Psicoterapia y Dependencia: Una Relación a Prevenir

Parece difícil, en una disciplina en la que justamente es lo psicológico el centro de atención, determinar cuando se está en una relación de dependencia perversa y cuando se está en un proceso psicoterapéutico. Pero con algunos criterios claros se puede detectar el beneficio real o el perjuicio al acceder a un tratamiento psicoterapéutico, y la clave está en la relación.

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En las últimas entradas de este blog me he referido especialmente a los movimientos religiosos con características sectarias, sin olvidar, por eso, lo que me afecta profesional y personalmente: el campo de la psicoterapia. Como he comentado en otros apartados, la psicoterapia es un proceso de comunicación que tiene el fin de generar cambios de actitudes, comportamientos, percepciones y vivencias de emociones, buscando con ello un equilibrio que se manifestará en lo biológico, en lo psicológico y en lo social. Esto puede querer decir muchas cosas, cuando entramos en el ámbito de lo humano, del sufrimiento y de las emociones.

Con esta base, resulta posible que aún en este campo exista el riesgo de entrar en formas perversas de relación cercanas a lo sectario, y lo es cuando algunas llamadas psicoterapias utilizan métodos parecidos a los de las religiones para captar adeptos, compartiendo el/la terapeuta rasgos caracteriales parecidos a los de los líderes. Recordemos la descripción expresada en Las Relaciones Sectarias: De la Necesidad a la Dependencia:

“El líder, por su parte, suele ser muy carismático y experto en disfrazar sus objetivos con valores culturales o religiosos, identificando la necesidad emocional, psicológica y hasta física de la gente. Para esto, hay que tener ciertos rasgos caracteriales, como una obsesión por el control y un interés extremo en la grandeza, en el poder y en la riqueza, una fuerte necesidad de admiración y aceptación, una convicción de tener la verdad absoluta y una forma de relacionarse basada en la sumisión-dominación y no en la solidaridad y el respeto”.

Parece difícil, en una disciplina en la que justamente es lo psicológico el centro de atención, determinar cuando se está en una relación de dependencia perversa y cuando se está en un proceso psicoterapéutico. Pero con algunos criterios claros se puede detectar el beneficio real o el perjuicio al acceder a un tratamiento psicoterapéutico, y la clave está en la relación.

Para explicar esto, me han parecido bastante claros los puntos que resalta Delphine Guérard en su artículo “Pratique sectaire et dérive de psychothérapies: le phénomène des faux souvenirs“, publicado en la revista  Le Journal des psychologues, (Dic.2008-Ene.2009).


Desde su punto de vista, las prácticas psicoterapéuticas sectarias tienen estas características:

  • El terapeuta tiene demasiado poder, si no absoluto, adoptando una posición intervencionista y justiciera.
  • Se requiere la ruptura con la red social anterior (familia, amigos), identificada con la ausencia de autonomía.
  • La teoría no constituye un conjunto de hipótesis a comprobar, sino que lo que explica todo y sirve para solucionar todas las dificultades.
  • Las intervenciones invaden la psique con intervenciones sin precaución ni delicadeza.
  • El paciente se transforma en un objeto y se encuentra en una posición alienante, sin liberación posible.

Así pues, no estamos exentos, tampoco en el campo de la psicoterapia, de establecer este tipo de relaciones patológicas, que no sólo hacen daño sino que impiden precisamente lo que la disciplina pretende conseguir: la salud mental, el equilibrio y la posibilidad de que las personas tomen el timón de su vida y la gestionen con salud. Por esto es que se hace cada vez más imprescindible que los psicoterapeutas pasemos por un proceso terapéutico antes de ejercer la profesión, y que tengamos un permanente apoyo psicológico y profesional de calidad, con seminarios y supervisiones que nos prevengan de este tipo de situaciones.

Recordemos que la Psicoterapia es un proceso de acompañamiento, y que existe una variedad de corrientes que basan su técnica en un pensamiento o una forma de percibir la vida. Pero la persona es en todo momento la dueña y responsable de su proceso, y no un objeto de adoctrinamiento sobre supuestas formas totalitarias y absolutas, para la satisfacción de un terapeuta interesado en alimentar su poder o su cuenta del banco.

Por su parte, quienes acuden a una psicoterapia, aún en procesos de crisis, sufrimiento o enfermedad, siguen siendo sujetos activos y protagonistas de su vida, con lo cual pueden hacer uso de sus propios criterios, empezando por el de la posibilidad de mantener su autonomía para decidir y elegir sus relaciones de apoyo. Para profundizar sobre estos criterios, sugiero revisar el apartado de este blog: ¿Con quien hacer una Psicoterapia?

Y tú... ¿Qué piensas?

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