Y ahora… ¬ŅQuien te va a querer?

Dudaba. A veces pensaba que no pasaría ni un día, ni una noche más al lado de ese hombre a quien, al menos hoy, no quería

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Imagen: Carta “Celebraci√≥n” – Tarot Osho.

Pero los √ļltimos meses hab√≠an sido un mar de dudas, confundi√©ndose entre las opiniones de los dem√°s, llen√°ndose de todos los sentimientos de culpa imaginables y de razones para justificar su resignaci√≥n: que si era una crisis temporal, que si acaso era una caprichosa inmadura, que si √©l era un don nadie, que con ese partidazo de marido que ten√≠a y ahora lo iba a dejar escapar, que se le iba a pasar el arroz, que seguro que no podr√≠a salir adelante sola…

Y con cada reproche que se adjudicaba a sí misma aparecía, cada vez más nítida, esa pregunta que no quería recordar, su mayor miedo, su pánico heredado generación tras generación, mujer tras mujer. Esa pregunta, la que ha tenido -y sigue teniendo- el gran poder de sentarlas durante siglos en la banqueta de la cocina, callar y olvidar. Esa pregunta:

‚ÄúY AHORA… ¬ŅQUIEN TE VA A QUERER?‚ÄĚ

‚ÄúQuien te va a querer‚ÄĚ… ‚Äúahora‚ÄĚ…

¬† ¬† ¬† ¬† ¬† ¬† ¬† ¬† ¬† ¬† ¬† ¬† ¬† ¬† ¬† ¬† ¬† ¬† ¬† ¬† ¬† ¬† ¬† ¬† ¬† ¬† ¬† ¬† ¬† ¬† ¬† ¬† ¬† ¬† ¬†¬ŅAhora?… ¬ŅDespu√©s de que?…

Antes¬†se dec√≠a que las mujeres que hab√≠an ca√≠do en la ‚Äúdebilidad‚ÄĚ del sexo sin estar unidas en matrimonio, hab√≠an sido deshonradas, manchada su inocencia y, por tanto, que ya nadie las iba a querer o a respetar.

Despu√©s de manchar el honor de la familia, las alternativas eran bien pocas y no muy reconfortantes: o se ve√≠a obligada a casarse siempre que el culpable de la deshonra perteneciera, como m√≠nimo, a la misma clase social ¬†-y curiosamente, entre m√°s rico el verdugo menos grave parec√≠a el pecado-, o la met√≠an en un convento evitando as√≠ las habladur√≠as y la verg√ľenza de salir a la calle con una hija impura, o se quedaba la pobre mujer ‚Äúsolterona‚ÄĚ, “vistiendo santos”, cuidando de padres, cu√Īados, hermanos, sobrinos, asistiendo a toda la comunidad, dej√°ndose la vida por culpa de un minuto de placer, si es que lo tuvo.

Menos mal, se dec√≠a, que para ella las cosas hab√≠an sido muy diferentes. Ella siempre hab√≠a tenido acceso a la vida p√ļblica. Hab√≠a viajado, estudiado, ganaba su propio dinero, le√≠a sin parar, eleg√≠a a sus parejas, luchaba por sus derechos, en fin, era lo que se puede decir una mujer ‚Äúindependiente‚ÄĚ… estuvo convencida de esto hasta que, en medio de una noche de tormenta, despu√©s de acostarse con un dolor de cabeza insufrible, vinieron pesadillas, sue√Īos repetitivos que la hac√≠an despertar sobresaltada. Se trataba de una voz muy lejana, muy profunda. Una voz que a veces se convert√≠a en mujer, otras en hombre, otras en ni√Īo, otras en drag√≥n o en culebra pero, fuera como fuera, siempre la rodeaba y le apretaba todo el cuerpo como si fuera una soga y le dec√≠a… ‚ÄúY ahoooraaaa… ¬ŅQuieeeen te va a quereeeer?‚ÄĚ

Despertaba aterrorizada, dispuesta a entregarlo todo, a renunciar a sus sue√Īos, a aceptar una vida mediocre, a ‚Äúportarse bien‚ÄĚ… hasta que volv√≠a una ola de consciencia y se encontraba, de nuevo, con ella misma, con su presente y con su libertad esper√°ndola impacientemente.

La libertad de irse o de quedarse, de vivir acompa√Īada o en soledad. La libertad de elegir, de asumir las consecuencias y de poder gozarlas o sufrirlas con los ojos bien abiertos y la boca llena de agradecimientos.

Sac√≥ del armario un viejo ba√ļl, recogi√≥ fotos, escritos, olores, texturas. Se inspir√≥ con ellos y se situ√≥ enfrente de cada una de las mujeres que le transmitieron este terrible mensaje… ‚Äúquien-te-va-a-que-rer‚ÄĚ. No eran dos ni tres, como esperaba… eran miles!! Era su madre, s√≠, y su abuela y la abuela de su abuela, pero tambi√©n toda una vida, toda una tradici√≥n, toda una cultura.

Y estaba la maestra, la monja, la panadera, la pescadera, la mujer del alcalde, la peluquera, la canguro, la vecina cotilla, la beata!! Y adem√°s‚Ķ vaya sorpresa!… pudo entrever t√≠midamente las miradas inquisidoras de ese par de amigas con las que estuvo ayer… s√≠, solo ayer, tomando un caf√©.

Se sent√≥ tranquilamente al lado del ba√ļl. Rompi√≥ papeles, transform√≥ im√°genes, model√≥ otros cuerpos, prob√≥ formas, cort√≥ telas, desat√≥ nudos, se solt√≥, las solt√≥, se despidi√≥, se distanci√≥ y so√Ī√≥, otra vez.

So√Ī√≥ con risas, con gritos de alegr√≠a, con cantos, con orgasmos plenos de mujeres sin tiempo y sin edad, esperando ese momento para verse liberadas de mandatos, de amenazas, lealtades y pactos antiqu√≠simos, de miedos que ya ni ellas se cre√≠an. So√Ī√≥ con ba√ļles de algod√≥n, tan ligeros que volaban como plumas. Despert√≥ con una vitalidad arrolladora, con una fortaleza mezclada con dulzura, dispuesta a seguir esa luz iluminada que le llevar√≠a a un nuevo camino… el de ahora, el suyo…

Su camino… ¬Ņcon √©l o sin √©l? ‚Ķ no lo sabemos.¬†Ella s√≠.

Y t√ļ... ¬ŅQu√© piensas?

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