Cuando Expresamos… Cuando no Expresamos

Cuando queremos decir pero no decimos, queremos crear pero no podemos, queremos amar pero no sentimos

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Cada vez somos más conscientes de la necesidad de expresar nuestras emociones. Podamos hacerlo o no, sabemos que es lo más saludable. Lo decimos constantemente y algunas personas sufren por la dificultad que tienen para traducir en palabras o en acciones lo que experimentan en su interior.

Sabemos también de la conveniencia de descubrir qué es lo que impide la expresión de las emociones (Ver: Bloqueo Emocional y Psicoterapia). Pero damos por hecho que “expresar” está “bien” y repetimos lo que oímos o leemos, muchas veces sin entender las implicaciones.


¿Qué pasa cuando expresamos y qué pasa cuando no expresamos?

Cuando expresamos, hemos tenido un proceso previo de contacto con lo que sentimos, traemos a la consciencia emociones, sentimientos y pensamientos que necesitan ser comprendidos antes de comunicarlos de forma verbal o no verbal.  Cuando no expresamos, ese proceso de toma de contacto es inexistente o, si lo hay,  se queda detenido creando atascos interiores que saturan y desequilibran el organismo.

Cuando expresamos, las otras personas tienen conocimiento sobre nuestro estado y así tendrán la opción de actuar en consecuencia. Cuando no expresamos, los demás tendrán que adivinar, en el mejor de los casos, o directamente ignorar lo que nos motiva a actuar de determinada manera.

Cuando expresamos, existe la oportunidad de replantear nuestras percepciones, de aclarar malos entendidos, de hacer ver nuestros límites, de contrastar el imaginario con la realidad. Cuando no expresamos, nada cambia y las posibles trampas de la percepción se quedan estáticas sin darnos la oportunidad de ver las otras infinitas posibilidades de interpretar la misma realidad.

Cuando expresamos, la energía se libera y se renueva, dando paso a una regulación natural, parecida a un río que fluye con sus aguas transparentes. Cuando no expresamos, la energía se queda represada y es ahí donde se instalan las defensas más obstinadas, que limitan la espontaneidad y la alegría de vivir.

Cuando expresamos nos permitimos ser vulnerables. Tal vez suframos o nos decepcionemos y, seguramente también, otras veces nos sorprenderemos con agradables respuestas. Cuando no expresamos, el desierto emocional (Ver: Desierto Emocional) es lo único a lo que podemos aspirar.

Cuando expresamos ocupamos un lugar en el mundo, en el espacio privado y el social.  Cuando no expresamos, pareciera que da igual si estamos o no estamos.

Cuando expresamos nos sentimos a nosotros/as mismos/as y así nos conocemos. Cuando no expresamos, el mundo interior se llena de vacío, con la soledad como única habitante.

Pero expresar no es simplemente dejar salir lo que aparece, como si fuéramos máquinas expendedoras de palabras. Expresar es sentir, buscar y descubrir para luego comunicar, ya sea de forma verbal o no verbal.

En realidad, cuando expresamos comunicamos y cuando no expresamos, también. La diferencia está en la capacidad de gestionar nuestras emociones y nuestra comunicación en la interrelación con los demás y con el mundo que nos rodea, de una forma consciente y consecuente con lo que percibimos en nuestro interior.

Cuando la función de la expresión está acorazada es cuando las defensas del carácter actúan, limitando su flujo natural. Es cuando decimos que estamos bloqueado/as, que queremos decir pero no decimos, queremos crear pero no podemos, queremos amar pero no sentimos.

Una temporada con estas dificultades no supone ningún problema, mucho menos cuando podemos detectar sus motivos. Pero cuando se convierte en una forma de vida habrá que plantearse la manera de buscar y encontrar esas puertas cerradas que impiden la libre, sana y natural expresión. No se trata de “personalidades”. No es que yo soy así y no puedo cambiar (Ver: Soy como soy y no puedo cambiar… ¿O sí?). Se trata de querer estar mejor, haya pasado lo que fuera en nuestra vida.

Siempre hay una nueva oportunidad para resolver y superar lo que nos limita en el aquí y el ahora.

Y tú... ¿Qué piensas?

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