Las Relaciones Sectarias: De la Necesidad a la Dependencia

Según cuentan las noticias, existe actualmente un aumento de adeptos a diferentes grupos sectarios que prometen soluciones milagrosas a todo tipo de dolencias humanas, ya sean éstas físicas, emocionales, espirituales o relacionadas con las carencias económicas, tan frecuentes actualmente. 

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Están las sectas que todos conocemos por sus extremas consecuencias, y a las que la mayoría creemos estar convencidos de no caer en sus redes. Muy llamativas por sus actividades poco convencionales y por sus implicaciones en la salud mental, llegan incluso a disparar episodios psicóticos o actos suicidas. Los casos extremos son muy conocidos por lo espectacular de sus características, y porque llevan mucho tiempo sucediéndose en todas las coyunturas históricas. Pero con el paso del tiempo, las sectas ya no se limitan a los grupos clásicos, sino que pueden presentarse de otras formas menos extravagantes, ya sea como asociaciones civiles, culturales, grupos científicos, religiosos, filosóficos, políticos, terapéuticos, etc.

No es la ideología lo que las caracteriza sino el fomento de relaciones de dependencia, devoción y dedicación plena al pensamiento que promulgan, representado por un líder, dotado de un supuesto talento especial, don o conocimientos superiores.

Según la Asociación Internacional de estudios Sectarios (ICSA), en España participan unas 370.000 personas en aproximadamente 100 grupos sectarios existentes. Relacionan los motivos de un rápido crecimiento en los últimos años, con la situación desesperada de muchas personas que acaban confiando en la seguridad que les ofrecen y en la posibilidad de un futuro mejor. Estos movimientos actuales no captan adeptos en la calle sino mediante un amigo o un beneficio atractivo como puede ser un empleo o un tratamiento de salud, por ejemplo. Han cambiado su forma de vestir, sus posturas e incluso sus discursos, pero el objetivo sigue siendo el mismo: dominar a las personas y obtener dinero y poder. El problema no está en las ideas, sino en las prácticas basadas en la ocultación, el engaño y el control, violando así los derechos y la dignidad de las personas. Un estudio interesante para profundizar en este tema, está en el documento “Las sectas del nuevo milenio“, de Manuel Carballal, publicado en la Revista Más Allá, Nº233.

Parece ser que la mayoría de las personas que se vinculan, lo hacen en momentos de crisis (ruptura de pareja, duelo, paro, soledad, estrés intenso, crisis vital, etc), situaciones de mayor vulnerabilidad a las ofertas de sanación rápida e infalible, junto con la oportunidad de satisfacer necesidades vitales como la pertenencia a un grupo basado en la amistad, la fraternidad y la solidaridad.

La  persona acude con la sensación de conectar con algo diferente, de ser parte de un proyecto importante, de pertenecer a un grupo, o de que su vida tome algún sentido. Incluso, inicialmente, puede haber un cierto grado de beneficio personal, pues efectivamente disminuye el nivel de sufrimiento, y es ahí cuando esa aparente seguridad que se le ofrece se mezcla con prácticas manipuladoras, atentando contra la individualidad y la capacidad crítica, mediante la creación de la relación dependiente con el grupo y con el líder.

La situación de dependencia tiene que ver con una necesidad acentuada de ser cuidado,  que provoca actitudes de sumisión, temores de separación, dificultades para tomar decisiones cotidianas sin ser reafirmado, necesidad de que otros se responsabilicen de los asuntos propios y dificultades de expresar el desacuerdo por temor a no ser aprobados. Es común que la persona que ingresa a este tipo de movimientos se aísle de su red social conocida, para incorporarse al nuevo grupo, buscando aprobación como respuesta a su necesidad de estima.


Los Nuevos Movimientos Religiosos 

Algunos movimientos religiosos, aún sin pertenecer abiertamente a la categoría de sectas, sí pueden compartir características con éstas. Una religión auténtica no obliga, chantajea, enajena, difama ni amenaza, de ninguna manera, llamando traidor a quien decide retirarse. No impone cuotas ni trabajos a cambio de salvación y se limita a transmitir y motivar la doctrina que promulga o a ofrecer un servicio espiritual completamente gratuito, sustentado con donaciones, sin cuotas permanentes ni obligatorias, respetando la dignidad humana.

Estos nuevos movimientos, con tintes sectarios, ofrecen aparentes ventajas que atraen a quienes acuden, ya que a partir de un momento es Dios, o el líder del grupo -que suele ser enviado de Dios- el que va a resolver los problemas. Pero esto no sale tan gratis como parece. Habrá que obedecer su voluntad, que sólo el líder conoce, por supuesto. La desventaja está en que este tipo de relación con Dios y con el líder, favorece el desarrollo de actitudes inmaduras, aumentando la incapacidad para tomar decisiones y asumir sus consecuencias, es decir, para actuar de forma saludable y adulta gestionando la vida con autonomía.

En resumen, una religión sectaria tiene estas características:

  • Es totalitaria y dictatorial y con rasgos intolerantes, bajo la forma de un líder-gurú, utilizando técnicas de manipulación mental y presentándose bajo la forma de asociación o grupo religioso, cultural, social, etc.
  • Exige una excesiva devoción o dedicación a alguna ideología.
  • A través de un sistema de normas estructurado sobre cómo se debe vivir, los adeptos tienden a tomar posiciones esclavizantes para responder a las expectativas de su devoción.
  • La explotación puede ser física, psicológica y/o económica.
  • Induce la creencia de que los maestros y los líderes tienen una buena intención, pues trabajan por eliminar defectos y pecados. Esto hace que los miembros acepten la superioridad, la dependencia y la invasión sobre sus decisiones. Uno de los requisitos para que esto funcione, es que la persona que accede sea incapaz de reconocer alguna mala intención, y esto se consigue con un sistemático proceso de adoctrinamiento.
  • Genera rupturas en diferentes ámbitos, como por ejemplo, con formas de pensar previas, con convicciones anteriores, con relaciones afectivas, etc.
  • Promulga un modelo homogéneo de transformación, sin tener en cuenta las diferencias individuales ni la autonomía personal.
  • Utiliza a las personas, empleando sus capacidades y recursos en beneficio de los objetivos ocultos del grupo.
  • Explota las necesidades y las inquietudes, favoreciendo sentimientos de culpabilidad y miedo al abandono, haciendo creer que los que no siguen el camino, los del mundo afuera, son los culpables de todo mal y están perdidos. En cambio, al ingresar, se estará cumpliendo la voluntad de Dios, superándose, iluminándose y sacrificándose.

El líder, por su parte, suele ser muy carismático y experto en disfrazar sus objetivos con valores culturales o religiosos, identificando la necesidad emocional, psicológica y hasta física de la gente. Para esto, hay que tener ciertos rasgos caracteriales, como una obsesión por el control y un interés extremo en la grandeza, en el poder y en la riqueza, una fuerte necesidad de admiración y aceptación, una convicción de tener la verdad absoluta y una forma de relacionarse basada en la sumisión-dominación y no en la solidaridad y el respeto.

Desde fuera, es fácil darse cuenta de que estos movimientos son, ante todo, un negocio. Así, ofrecen la satisfacción de las necesidades de la gente, y éstas varían según las coyunturas sociales.

El producto tiene que tener propiedades curativas o milagrosas, por lo cual, para  asegurar el éxito hay que ganarse la confianza de los clientes y esto se hace infundiendo idolatría hacia su persona, consiguiendo así eliminar cualquier cuestionamiento o duda.

Para convencer a alguien de ser un representante de Dios, se necesita una estrategia de marketing compleja, y requerirá horas de charlas, meditaciones, mensajes subliminales y sugestiones. Después de esto, al cumplir con las exigencias impuestas, las personas creerán alcanzar sus logros personales, cumplir con su misión y/o realizar la voluntad de Dios.

Es importante aclarar que en estos movimientos se juega con la fe y con la necesidad de evolución personal y espiritual, y no con la inteligencia de las personas. Por eso, estos grupos están plenos de una diversidad humana, ajena a condiciones sociales, económicas, educativas o intelectuales.

El perfil de los adeptos es el de una persona preocupada por encontrar respuestas a sus inquietudes vitales, o alguien que simplemente busca un cambio de vida.

No es de extrañar entonces que, incluso profesionales adeptos, intenten transmitir las doctrinas religiosas a las personas con quienes trabajan, y esto es muy fácil de encontrar en las llamadas profesiones humanas, que tienen la función de trabajar en el mejoramiento de la calidad de vida de las personas. En estos casos se mezclan las opciones personales con la práctica profesional, llegando incluso a extender esta forma de relación sectaria al ámbito profesional, atentando contra la ética y la premisa fundamental de toda relación humana, en cuanto a la defensa de la dignidad y el libre albedrío.

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