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La Trampa de los Deseos

La trampa está en poner a algo o a alguien en el lugar de la meta del deseo, buscando satisfacciones inmediatas para producir alivios transitorios

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Me pregunto cuántas veces en un día expresamos nuestros deseos. Ojalásuceda algo, me llame alguien, consiga esto… en la expectativa de obtener lo que creemos que nos dará bienestar, alegría, libertad, paz. 

En general percibimos este estado maravilloso fuera de nosotros, en forma de objeto o de experiencia y más de una vez implica la presencia (o ausencia) de otra persona, que además tendrá sus propios deseos y expectativas. 

Me pregunto también si el deseo hace parte del proceso de evolución personal o si por el contrario es uno de los motivos de insatisfacción de tantas personas que sienten la vida como un constante fracaso, al no ver realizados sus sueños. 

Deseo… ¿Qué, cómo, por qué?

Yo no le veo nada de malo a desear. Me parece que da color a la vida y que motiva a seguir andando los caminos. No estoy peleada con la esperanza ni con la alegría de unas cuantas fantasías. 

Pero también creo que todo depende… Depende de lo que deseamos, de nuestros motivos y también de la forma de desear. Porque no basta solo con querer algo para tenerlo, porque las cosas no se dan solo porque lo merecemos o porque somos quienes somos. Porque no tenemos una lámpara de Aladino esperando a ser frotada… porque tampoco hay que tenerla. 

Entonces depende de lo que deseamos y también de nuestra forma de desear. Y aquí es donde el inestimable aporte de la psicología nos da luces:

Llegamos al momento del deseo con una historia detrás y ahí ponemos nuestra experiencia de toda una vida, reflejando un adecuado desarrollo psicoafectivo en nuestros primeros años, o por el contrario nuestras carencias, miedos e inseguridades por resolver

Porque los deseos van más allá de los objetos concretos y no tienen nada que ver con el simple hecho de necesitar algo, comprarlo y aprovechar su funcionalidad. Cuando los afectos están implicados, los deseos actúan como metáforas de nuestro mundo interno, como formas de repetir o de experimentar por una vez sensaciones placenteras muy antiguas. 

¿Dónde está la trampa del deseo?

La trampa está en poner a algo o a alguien en el lugar de la meta del deseo, buscando satisfacciones inmediatas para producir alivios transitorios. 

Queramos o no, entendamos o no, la posibilidad de que un deseo se cumpla depende de muchos factores que están más allá de nuestra voluntad. Está la realidad, es decir que están los otros. Está el espacio propicio y el momento que hace algo viable o inviable. Incluso está la conveniencia o inconveniencia de que ese deseo se haga realidad, de lo cual, por cierto, uno se da cuenta después… posiblemente cuando el deseo ya se haya esfumado. 

¿Quién decide sí o no, cuándo, dónde, cómo? Algunas veces nosotros, otras veces todo… menos nosotros. Porque hablamos de un deseo, no de un plan ni de un derecho así que no basta con decidir o exigir que ese deseo se nos cumpla. 

Es posible caer en la trampa de una búsqueda incesante de la satisfacción de los deseos, disponiéndose a sacrificar lo que sea con la falsa ilusión de colmar nuestras ansias, claro está, siempre que podamos pagar el peaje hacia la felicidad anhelada.

Así es como los deseos por el éxito, la belleza, la popularidad, el dinero o las experiencias extraordinarias nos pueden llevar a la deriva, aferrándonos a ellos y convirtiéndolos en obsesiones hasta conseguir precisamente lo contrario: un calvario, una colección de desagradables insatisfacciones. 

Lo mismo sucede con las relaciones. Es muy conocido el caso de sentirse tan “enamorado” de alguien, que el ansia de ser correspondido se parece demasiado a la convicción de que se le puede controlar y poseer. Ya sabemos hasta dónde puede llegar el grado de toxicidad de una relación con estos ingredientes y más cuando se ampara en la justificación del “todo por amor”. 

A veces lo que engancha no es la ilusión porque el deseo se haga realidad. Es más, pasa a menudo que cuando se consigue lo deseado, precisamente en ese momento deje de ser deseable. Entonces a veces, lo que engancha es el simple hecho de mantenerse en la expectativa, en el constante anhelo de algo o alguien que supuestamente llegará: un viaje, un logro, una persona, una cosa que cuando llega… si llega… representa solamente el comienzo de un nuevo deseo. 

Entonces no creo que se trate de no desear, de mantenerse en el lado oscuro de la película en plan nihilista pensando que todo va fatal, que es imposible estar mejor o que ilusionarse es de ingenuos y subhumanos 

Se trata de asumir nuestros deseos contando con nuestras riquezas pero también con nuestras carencias. Se trata de conocernos para poder detectar nuestros verdaderos motivos, así como nuestras posibilidades y nuestros límites. Se trata de nuestro grado de tolerancia a la frustración, de nuestra capacidad de placer, del equilibrio entre tomar y soltar, dar y recibir… se trata de nuestra capacidad para fluir con la vida.

Y eso es lo que DESEO hoy para ti… que tengas, que recuperes la capacidad para fluir con la vida.

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