Adicción al Juego… Y Todo sin salir de Casa !!

En este preciso momento, miles de personas estarán pensando en cómo podrán cubrir sus gastos cotidianos cuando las oportunidades para ganarse la vida con un trabajo son cada vez menos frecuentes, además de lo que supone para el estado emocional.

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Mientras esto sucede, hay quienes se llenan los bolsillos ofreciendo en los medios de comunicación salidas fáciles e inmediatas por medio del negocio de las apuestas.

Dentro de las llamadas adicciones invisibles, la ludopatía, es decir, la adicción al juego es una de las más preocupantes actualmente ya que su aumento parece estar relacionado con la crisis económica, que nos ha encontrado posiblemente distraídos, o poco preparados en lo que a las habilidades personales se refiere. El juego parece estar siendo, para algunas personas, una estrategia sedante, teñida de otros aspectos aparentemente atractivos como la posibilidad de ganar dinero intentando convertir el azar en un aliado contra el hastío y la desesperación. Jugar no es una enfermedad, convertirle en una compulsión, progresiva y crónica, sí lo es.

Como hemos visto en otro artículo de este blog, Adicciones invisibles, “la adicción al juego se caracteriza por la incapacidad de autocontrol y la consecuente alteración en las otras áreas de la vida (familia, estudio o trabajo, relaciones sociales, etc.). Como en otras adicciones, las personas sienten que son incapaces de dejar de jugar, aún cuando desearían hacerlo. Y cuando el dinero está presente, la cosa se complica pues se crea un círculo vicioso, gastando más de lo planeado, para luego intentar -mediante el juego- recuperarlo y seguir jugando incluso cuando se ha perdido todo“. Es decir, se crea una rueda infinita difícil de romper cuando se van sumando deudas y cuando el control de los impulsos deja de ser parte del dominio personal.

Me llama la atención especialmente el aumento de las ofertas para acceder a los juegos y apuestas online, y más aún me sorprende la carencia total de limitaciones a la hora de atraer clientes por la publicidad en los medios de comunicación. Solo hace falta sentarse a ver la televisión un rato, a cualquier hora, para recibir una gran cantidad de estímulos que invitan a jugar, con el atractivo extra de un saldo a favor de jugadores primerizos, creando la sensación de que se empieza ganando. ¿Quien no se lo ha pensado cuando le ofrecen una buena cantidad de dinero sólo por entrar a una página de internet, y además para jugar? Por su parte, las apuestas deportivas hacen lo suyo, inundando la pantalla de posibilidades para “sacar partido” también a un merecido momento de entretenimiento.

Pero lo más grave es que, a pesar de las reiteradas llamadas de atención por parte de psicólogos especialistas en adicciones, no parece haber ningún interés por controlar esta publicidad creciente, sino que, al contrario, se aplaude la propuesta de montar un casino para el lucro de unos pocos, a costa de la salud general.

Pongámonos en el lugar de un joven que ve cómo su futuro carece de oportunidades, cuando a la vez se le está ofreciendo la posibilidad de ganar una cifra considerable, si la suerte le acompaña, que no aspira a ganar trabajando. Qué fácil resulta entonces jugar una sola vez, o dos, o más, cada vez más si, de todas formas trabajando no lo va a conseguir. Y todo sin salir de casa, aunque se quiebren las relaciones familiares y sociales. Parece ser más atractiva en ese momento la sensación de controlar algo, aunque ese poder sea sólo un espejismo.

Inestabilidad, precariedad laboral, pocas esperanzas de cambio en un momento de incertidumbre que llega al extremo, deudas y una posible rápida solución que ayuda a evadir la angustia de no encontrar salidas apropiadas, son el caldo de cultivo para que cada vez más personas accedan a estas ofertas con la ilusión de un golpe de suerte, engordando así estos negocios que no parecen estar padeciendo las consecuencias de la crisis, sino más bien, haciendo buen uso de ésta.

Pero el problema no se concentra sólo en los jóvenes, aunque es un grupo especialmente en riesgo. Hombres y mujeres adultos también son susceptibles de caer en este tipo de espejismos apostando y jugando a la suerte compulsivamente, y parece haber diferencias de género en cuanto a las motivaciones. Según algunos estudios, los hombres son más sensibles a la necesidad de elevar sus ingresos, liberar la tensión, experimentar poder y evadirse de las dificultades por este medio, mientras que las mujeres son más susceptibles al estímulo adictivo cuando sufren por problemas emocionales como baja autoestima, dependencia afectiva o soledad, suponiendo el juego una evasión de sus problemáticas más cotidianas.

Sin embargo, independientemente del género o de la edad, como era de esperarse todo va más allá de lo económico. Como en otras adicciones, el proceso individual es más complejo que ganar o perder dinero y tiene que ver también con la emoción expresada en la excitación por el riesgo y en la búsqueda del placer, tan difícil de encontrar últimamente en la vida cotidiana, que hace que cada vez más se sienta el deseo de jugar, aún a costa de las pérdidas económicas y de las consecuencias personales, laborales, sociales y familiares.

La adicción al juego no se reduce a lo individual. Es un problema social y, por esto, la denuncia y la información continua y eficaz sobre sus implicaciones es fundamental en todos los ámbitos educativos, de salud y culturales. La prevención es la mejor arma contra la enfermedad, en cualquiera de sus manifestaciones, y no se está haciendo ningún favor a nadie patrocinándola, mientras se ignoran los estragos que está suponiendo en los ámbitos particulares y colectivos.


La Psicoterapia en la adicción al Juego

El tratamiento psicoterapéutico de la adicción al juego es parecido al de las otras adicciones, y consiste principalmente en examinar las causas que lo han producido, para luego poder establecer pautas de comportamiento más saludables y acordes con la naturaleza del ser humano.

Como hemos visto, en el fondo de esta conducta adictiva se encuentra una gran cantidad de emociones, necesidades y dificultades que encuentran su vía de escape por este medio. En este sentido, la adicción vendria siendo “simplemente” un síntoma, y no está aislado de la complejidad biológica, psicológica y social.

Por esto, la psicoterapia aborda, no solamente lo que se ve, sino también lo que ha permitido que una conducta determinada se desarrolle, cuando esta conducta permite que la persona pierda el control de su propia capacidad de elegir.

Recuperar la funcionalidad natural del sistema psicobiológico para dar lugar a la sana gestión de las emociones y para reforzar la capacidad de afrontamiento de las dificultades, es una tarea terapéutica capaz de desactivar los hilos que conducen a la adicción. Después de este trabajo, será realmente posible el cambio hacia hábitos más saludables y consecuentes con la libertad humana. 

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