Mujeres de Oro – De Cenicientas a Mujeres Reales

Era¬†S√°bado, durmi√≥ toda la ma√Īana. Despu√©s de unos d√≠as de intensa tensi√≥n, por fin pod√≠a quedarse en la cama todo el tiempo que quisiera.

de-cenicientas-a-mujeres-reales

Saciada y¬†extasiada despu√©s de algunos momentos de sexo satisfecho, m√°s que por los m√ļltiples orgasmos, que no tuvo, por haber estado por fin en brazos del hombre que amaba, a√Īoraba, y al que hab√≠a esperado durante m√°s o menos 90 d√≠as.

Pero ese S√°bado era definitivo. Ese d√≠a, y sobretodo esa noche era la oportunidad de oro. Ni antes, ni despu√©s. Por eso se qued√≥ en la cama toda la ma√Īana, para reponerse, para que llegara otra vez a su rostro cansado todo el fluido energ√©tico que devuelve la lozan√≠a a la piel despu√©s de muchas horas de sue√Īo. Para sentirse fresca y joven en la tan esperada noche. Hab√≠a mucho por hacer, por eso, hacia el medio d√≠a se levant√≥ por fin de la cama y empez√≥ la ardua labor.

Tenía 7 horas exactamente para realizar toda una estrategia amatoria femenina y no podía fallar.

Primero, sali√≥ de casa dispuesta a comprar en el supermercado todas las cosas que imaginara que pudiera necesitar. Desde el vino m√°s afrodis√≠aco -tomando en cuenta que su compa√Īero era un experto- hasta el pan m√°s crujiente por fuera y blando por dentro, en caso de que se diera la situaci√≥n de preparar una cena, “espont√°neamente”, sin “prepararla de antemano”. Tampoco se pod√≠a olvidar de las copitas peque√Īas para saborear de nuevo, como hac√≠a casi 90 d√≠as, ese licor ex√≥tico que la llev√≥ a un para√≠so que no se acordaba que conoc√≠a.

Por la mitad del camino hacia el supermercado se encontr√≥ con una anciana que hab√≠a visto en otras ocasiones. Extra√Īada de verla sola y en un lugar diferente al de siempre, se acerc√≥ a saludarla y a comprobar si estaba bien. Y no s√≥lo no estaba bien la mujer, sino que estaba abandonada e inmensamente triste, por lo que, en honor a su buena fortuna y al agradecimiento que sent√≠a por la anciana por algunas palabras sabias de esas que dicen los ancianos, pronunciadas hac√≠a m√°s o menos 90 d√≠as, se qued√≥ con ella, la escuch√≥, la acompa√Ī√≥ y se pas√≥ casi toda la tarde consol√°ndola, con un solo intervalo de tiempo que se tom√≥ para ir al supermercado.

Lleg√≥ a casa, quedaba menos tiempo a√ļn, contando con el imprevisto de la anciana, aunque se sent√≠a llena de energ√≠a por la buena obra. Como una de esas ofrendas que se hacen al cielo en momentos de necesidad, a cambio del cumplimiento de los deseos m√°s secretos.

Manos a la obra. Ducharse, depilarse (por supuesto), elegir la ropa… ELEGIR LA ROPA!!!…

Se prob√≥ cuanto trapo encontr√≥ en su ajuar, lo m√°s sexy, lo m√°s infantil, lo m√°s formal, lo m√°s informal. Opt√≥ despu√©s de prob√°rselo TODO frente al espejo, por algo casi neutro. Falda negra, larga pero transparente, camisa blanca, peque√Īa, ajustada al cuerpo, como queriendo mostrar que se puso lo primero que encontr√≥ por casualidad, pero solo ella sab√≠a que hasta las bragas, bueno, sobretodo las bragas, hab√≠an pasado por todo un proceso concienzudo de selecci√≥n frente a otras telas y formas, rivales que de ninguna manera hubieran merecido quedarse guardadas en el armario.

Pero hab√≠a que elegir. Era inevitable, adem√°s, se acercaba el momento, y faltaba a√ļn lavarse los dientes, pero no como lo hac√≠a las 3 veces diarias con su monoton√≠a, sino lavarse los dientes sin dejar nada que no fuera un brillo reluciente y un blanco casi descarado. Faltaba humectar la piel del cuerpo y el rostro, y pintar sus labios con ese labial nuevo que hac√≠a parecer que los labios fueran realmente as√≠, rojos, m√°s rojos que el rojo que son.

Llegó la hora. Todo había salido muy puntual. Se sentó en el sofá a pensar en el paso siguiente, y por primera vez se dijo la verdad: No había quedado con él, podría no llegar a casa a la hora supuesta, aunque todas las condiciones daban para pensar que sí.

Entonces prosigui√≥ a decidir c√≥mo quer√≠a que la encontrara, tomando en cuenta que este hombre encantadoramente atrevido, llegaba directamente, sin llamar, ten√≠a llaves, y ya le pas√≥ esa vez, cuando m√°s o menos el d√≠a 90 lleg√≥ y a los 30 segundos estaban √©l y ella quit√°ndose las ropas para hacer el amor en la alfombra. Pero c√≥mo la encontrar√≠a esta vez? Desde luego, no como aquella en que entr√≥ sin llamar y la encontr√≥ frente a la puerta en el mismo lugar en que la dej√≥ hace 90 d√≠as, con cara de terror y deseo a la vez. No!, esta vez la encontrar√≠a ocupada, haciendo algo interesante, no esper√°ndolo, con ropa “casual” y por “casualidad” impregnada de una magia irresistible.

Pasaron minutos y algunas horas y por esa puerta no pasaba nadie. Ella sub√≠a y bajaba, inventaba nuevos escenarios pensando que tal vez todo era una se√Īal de que deb√≠a cambiar de sitio o de ocupaci√≥n, o ¬Ņtal vez de ropa? o ¬Ņde peinado?

Mientras tanto, se dec√≠a a s√≠ misma que tranquila, que val√≠a la pena el riesgo, que igual no llegar√≠a, que no ten√≠a que llegar si no quer√≠a, que… tal vez tendr√≠a que salir un poco, y dejar la casa vac√≠a, as√≠ llegar√≠a m√°s f√°cil, eso es magia y en ese momento no hab√≠a otra realidad a la cual aferrarse que a la magia.

Salió, dio un paseo, una vuelta a la manzana, otra, y otra. Entró en un bar, tomó un café, hizo tiempo, lo alargó, le haría esperar, le daría tiempo a él de preguntarse dónde estaba, se agotó el café y se agotaron los pensamientos. Llegó el momento de volver a casa, llegó y se enfrentó con la realidad de un vacío, silencio sordo que le gritaba:

ESTAS SOLA!! y tan bien vestida a media noche!!!

Sinti√≥ verdadero p√°nico de pensar en la posibilidad de que justo en ese momento s√≠ llegara, cuando justo a esa hora realmente no estaba vestida para la ocasi√≥n, mejor dicho, para la situaci√≥n, ¬Ņcu√°l situaci√≥n? la de una mujer sola en su casa a media noche vestida como una mu√Īeca, como si fuera su primera fiesta para no volver a casa antes de las 12.

R√°pidamente se puso el pijama -nuevo aunque no se notara-, se hizo una cola de caballo en el pelo, y se tumb√≥ a ver la televisi√≥n (lo que no hac√≠a nunca), como si fuera el mejor plan de un S√°bado despu√©s de la media noche. La pel√≠cula: “Las marujas asesinas”.

Re√≠a cuando escuch√≥ el ruido de la puerta abri√©ndose mientras desvelaba un tierno sentimiento de rid√≠culo mezclado con aceptaci√≥n por ella misma. La encontr√≥ risue√Īa, tranquila, despeinada, en pijama y dispuesta a escuchar sus experiencias del d√≠a y gran parte de la noche. Fue sincera, tan sincera que no sab√≠a si sent√≠a m√°s compasi√≥n por ella o por √©l. Le dio un abrazo y un beso de buenas noches, y ahora que hab√≠a llegado el momento deseado, con una decisi√≥n inamovible sali√≥ de la habitaci√≥n y se fue a su cama solitaria a dormir un sue√Īo relajante por el trabajo hecho y la experiencia de haber vivido un d√≠a entero de amor, callado, eterno y transparente.

Sintió que se quería y se durmió, una noche más, sola.

√Čl, nunca se enter√≥.

2 respuestas para “Mujeres de Oro – De Cenicientas a Mujeres Reales”

  1. Que rico consultar tu blog, es completisimo, poco a poco ire conociendo más. Es un orgullo realmente. me llamo la atencción este cuento por el título y luego, obvio, por el tema. Emocionante encontrar tanto de ti en esta página. Adelante! LUCIA

    Me gusta

Y t√ļ... ¬ŅQu√© piensas?

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Est√°s comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesi√≥n /  Cambiar )

Google photo

Est√°s comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesi√≥n /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Est√°s comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesi√≥n /  Cambiar )

Foto de Facebook

Est√°s comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesi√≥n /  Cambiar )

Conectando a %s