora–, en la placidez de un día que me permite dejar plasmada esta vivencia, donde cabemos todos

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7 mins
Donde Cabemos Todos Migrantes
Imagen: Vicent Pérez

Me escapé hace unas semanas a un paraíso de Almería, el único lugar del mundo hasta ahora conocido para mi, en el que puedo dedicar todas las horas al descanso, a la lectura o a la simple contemplación sin ser interrumpida por ninguna urgencia cotidiana.

A cambio del reloj, allí el sonido del mar constante y apacible cura heridas, acalla afanes, anhelos y temores, meciéndome en una especie de masaje sonoro en que todo se coloca, de nuevo, en su lugar.

Volviendo de una excursión hacia una cala virgen, de las que pocas quedan, mi compañero y yo sofocados por el intenso calor nos encontramos con tres o cuatro hombres jóvenes, ellos sí con prisa, derrochando energía y un olor particular, chorreando sus chaquetas empapadas, esas de invierno, de las que usamos porque son bonitas, porque son ligeras y a la vez calientan más que cualquier otra.

Pero ellos no parecían personas de ir pegadas a la moda. Quedaba entonces lo de la ligereza y lo que aparentaba ser una necesidad de calor en esa playa desértica a más o menos 30ºC, en pleno Junio andaluz, corriendo hacia una montaña, hablando otro idioma, jugando como niños escapados de sus casas.

Turistas no eran. Ladrones tampoco. Hippies decididos a renunciar al sistema capitalista para vivir libres en las calas de la zona, tampoco. Gente queriendo desconectar de la vida atropellada, seguro que no. Pero puede que eso fuera lo que les esperaba, una vida atropellada, aunque de otra manera.

Porque a algunos, si pueden elegir, les atropella la vida cuando eligen y a otros les ha tocado la vida entre atropellos que nunca decidieron, pero que igualmente tienen que asumir a costa de su propia integridad

Concluimos que estos jóvenes eran inmigrantes, marroquíes o tal vez argelinos recién salidos del mar, de quién sabe qué patera, con la vida por hacer metida en sus proyectos como una película de héroes, en este país del que les habrán contado maravillas.

Inmediatamente me llegó la imagen que guardo con cariño, esa que puse en el blog alguna vez, a propósito del Día Internacional de la Inmigración:

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Más vale equivocarse en la esperanza que acertar en la desesperación”. —A. Maalouf
Ver: Aunque me equivoque en la Esperanza…

El camino de vuelta de nuestra excursión consistió en crear historias con destinos para ellos y desear que encontraran aquí un suelo firme para su desarrollo, aunque siendo sinceros, en las condiciones que imaginábamos que estaban, ya podíamos darles la enhorabuena si acababan en esos horribles invernaderos de tomates, esos que consumimos en nuestra mesa con deleite y que ellos recogen por una miseria la jornada, aprovechándose otros de su condición ilegal.

El día siguiente, ya de vuelta

Pero en fin… ese día todo quedó en un buen deseo para ellos. Sin embargo al día siguiente, ya de vuelta a nuestra casa con la energía renovada, nada más salir nos cruzamos por la carretera, ya no con tres o cuatro jóvenes sino con varios grupos que en suma serían doce o quince personas.

Reían, bromeaban, se les veía triunfantes alcanzando un paraíso después de quién sabe cuántas luchas

Volvió a mi el deseo por su bienestar, mezclado con la preocupación y la fantasía que que me suele acompañar cuando imagino historias: ¿Con qué expectativas vienen? ¿Qué estarán viviendo la familia y los amigos que dejaron? ¿Quién de estos quince fracasará? ¿Quién triunfará? ¿Qué significa en este caso triunfar o fracasar?…

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Cuando se deja un lugar, una forma de vida, a una pareja, a una familia, a unos amigos, todos ellos también viajan… a su manera.
Ver: Los que se van, los que se quedan

Imaginé gente allá, esperando una señal de vida o temiendo la peor noticia. Les imaginé a ellos en la travesía y sus horrores, en el viaje y su aventura. Imaginé un futuro para cada quien, abracé con mi mente las heridas de la ausencia consumada, agradecí la fuerza de su juventud.

Y yo, ingenua y fantasiosa, incorregible hija del realismo mágico, nunca imaginé que poco más allá de quince sueños buscando porvenir por una carretera de Almería, vinieran dos vehículos y dos agentes policiales dentro, claro está, haciendo su trabajo de “rescate”.

Mi cuento se transformó entonces en una de esas películas nórdicas que desgarran el alma con su crudeza social y no le dejan a uno ni un resquicio para mirar hacia otro lado, como si gritaran: “¡O te enteras, o te enteras!”.

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Hoy comparto una selección de 10 reflexiones y artículos publicados en este blog con la Inmigración como tema principal.
Ver: Viviendo con el Corazón – Día Internacional del Migrante

Y así es bien difícil imaginar mariposas revoloteando alrededor de flores coloridas. Ahora cada sueño en mi cabeza se convirtió en sigla, si no en número: CIE – M.E.N.A – NIE – UIP – ONG – 72h…

Humanidad… ¿estás ahí?

Ilusión perdida, se acabó el juego. El fin de la inocencia en cortas vidas. Sueños rotos, realidad abofeteando.

Costó pensar en que algo bueno sucediera. ¿Tal vez un agente policial humanitario, que al menos les tratara con respeto? Los hay. ¿Profesionales de medicina, psicología, trabajo social, derecho, traducción… dispuestos/as a escuchar, aliviar enfermedades, tensiones y terrores? También los/las hay. ¿Deportaciones, vuelta a empezar a ver si a la próxima hay más suerte? Puede ser, yo no lo sé.

Y no saber no me quita el derecho de pensar y aún más de desear que algún día esta sociedad comprenda que ningún ser humano es ilegal, que la inmigración no es “el problema” de unos cuantos sino una cuestión social y política, que nadie debería ser excluido de su derecho fundamental a vivir dignamente y que en todos los países, los pobres y los ricos, habitan personas que ojalá nunca tuvieran la necesidad de dejar su lugar de origen, por motivos diferentes a su propia voluntad, la de verdad, la de: “aquí estoy bien pero quiero conocer, saber, crecer allá” y no la de: “me voy porque se vive mejor fuera, por mal que me vaya en otro sitio”.

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Dentro de la dificultad, la inmigración conlleva una posibilidad de evolución, una experiencia que supone desarrollar capacidades creativas que en otra situación no hubieran surgido.
Ver: Inmigración y Salud como posibilidad de Evolución Personal y Social

Donde cabemos todos

Una parte de mi persiste en la dulce sensación, en el recuerdo del sonido del mar y las bonitas playas de una zona de Almería. Otra se mantiene en vilo, recordando los rostros de estos jóvenes buscando un mejor destino. Y otra está aquí –y ahora–, en la placidez de un día de escritura que me permite dejar plasmada la vivencia.

Corazón de inmigrante repartido en trozos por el mundo, que conforman un todo… o mejor… creyendo en un mundo donde cabemos todos.

Gracias por compartir este artículo

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