Tropezando con la misma Piedra

Mientras la lógica insiste en dar respuestas que encajen, el inconsciente sigue dominando gran parte de nuestra conducta y sobre todo de nuestras elecciones

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“Nunca más me volveré a equivocar”, decimos cuando tocamos fondo. Lo tenemos tan claro que no concebimos la idea de que algo parecido vuelva a suceder. Pero a veces la memoria nos juega una mala pasada y volvemos a caer aunque la situación, el lugar o el personaje no se parezcan en absoluto a los anteriores, al menos en apariencia. 

Tropezar de nuevo y con la misma piedra, como dice la canción. Parejas que vienen y se van sin apenas dar la oportunidad de consolidar los vínculos. Proyectos que mueren casi antes de nacer, reiterados maltratos vividos en las relaciones con parejas, amigos/as, compañeros/as, accidentes que se repiten como obedeciendo a puntuales ciclos.

¿Qué imán tengo yo para atraer siempre lo peor? se preguntan algunas personas desesperadas por situaciones insostenibles, en las que la vida pareciera significar todo lo contrario a lo vital.

Como intento de salvación, cada una se agarra a su clavo ardiendo según los legados familiares, los recursos culturales y las modas sociales a la hora de resolver los problemas. Pero la cosa se agrava cuando esos recursos ofrecen solamente soluciones externas, como si uno pudiera ir al Centro Comercial o meterse en Amazon para comprar los zapatos que le van a salvar de tropezar de nuevo con la misma piedra o como si fuera suficiente con encontrar un libro con los 500 consejos para no volver a equivocarte nunca jamás.

No se trata de equivocarse o no. Para eso somos humanos (Ver: Fracasa Otra Vez, Fracasa Mejor). Hay una opción que, por más que busquemos de día y de noche en la calle o en internet, no está a disposición del cliente por mucha cuenta premium que uno tenga en Amazon.

Hay procesos inconscientes y todavía no están vendiendo el Unconscious translator que podamos bajar para no tener que hacer el trabajo nosotras/os mismas/os. Y no creo que exista pronto. No sería muy rentable porque en realidad el inconsciente es tan particular, que tendrían que hacer un modelo para cada persona y prácticamente en cada momento. Entonces, ese trabajo sí lo vamos a tener que seguir haciendo.

En psicología, a tropezar de nuevo con la misma piedra se le llama compulsión a la repetición. Fue Freud quien empezó a investigar al respecto y a partir de él, otros psicoanalistas han ido aportando modificaciones.

En resumen, la compulsión a la repetición trata de un proceso inconsciente en el cual la persona se sitúa de manera reiterada en situaciones penosas repitiendo experiencias antiguas, aunque no las recuerde.

Como no recordamos estas penosas situaciones –al menos hasta que nos sometemos a un análisis psicoterapéutico– achacamos los motivos a lo externo: A la mala suerte, a la magia negra, o lo malas personas que son los demás… el imaginario es infinito… y ahí es cuando echamos mano de esos clavos ardiendo, según el repertorio de recursos que hayamos ido construyendo a lo largo de nuestra vida.

Pero mientras la lógica insiste en dar respuestas que encajen, el inconsciente sigue dominando gran parte de nuestra conducta y sobre todo  de nuestras elecciones.

Hay tantos ejemplos que no acabaría y además en este tema en particular es muy fácil caer en reduccionismos que mucho daño hacen a la psicología. No se trata de que la hija de un padre alcohólico va a encontrar hombres alcohólicos toda su vida ni de que el hombre que perdió a su madre a los 5 años nunca va a poder tener una relación de pareja satisfactoria. No se trata de que esa mujer o ese hombre encuentren placer en el sufrimiento. Todo es más complejo y no es cuestión de patologizar o de etiquetar a nadie.

Es muy fácil hablar cuando se cree tener las cosas muy claras… hasta cuando uno tropieza con su propia piedra.

Wilhelm Reich nos hizo un favor grande al revisar las motivaciones de la compulsión a la repetición cuando desarrolló sus aportes sobre el masoquismo. (Ver: La Tendencia es a la Vida). En el contexto del paradigma reichiano, tropezar con la misma piedra no tiene que ver con un supuesto gusto por hacerse daño sino con, precisamente, un fallido esfuerzo hacia lo placentero impedido por intromisiones que hacen que el objetivo original se borre o se torne displacentero.

La teoría es extensa y aquí innecesaria pues este blog no tiene como objetivo describir los entresijos teóricos, sino precisamente acercarlos a quienes los desconocen. Pero siempre hay la opción de entrar más en detalle accediendo a las fuentes, reflejadas en la biblioteca.

Lo que sí deseo recalcar es que, aún en la desesperación, entre caída y caída tenemos la posibilidad de comprender nuestros mecanismos inconscientes y de encontrar eso que nos mantiene atrapados/s en un infinito círculo vicioso.

Animarse a aventurar en la propia psique es una de las vías más seguras para descubrir estos procesos, tan desafortunados como maravillosos cuando nos conocemos de verdad.

Un comentario en “Tropezando con la misma Piedra

  1. Me gusta la idea con la que concluye el artículo;para mi entendimiento supone que los procesos desafortunados se vuelven maravillosos cuando nos conocemos de verdad. Es posible revertir pues el proceso. Hay esperanza. ¡Gracias!

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