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Ética en la Red, reflejos de lo Real en lo Virtual

¿Cómo estar presente en el mundo online sin por eso traicionar la propia identidad?

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9 mins
Etica en la red reflejos de lo real en lo virtual
Imagen: Geralt

Cuando hace años imaginé el proyecto de una web para conectar con el mundo más allá de las fronteras, pasé varios meses definiendo los criterios que la sustentarían, dentro de la ética en la que me baso para llevar mi camino personal y profesional.

Mi entusiasmo se estrellaba a menudo con el temor de caer precisamente en lo que más cuestiono y es que lo virtual solapara la esencia de los contenidos, convirtiéndose en un espacio más de palabras vacías o confusas, si no de basto comercio a propósito de cuestiones tan delicadas como la necesidad de ayuda o el sufrimiento humano.

Como saben los lectores y lectoras que me acompañan desde el año 2012 en esta travesía, decidí entrar en el mundo online aportando escritos de clima cálido y aspecto simple, pero soportados por un fondo teórico y práctico muy complejo.

Así que desde sus comienzos hasta ahora, a este proyecto constantemente le acompaña una pregunta:

¿Cómo estar presente en el mundo online sin por eso traicionar la propia identidad?

Cada vez que encuentro la respuesta y me siento satisfecha, hago click y publico una entrada en el blog o la comparto en redes.

Además de contenidos y formas, de ganas de comunicar e ilusión por compartir, como sabemos hay todo un universo paralelo lleno de otras lógicas que así como nos ha permitido acercarnos sin importar distancias, si nos descuidamos puede tener también un lado oscuro.

Si uno crea una web y tiene un blog o le gusta leer, comentar y compartir lo que publican otros en las redes, uno tiene que entrar en ese mundo tecnológico y colocarse allí de alguna manera, porque la forma como nos relacionamos en la red es un reflejo de nuestra realidad, traducido en lo virtual.

En los años que llevo inmersa en este mundo, me ha sorprendido muchas veces cómo en lo virtual parecen darse demasiadas concesiones a la falta de un respeto básico en la convivencia, y esto se ve tanto en conversaciones cotidianas de redes sociales como en estrategias empresariales muy pensadas.

Veamos algunos ejemplos, que seguramente para nadie serán desconocidos:

Copiar y pegar: un clásico

Copiar y pegar se ha convertido en un ejercicio cotidiano que a muchas personas les parece de lo más normal. Consiste en pasar textualmente algún escrito al propio rancho (y si hay algo de pudor cambiar alguna coma para que no se note demasiado) apropiándose así de la autoría sin hacer ninguna referencia al texto original.

Falsear acreditaciones

En la misma línea, ya que hay tanto contenido disponible en internet, hoy es muy fácil vender proyectos, programas educativos o propuestas de actividades, cogiendo de aquí y de allá sin ningún prejuicio, inventando acreditaciones o ignorando el trabajo de décadas y generaciones que han construido conocimiento, porque así como el papel lo aguanta todo, el espacio virtual es infinito y no parecen dolerle este tipo de prácticas.

SEO a costa de lo que SEA

No sé si mi artículo de hoy va a tener tanta acogida como para aparecer en los primeros puestos de Google. Tampoco me preocupa en especial, ya que con el tiempo he constatado que los escritos llegan a quienes tienen que llegar en el momento oportuno, de formas y por motivos que no siempre controlo ni deseo controlar. Si mi urgencia consistiera en aparecer mañana en la primera página del buscador, tendría que renunciar ahora mismo a mi estado creativo para construir un texto lleno de “palabras clave” que posiblemente no quisiera transmitir. En sí mismo el SEO no me parece antiético, pero sí algo triste perderse la experiencia de escribir, priorizando la expectativa de encabezar una lista.

Reseñas a euro

Sí, así como lo lees. Me llegó una vez a mi correo electrónico esta oferta. Empresas que se dedican a escribir reseñas falsas para subir el posicionamiento. No tienes que hacer nada. Contratas el servicio y como por arte de magia te llegan 100, 200, 500 o la cantidad de reseñas positivas que hayas comprado. Da igual cómo hagas tu trabajo, eso es absolutamente intrascendente. Y además es permitido, siempre que los robots no se den cuenta. Así es como funciona la doble moral de una sociedad ávida de soluciones fáciles y efectos inmediatos. Visto con algo más de profundidad, esto más que el reflejo del éxito es la constatación de un fracaso.

La estrategia del desprestigio: “Si te pillo, te aplasto”

Si no es suficiente con las falsas reseñas positivas, existe la “solución” de desprestigiar a la competencia comprando reseñas negativas para rebajar su reputación y así “atraer” a sus clientes, por no decir “robarle”. Se vende como una “práctica infalible para hacer más creíble un negocio”. Son estrategias empresariales lícitas, nadie interviene, nadie inspecciona. Al contrario, convierten el abuso en un don y el apoyo mutuo en una equivocación.

Espiando a la competencia

¡Pero qué obsesión con la competencia! ¡Cuánto tiempo perdido, robado al descanso, a las relaciones constructivas, a la capacidad de crear! Porque desde que internet controla medio mundo se han creado cientos de aplicaciones dedicadas a indagar qué hace el otro, qué palabras clave le han funcionado, cuántas visitas le llegan al minuto, qué calificación obtiene en los rankings, etc. Toda una persecución sistematizada para hacer lo mismo y superarlo, dando la espalda al sentido común:

El de entender de una vez por todas que si uno tiene un proyecto que vale la pena, éste será único y brillará con su propia luz y también gracias, por cierto, a otras luces que además le alumbren.

O dicho de otra manera: dando tiempo al tiempo, a base de trabajo, perseverancia y algo de tozudez, combinados con la generosa receptividad de los demás, se puede llegar a disfrutar de un posicionamiento orgánico en la red bastante confortable.

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Recupera tus tesoros. Compártelos. Danos ese regalo. No todo es copiar y pegar. 
Ver: En algún lugar habita un Tesoro y es tuyo

Aún así, en espacios personales y sociales está importando cero si lo que se dice es real o imaginado, si el bulo del día corresponde a una información fiable o basta con el morbo que produce la noticia, si el filtro en la foto destruye la verdadera esencia de una figura humana o de un paisaje, si la campaña política se basa en mentiras y en denigración del contrincante, si se sacan a la luz intimidades de tal o cual famoso, si se cuelgan imágenes o videos personales sin autorización. Parece que diera igual, al fin y al cabo “en la nube todo vale”.

Si se naturalizan estas prácticas tal como está sucediendo en la actualidad, no podemos esperar que se erradiquen otras que generan tanta preocupación, como es cualquier tipo de ciberacoso. Y tampoco avanzaremos mucho en lo que con tanto ahínco reclamamos relativo a la solidaridad, la equidad, la calidad en la educación o la importancia del trabajo en equipo.

Se llama Plaga Emocional

Algunos de estos comportamientos en la red parecen inocuos e incluso como hemos visto, abiertamente permitidos. Esta normalización del abuso me recuerda las palabras de Wilhelm Reich, cuando hablaba de una especie de epidemia que “se manifiesta en el vivir social” como una cojera de la que ya ni cuenta nos damos. Se refería a la “plaga emocional”, a la que dedica un capítulo entero en su libro El Análisis del Carácter.

No darnos cuenta significa que necesitamos aprender a percibir la plaga emocional en nosotros mismos, porque una de sus características es precisamente la de justificar prácticas injustificables. Decía Reich:

Característica esencial de la plaga emocional es que la acción y la razón dada para ella nunca son congruentes. El verdadero motivo siempre se encubre y se lo reemplaza por un motivo aparente. –W. Reich

Un ejemplo muy común es el que estamos tratando, cuando alguien proclama que “hay que entrar en el mundo competitivo de las redes y lograr los primeros puestos en los buscadores porque soy listo, moderno, inteligente y merezco que me vea todo el mundo”, cuando entre líneas podría leerse: “siento envidia y miedo de desaparecer, de que me ganen, me adelanten, me quiten, y para que eso no suceda debo entrar a toda costa en el juego de la competitividad”.

narcisismo o autoestima de la debilidad al ser
Quien goza de autoestima cuenta con un escenario interno de claridad, consistencia y definición del ser. 
Ver: Narcisismo y Autoestima, de la debilidad al ser

Pero así, con justificación y coartada social…

El individuo atacado por la plaga elude toda responsabilidad y en especial toda tarea que implique paciente persistencia. Quizá sueñe con escribir un libro importante, con realizar un cuadro extraordinario, con trabajar en una granja; pero como es incapaz de trabajar, evita el desarrollo orgánico, paso a paso, inherente a todo proceso de labor. –W. Reich.

Esto lo escribió Reich en el año 1933, pero parece que se refiriera al día de hoy con su afán de logros inmediatos en la compleja red virtual.

Como vemos, internet nos ofrece diversas maneras de aportar pero también de dañar. Es una metáfora de nuestra sociedad, tanto que hay quienes eligen vivir a través de la pantalla una vida que afuera parece demasiado complicada. Y aquí, con la ilusión del control total y al no tener necesidad de exponerse a la retroalimentación cara a cara con los demás, es muy fácil dejar salir acciones destructivas sin necesidad de pasar por la razón ni de asumir las consecuencias.

Porque no solo se trata de algoritmos, robots, fórmulas o estrategias. Como en nuestra vida práctica, cada acción en el mundo virtual llega a alguien, cada enter, cada me gusta o me disgusta, cada noticia que compartimos, cada click afecta a alguien como un efecto mariposa del que hacemos parte, seamos o no conscientes de ello.

Si de verdad queremos existir, en vez de destruirnos traslademos una ética a ese mundo invisible y a la vez lleno de contenido. El hecho de pasar gran parte de nuestro tiempo en la nube, nos hace aún más vulnerables y por lo tanto más necesitados de cuidado mutuo.

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