De Amores y Distancias

Entre la Añoranza y el Reencuentro

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El amor vivido, anhelado y temido tantas veces, reclama la cercanía por sobre todas las cosas. Es en la experiencia del contacto y en la convivencia con la persona elegida, donde se supone que se puede construir una relación amorosa, sobretodo si se tienen intenciones de crear una pareja.

Pero como las cosas del amor a veces van por otros derroteros que nada tienen que ver con la lógica, resulta que una gran cantidad de personas experimentan el amor en la distancia, en el que se mezclan la intensidad del sentimiento con la nostalgia y la esperanza del reencuentro.

Si nos ubicamos en el lado de la sensatez, está claro que el amor a distancia puede resultar más un quebradero de cabeza… y de corazón, que la posibilidad de un proyecto de estabilidad. Es así como la psicología más elemental evidencia los inconvenientes de este tipo de relaciones ya que la condición básica es radical: si no hay convivencia no se puede hablar de pareja. Punto.

Pero si nos sumergimos en unas cuantas historias reales de parejas que han apostado por la permanencia, aún en la distancia, y al final del camino se consideran satisfechas, tenemos que aceptar que existe una especie de fuerza que rompe toda evidencia y radicalidad, afortunadamente, y que el mundo emocional es un terreno muy esquivo a las ciencias que pretenden darlo todo por sentado. Ahí está su belleza y su arte.

Mi intención no es justificar una u otra opción. Si eres un/a lector/a asiduo/a al blog sabrás que los artículos aquí publicados se basan en la reflexión, dejando puertas abiertas a diferentes interpretaciones de los temas que se tratan. Pero sí hay una intención clara y es la de encontrar un equilibrio entre los temas de interés actual y la salud emocional, que en últimas es el objetivo del trabajo psicoterapéutico. Vamos, entonces, a buscar ese equilibrio.

Encontrar a una persona con quien emprender un camino común a largo plazo parece cada vez más difícil, tomando en cuenta el ambiente de confusión que acaba dificultando la confianza, el apego y el compromiso. De pronto, después de algunos tropezones, encuentras a esa persona “ideal” con quien compartes risas, historias, lugares y momentos, enamorando hasta el último poro de tu cuerpo, como no sucedía desde hace tiempo, si es que alguna vez había pasado. El único inconveniente es que esa persona se encuentra a varios miles de kilómetros. Sin embargo, a veces sin pensarlo, optas por embarcarte en la vivencia intentando compensar las ausencias con rituales de comunicación posibles.

La tecnología, por su parte, se ha hecho cómplice de los amantes a distancia ofreciendo cada vez más alternativas bastante asequibles en formas y precios, y permitiendo acortar esa distancia o, al menos, crear la ilusión de que tú y la otra persona se encuentran menos lejos.

Así, se llega a crear una especie de convivencia virtual, con todo su contenido en la expresión del afecto, en las discusiones, en los acuerdos, en los momentos compartidos y hasta en la expresión de la sexualidad, característicos de las relaciones más típicas. Incluso, a diferencia de estas últimas, las relaciones a distancia pueden verse fortalecidas gracias a la falta de obviedad, que muchas veces carcome el amor de las demás.

Por esto, los momentos de encuentro virtual o los viajes de vacaciones, puentes y fines de semana que renuevan los lazos, son apreciados como tesoros que poco tienen que ver con los años que se pasan despertando cada día para presenciar la previsible rutina de la pareja. Y, yendo un poco más al medio día, al atardecer o a la noche, existe una gran diferencia entre las anécdotas que se acumulan en una jornada de trabajo, compra, facturas y compromisos para la organización de la vida en común y las que se van eligiendo cuidadosamente para contar al ausente cuando “por fin” llegue el momento de retomar el contacto.

Entonces, puede ser que las relaciones a distancia permitan más frescura, creatividad, emoción o misterio que potencien una especial intimidad. El enamoramiento se prolonga y los encuentros ocasionales suelen resultar de una excelente calidad, dando cada uno lo mejor de sí mismo en actitudes, ideas, conversación, disposición sexual, aptitudes gastronómicas, etc.

Todo esto tiene su parte de encanto pero también de peligro y es que, al no tener la oportunidad de conocer a tu pareja en la cotidianidad corres el riesgo de idealizar, tanto a la persona como a la relación, y hay quienes llegan a creer que así se puede vivir por mucho tiempo… o siempre.

Es fácil quedarse, aquí también, en la comodidad que surge de la costumbre, paradójicamente. ¿La costumbre de qué? Del anhelo y de un permanente “estar a punto de llegar”, esperando el momento propicio para el encuentro definitivo.

Pero hay que tomar en cuenta que, aunque esa persona constantemente ausente y deseada sea el eje de tus pensamientos, no lo es para tus amigos, familia o colegas y es difícil, y a veces doloroso, comprobar que por más esfuerzos que hagas en mantenerla presente también para los demás, te escucharán con paciencia y seguramente te desearán lo mejor, pero tarde o temprano te harán ver que la vida y obra de tu amante ausente no es una prioridad para ellos, como lo es para ti. Ahí es donde te sentirás como un/a marciano/a.

Quiero decir que esto te pone en una situación algo difícil y corres el riesgo de retirarte poco a poco de la vida social con la que te identificabas. Y es comprensible porque, seguramente, no cambiarías por nada esos 30 minutos en Skype o ese par de horas mensajeándote con la persona que te interesa más en el mundo y a quien nadie puede sustituir, por más bien que te lo pases cuando sales de marcha con los amigos y amigas que viven cerca.


Amores a distancia y Salud Emocional:

El encanto de ese/a otro/a inaccesible frecuentemente se mezcla con el anhelo y con cierta dosis de sufrimiento. Muchas veces te habrás sentido como una persona muy especial por estar viviendo esta experiencia. Y también es posible que achaques a la distancia todo lo mejor y lo peor de la relación. Y hablando de lo peor, te recuerdo que no todas las relaciones a distancia se rompen, y no todas se acaban por la distancia. Aunque la forma sea una excepción en tu experiencia de relaciones, puede haber factores parecidos a los de las demás, en los que entran en juego las dinámicas emocionales de cada uno, en lo que tiene que ver con la comunicación, la gestión de la autonomía, las afinidades, los celos, las dependencias, etc. A todo esto, suma la distancia.

Entonces el amor a distancia, que sabe tan bien esquivar la cotidianidad con su monotonía, no está a salvo de las trampas del carácter, que en muchas ocasiones se exacerba precisamente por la imposibilidad de mantener cierto control y vigilancia, a quienes lo necesitan, o de ser constantemente reafirmados, si es eso lo que aporta el equilibrio. Ahí están, burlándose de ti cada vez que escuchas esas vocecitas interiores que te remueven los celos o la inseguridad, y que te ponen a patinar en los suelos movedizos de la incertidumbre. Excelente experiencia, si la aprovechas para revisar las tareas emocionales pendientes.

Hay otros sentimientos muy comunes que también son interesantes de asumir, como la frustración y el enfado por esa sistemática insatisfacción de los deseos. Esto es totalmente comprensible cuando te das cuenta de que las personas (no solo tú) necesitamos ser vistas y reconocidas, siendo la pareja uno de los referentes más importantes, dado el grado de intimidad que supone.

Si estás en una relación a distancia de cierta duración, te habrás visto pasando del optimismo al pesimismo unas cuantas veces al día, e intentando dominar los altibajos del ánimo que pueden haberse instalado como norma en tu dinámica cotidiana.

Esto es muy común cuando hay expectativas de convivencia que naturalmente no se pueden actualizar en el contacto directo y que, si no se aclaran a tiempo, pueden generar un sufrimiento realmente innecesario o la ruptura de la pareja, que con una decisión tomada a tiempo hubiera podido desarrollar una relación saludable.

Con todo su encanto y su belleza, las relaciones a distancia también contienen miedo, inseguridad, confusión, frustración, enfado, desazón o tristeza. Comprender, aceptar y gestionar estas emociones de forma individual y en el interior de la pareja, ayudan a generar un contorno relacional fuerte, hasta el punto de romper las fronteras necesarias para enfrentar el amor, también en la cercanía si es lo que se desea.

De cualquier manera, tanto si el amor a distancia se convierte en una relación de convivencia, como si se disuelve dejando una huella imborrable, la experiencia es única, intransferible y de un valor incalculable para la vida. Porque aunque no haga parte de los rígidos tratados de la ciencia, sólo unos pocos arriesgados pueden repetir en voz alta lo que escribió el poeta Dough Fetherling: … “Su ausencia no me ha enseñado a estar solo, sino que simplemente ha demostrado que cuando estamos juntos hacemos una sola sombra en la pared”.

Un comentario en “De Amores y Distancias

  1. EXCELENTE.

    Gracias por compartirlo Maria Clara.

    Luis Pérez Ponce

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