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El día que me hice Adulta

Me hice adulta cuando renuncié a las armonías forzadas e imposibles para dar la bienvenida a diversidad de opiniones diferentes a la mía

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El día que me hice adulta fue cuando descubrí que puedo ser libre aún amando y cuando comprendí que vale más ir por la vida con los ojos bien abiertos que luchar por huir de dolorosas evidencias. Fue cuando entendí que la dureza de la falsa madurez no es más que una máscara y que la ternura es la mejor herramienta para desarmar al enemigo.

No fue cuando me obligué a perdonar ni cuando di mil vueltas a los pensamientos para aparentar una acartonada tranquilidad y tampoco cuando tiré la toalla con amarga derrota. Fue cuando pude soltar y gritar, llorar, reír y cantar… ser yo.

Me hice adulta, no cuando cumplí los 18 sino cuando me miré a un nítido espejo y me descubrí sin edad. Y cuando allí logré permanecer disfrutando de contemplar mis formas, más definidas o menos… pero mías

No fue cuando encontré el libro con las recetas para no sufrir ni cuando conseguí que mis defensas me hicieran olvidar los traumas de mi infancia. Me hice adulta cuando por fin comprendí que el pasado hace parte de mi historia y que soy YO quien HOY puede curar mis heridas, cuando me reconozco como un ser consciente y con capacidad de contacto con mi cuerpo y con el mundo.

Me hice adulta cuando dejé de esperar que alguien cambiara y me dispuse a iniciar mi propia transformación

No fue cuando pude calcular los gastos y los beneficios de mis relaciones, sino cuando pasé una tarde con mi amiga sin otra expectativa que gozar de nuestro encuentro.

No fue cuando me hice independiente sino cuando comprendí que sin ayuda no se llega demasiado lejos, pero sí demasiado triste.

El día que me hice adulta olvidé exigir amor, compañía, apoyo o respeto. Fue cuando mi pesada y antigua mochila se convirtió en un espacio ligero y abierto al devenir de experiencias espontáneas.

Me hice adulta cuando renuncié a las armonías forzadas e imposibles para dar la bienvenida a diversidad de opiniones diferentes a la mía. Fue cuando ya no pretendí que otros hicieran lo que yo hago y como yo lo hago, fue cuando conseguí escuchar en vez de hablar, abrir en vez de cerrar, mirar en vez de dar la espalda a la verdad.

El día que me hice adulta expulsé de mi vocabulario las frases tópicas de robots bien amaestrados que dicen llamarse adultos, esos que los niños y las niñas nunca querrían llegar a ser.

Porque el día que me hice adulta comprendí que la niña que habita en mi me mira con agrado y esperanza, porque vuelvo al origen cada vez que hace falta y desde ahí vuelo alto aunque me caiga. 

Gracias por compartir este artículo

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2 comentarios en «El día que me hice Adulta»

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