Que no me quiten el F√ļtbol… que no me roben la Consciencia

La competencia, la colaboración, la injusticia, la violencia, la ética, la perseverancia y/o la ambición están constantemente en juego

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Me gusta el f√ļtbol… o tal vez no es el f√ļtbol lo que me gusta, sino el poder que tiene de distraerme y de trasladarme a otros lugares y a otros tiempos, mientras la magia contagiosa del baile, del proceso, del juego, del gol, o del casi gol, se impregna en las voces y da la sensaci√≥n de estar perteneciendo a algo.

S√≠, me distrae el f√ļtbol y adem√°s me relaja. Pero eso no quiere decir que se me quemen las neuronas mirando hipnotizada el movimiento de una pelota sin sentido. En realidad, algo de trampa hago ya que aprovecho, a veces en secreto, la oportunidad de presenciar en muy poco tiempo un claro ejemplo de diversas din√°micas cotidianas de la convivencia humana.

La competencia, la colaboración, la injusticia, la violencia, la ética, la perseverancia y/o la ambición están constantemente en juego y esto está exento de cualquier diferencia de culturas, de clases sociales o de razas.

Me llama especialmente la atenci√≥n c√≥mo la percepci√≥n suele tomar formas diferentes seg√ļn las conveniencias del momento.

As√≠, como la vida misma…

El que era malo ayer de pronto se volvió bueno.

El negro africano¬†que vino a quitarle el trabajo a no s√© quien, o el chocoano que “parece un mono” de pronto se convirtieron en dioses y salvadores.

El violento que no sabe ganar si no le pone una zancadilla al contrincante, tuvo toda la raz√≥n y no s√≥lo se le perdona el “despiste”, sino que se le alaba por ser tan listo.

El técnico que ayer iba a sacar al equipo del anonimato hoy es un don nadie.

El chico poco agraciado que nunca ligaba, pero al que se le daba bien el toque de pelota de pronto se hace rico y famoso y, poco tiempo después, emana un sex appeal antes no descubierto.

La vida tan cara, la crisis, la impunidad de estos tiempos, resultan menos indignantes cuando el equipo favorito gana.


O sea, que cuando el f√ļtbol deja de ser un juego y se convierte, ya sea en una eficaz anestesia social o en una m√°quina de hacer dinero -para los dem√°s, claro est√°- a costa de lo que sea, pierde todo su sentido l√ļdico y se convierte f√°cilmente en otra cosa, que nada tiene que ver con el esparcimiento, la salud o la alegr√≠a. Y ah√≠, sinceramente, el f√ļtbol ya no me gusta tanto.

Eduardo Galeano, en su precioso libro “El f√ļtbol, a sol y sombra”, nos regala esta descripci√≥n en una parte del relato: “Las l√°grimas no vienen del pa√Īuelo”:

“El f√ļtbol, met√°fora de la guerra, puede convertirse, a veces, en guerra de verdad. Y entonces la muerte s√ļbita deja de ser solamente el nombre de una dram√°tica manera de desempatar partidos. En nuestro tiempo, el fanatismo del f√ļtbol ha invadido el lugar que antes estaba reservado solamente al fervor religioso, al ardor patri√≥tico y a la pasi√≥n pol√≠tica. Como ocurre con la religi√≥n, con la patria y con la pol√≠tica, muchos horrores se cometen en nombre del f√ļtbol y muchas tensiones estallan por su intermedio”

Por esto, me gusta que haya ganado Colombia el pasado s√°bado y que nos haya dado tantas alegr√≠as en menos de 2 horas. Me gusta que ese d√≠a se haya montado la fiesta en cada rinc√≥n de Colombia y en Brasil, llegando incluso a contagiar las ganas de bailar a una mujer griega, decidida a superar el mal rato que habr√° tenido que vivir en el partido. Pero no me gusta que al d√≠a siguiente el 50% de los colombianos no haya sentido la misma pasi√≥n para levantarse del sof√° e ir a votar por el presidente que gobernar√° los pr√≥ximos 4 a√Īos. Y tampoco me gusta que el triunfo haya significado 3.000 peleas, 15 heridos y 9 muertos.

En cambio en Espa√Īa la cosa se torci√≥ en el primer partido. Al d√≠a de hoy impera un silencio desconcertante por parte de quienes, hasta hace pocos d√≠as, se proclamaban campeones sin haber movido un dedo, a√ļn. Me gustar√≠a ver feliz a Espa√Īa por sus resultados en el mundial, pero m√°s me gusta leer algunos comentarios en respuesta a las desalentadoras noticias del mundial, recordando¬†que perder un partido es, ahora mismo, mucho menos importante que perder las ganas de recuperar un pa√≠s que est√° tocando fondo.

Me gusta el ambiente trasnacional de un mundial de f√ļtbol que aporta, o deber√≠a aportar, riqueza cultural y amplitud de horizontes. Pero no me ha gustado saber que un joven chino de 25 a√Īos muri√≥ despu√©s de pasarse varias horas sin dormir, motivado por los partidos que esperaba disfrutar.

Me gusta ver los bonitos escenarios de un pa√≠s gigante en belleza como es Brasil. Pero ha sido decepcionante saber que los 11.000 millones de d√≥lares invertidos est√°n suponiendo condiciones de vida para una parte significativa de la poblaci√≥n, que poco tienen que ver con el derroche de estos d√≠as¬†y que se hayan gastado 270 millones en un estadio en el que solo se van a jugar 4 partidos!!¬†Me ha encantado ver en las noticias el acondicionamiento para turistas que se ha hecho alrededor del estadio de R√≠o de Janeiro, hasta que escuch√© en este documental a los habitantes de Provid√™ncia hablar de lo que estaba significando para ellos ser desalojados de sus casas… entre otras cosas.

Despu√©s de esto resulta, aparentemente, m√°s anecd√≥tico que la actriz porno chilena Marlen Doll, prometiera a sus seguidores de Twiter 12 horas de sexo si su selecci√≥n ganaba a Australia¬†y mucho m√°s sencillo a√ļn dar amplia cobertura al ya renombrado gremio de las “wags” (wives and girlfiends of sportsmen) que no pod√≠an faltar para dar el toque machista al negocio.

Y por supuesto, retroceder unos cuantos a√Īos en los avances de prevenci√≥n en salud para abrir la puerta al consumo de cerveza en los estadios parece, despu√©s de todo, una broma o por lo menos una cuesti√≥n muy poco significativa.

Así es como la realidad se puede manipular en favor de intereses políticos e individuales cuyas consecuencias poco parecen importar cuando se acumulan millones contados en dinero. Y así también es como nosotros, espectadores y espectadoras, tenemos la posibilidad de definir nuestro lugar en este juego.

Dice Galeano en el mismo relato citado anteriormente:

“Hay quienes creen que los hombres pose√≠dos por el demonio de la pelota echan espuma entre los dientes, y hay que reconocer que as√≠ retratan bastante bien a m√°s de un hincha enloquecido; pero hasta los m√°s indignados fiscales tendr√≠an que admitir que, en la mayor√≠a de los casos, la violencia que desemboca en el f√ļtbol no viene del f√ļtbol, del mismo modo que las l√°grimas no vienen del pa√Īuelo”

Ya se que soy una aguafiestas. No hemos empezado a disfrutar cuando ya estoy poniendo los peros al espectáculo. La verdad es que a mi esto no me quita la alegría de un rato de esparcimiento viendo jugar a mis equipos favoritos pero, sinceramente, pienso seguir haciendo trampa y ya que tengo dos ojos, con uno veré el partido y con el otro estaré muy atenta a que ese ratito no me robe la consciencia ni la capacidad de darme cuenta, para retirarme tranquilamente cuando la indignación supere el feliz momento.

Una respuesta para “Que no me quiten el F√ļtbol… que no me roben la Consciencia”

  1. Delicioso comentario! Gracias por decir, con tan aparente facilidad, lo que ronda por mi cabeza y la de algunos mas.

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