Fracasa Otra Vez, Fracasa Mejor

Porque equivocarse está incluido en el proceso de construirse

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Algunas veces el día que comienza parece una gran montaña por escalar. La exigencia de hacer mil cosas en pocas horas, y además bien hechas, hacen que el final de la jornada se convierta en un cúmulo de lamentos por lo que no se hizo, o de miedos por lo que el otro hizo mejor.

Vivimos a un ritmo acelerado y la vida moderna nos propone cada vez más retos. Producir lo máximo en el menor tiempo posible es una de las expectativas que se imponen en los diferentes espacios educativos, laborales e incluso afectivos. Se valora a quien saca las mejores notas, a quien hace el trabajo de dos o de tres cobrando el sueldo de uno. A quien sabe lo que quiere en cada momento y a quien toma decisiones acertadas para todo. A quien tiene su casa inmaculada, a quien consigue comprarse una casa y un coche a los treinta años, a quien se saca la medalla de honor como el mejor amante y a quien supo encontrar a la pareja perfecta al primer intento

Es decir, se valora la mentira, la hipocresía, la falsa perfección -porque la perfección es siempre falsa- y el mínimo asomo de riesgo se queda relegado a los llamados “perdedores”.

Con frecuencia se olvida que equivocarse está incluido en el proceso de construirse. Y este olvido está generando un ambiente de estrés crónico en las personas y en las sociedades que han caído en la trampa de la productividad medida en tiempo y en dinero, creando máquinas en vez de seres humanos.

La desconfianza, el miedo y la inseguridad son el pan de cada día. Y ¿cómo no? Si la idea es no fracasar nunca, no queda más remedio que no-vivir.

Creo que no hace falta extenderme en las consecuencias que esto tiene en las personas. Es suficiente con ver las miradas vacías o los hombros cansados y doloridos de cargar con tanto peso. Con las quejas cotidianas de mujeres y de hombres que buscan a tientas la autoestima que se les perdió por el camino, o la angustia de quienes viven intentando llegar a no sé donde y no poder, constantemente amenazados y presionados con cumplir objetivos muy distantes al sentido común.

Los procesos no son lineales, como nos gusta pensar. No empezamos de cero para iniciar un cronómetro ascendentemente como si se tratara de algo lógico y seguro. Por lo tanto, fracasar tampoco debería ser un drama. Al contrario, sería más interesante aprovechar la experiencia del fracaso lo máximo posible, como una oportunidad de oro para saber en donde hay que rehacer o recrear lo hecho. Porque no se trata de vivir sumido en el fracaso, ni mucho menos, sino de saber captar la valiosa información que se nos está dando cuando las cosas no salen como se supone que deberían salir.

Todo, desde el aprendizaje del 2+2=4, hasta las cosas del amor, necesita de un proceso para ser introyectado como saber. El niño, la niña que empieza a andar no se levanta un día a hacer footing. Se cae, se levanta y continúa intentándolo hasta que su cuerpo está listo y ya sabe cual es el mecanismo para conseguir la acción que le permite ir de un lugar a otro caminando.

A veces, como adultos, no pensamos en todo lo que ha costado llegar a donde estamos. Porque por mal que le haya ido a uno en la vida, algo ha conseguido, ¿no es así? Y esto tiene que ver también con que, con tanto que hacer, obviamos respetar el tiempo para detenernos a contemplar lo conseguido y a proyectar lo deseado, sino que fácilmente nos dejamos llevar por el eterno reto de estar más allá de lo que los propios límites nos permiten.

Decía Samuel Barclay Beckett:

“Da igual, Prueba otra vez. Fracasa otra vez. Fracasa mejor”

El éxito, entonces, no consiste en romper los récords de los más listos o los más rápidos. Tal vez consiste en saber aprovechar los fracasos para crear otras formas de hacer las cosas. Probar y fracasar, volver a probar y fracasar de nuevo, hasta cuando sea necesario, resulta siendo una vía de conocimiento y, sobre todo, de autoconocimiento, con un valor incalculable y con una cualidad intransferible, que tiene todo que ver con la salud física y emocional, así como con la ligereza y la alegría de vivir.

Un comentario en “Fracasa Otra Vez, Fracasa Mejor

  1. Me ha gustado mucho el artículo. Breve, sintético y de calado mensaje

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