Chantaje Emocional, otra forma de Violencia Cotidiana

Así nos venden lo que consumimos, así vamos y venimos, así nos comunicamos, así elegimos

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Foto: “confusion” – Ladymaggic – https://www.flickr.com/photos/ladymaggic/

Violencias que hacen parte de la cotidianidad, tan inmersas en la comunicación que ni nos damos cuenta de que funcionamos a su ritmo. Algunas personas se perciben a sí mismas como marionetas de una sociedad o de un destino sobre el que poco o nada pueden decidir y van de un lado para otro intentando mantener un equilibrio tan endeble, que difícilmente se pueden sentir los pies sobre una tierra firme. 

Violencias cotidianas que se reflejan de incontables formas (Ver: La Violencia Cotidiana), pero que siempre dañan y disminuyen la capacidad energética, necesaria para una vida satisfactoria.

El chantaje emocional es una de las formas más comunes de violencia cotidiana que desafortunadamente funciona de maravilla desde los primeros años de la vida. Incluso es una de las estrategias más utilizadas en la educación de niños y niñas, para conseguir ciertos comportamientos que se adapten mejor a las necesidades de los adultos. Ha llegado a ser tan útil que incluso médicos, psicólogos o educadores lo recomiendan, ignorando los procesos evolutivos naturales. Veamos algunos ejemplos:

  • El niño o la niña que no quiere comer. En vez de plantearse por un momento sus motivaciones, parece que se gasta menos tiempo diciéndole que si no come va a venir el coco o el hombre del saco,  para llevárselo/a por siempre jamás.
  • El niño o la niña que no hace los deberes. En vez de indagar qué le impide asumir tales responsabilidades, más fácil parece comunicarle que sólo si saca buenas notas tendrá ese juguete tan deseado. Da igual si aprende o no. Buenas notas significan premio, malas notas castigo. Punto.
  • El niño o la niña que se niega a dar besitos a todo el que se acerca tratándole como un muñeco. En vez de respetar su espacio, más sociable resulta decirle que a los niños o las niñas que no dan besos nadie los quiere.

Y así sucede con dormir solos/as en su habitación antes de tiempo, con el control de esfínteres… antes de tiempo también, con el aprendizaje de diferentes habilidades, con la socialización. Los niños y las niñas de nuestra sociedad suelen vivir bajo un permanente acoso y chantaje emocional. Ellos necesitan, para sobrevivir, del amor de los adultos y van a hacer todo lo que sea posible e imposible con tal de tenerlos a su lado. Las amenazas sólo les sirven para mover el suelo firme que necesitan, convirtiéndolo en un charco de arenas movedizas. Sigamos…

  • El/la adolescente que se niega a comunicarse y en vez de respetar su momento o de crear espacios para posibilitar su apertura, basta con decirle que si continúa en ese autismo no habrá paga para el fin de semana.
  • El/la adolescente que dice odiar a su madre y/o a su padre y en vez de acercarse para encontrar una traducción más acorde con la situación, se le llena de reproches del tipo:  ¡Cómo me vas a odiar, a mí, que te lo he dado todo, con tantos sacrificios!

Aún cuando algunos pretendan convencernos de que los/las adolescentes pertenecen a otro mundo, no son más que niños que ya no lo son y adultos que aún no lo son. Momento transitorio de la vida que merece atención, cuidado y respeto, así como la empatía necesaria para ponerse en su lugar y desde ahí acompañarles en su trayecto hacia la adultez.

Entre unos y otros tropezones, vamos aprendiendo cómo funciona tan bien el chantaje emocional y más adelante, ya con la coraza bien formada (Ver: La coraza Caracterial y Muscular), nos vamos acostumbrando a incluirlo en las dinámicas adultas de comunicación, ya sea en el rol de los agresores como en el de los agredidos. Veamos cómo puede suceder esto:

  • Trabajas horas extras que no te pagan. Al animarte a preguntar el por qué de tal injusticia escuchas esta respuesta: Si no te gusta ya puedes cruzar la puerta. Hay una fila de gente afuera dispuesta a trabajar por lo que sea. ¿Necesitas este trabajo? SI ¿Estás dispuesto/a a perderlo? NO. ¿Aceptas la injusticia?… Eso lo respondes tú. Pero no hace falta tener un trabajo precario para estar inmerso en una dinámica de chantaje emocional. En los mejores trabajos también puede suceder de maneras más o menos veladas y no con el pago de horas extras, sino con otros beneficios como pueden ser el estatus, la popularidad, la escalera hacia el éxito, la admiración, etc.
  • En el ámbito social, estamos invadidos por chantajes emocionales. Si no estás activo/a en las redes sociales no tendrás amigos. Si no tomas este tipo de cerveza no tendrás oportunidad de divertirte. Si no usas esta crema no serás hermosa. Si no comes este yogurt no te sentirás ligera. Si no usas esta loción nadie te elegirá. Si no compras este coche serás un fracasado.
  • En la familia se ven muy claramente las dinámicas emocionales cuando el chantaje está presente. El tema es complejo y extenso en este contexto. Para resumir, podemos poner el ejemplo de la identidad: Si no estudias medicina/ingeniería/arquitectura como tu padre, si no quieres seguir con el negocio familiar, si no te casas con una persona de tu pueblo o barrio, si no te vistes o te peinas como te digo, entonces no serás nadie, no te daré el viaje de fin de curso, no irás a la fiesta, no habrá dinero para ti, no habrá cariño para ti… etc.
  • Y en la pareja, por supuesto, los chantajes emocionales abundan de las maneras más cotidianas: Si no me das lo que quiero te dejo, si te vas me muero, si no haces lo que te pido volveré a beber, nunca te querrán como te quiero yo, si me dejas nunca volverás a ver a los niños, si te vas te quedarás sin casa, si no me das sexo me voy con otro/a, si sales hoy no me encontrarás cuando vuelvas, ¿qué harás sin mi?, ¿eres tan mal/a madre/padre que me dejas sin importarte tus hijos?, te perdono si me llevas de vacaciones… etc.

Así nos venden lo que consumimos, así vamos y venimos, así nos comunicamos, así elegimos.

Así vamos perdiendo cada día el contacto con lo que somos, necesitamos y queremos. Ceder al chantaje emocional es más fácil de lo que parece, ejercerlo también. Y es precisamente en el contacto con nosotros/as mismos/as como podemos prevenir esas dinámicas perversas en la comunicación, replanteando las formas, profundizando y comprometiéndonos con otros modelos, aceptando las diferencias, dejando que la gente sea lo que quiere ser, buscando ser lo que somos. 

¿Y si no podemos?….

Si son tan fuertes nuestros condicionamientos que nos es imposible crear otras maneras de relación simplemente con decidirlo, siempre está la opción de revisar en qué momento nos perdimos de nuestra propia identidad para convertirnos en esas marionetas que nunca planeamos llegar a ser. Siempre estamos a tiempo de recuperar la capacidad de reconocer el propio ritmo, las necesidades, las preferencias.

Siempre hay tiempo para convertirnos en las personas que somos y no en las que imaginamos que deberíamos ser

Y tú... ¿Qué piensas?

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