Menos Trankimazin y más Psicoterapia

Y así nos va, trabajando a medio gas, asumiendo tareas de responsabilidad, educando a niños y niñas, cuidando de personas dependientes y construyendo un país con la mitad del cerebro dormido.

Imagen: Susana Wildner Fox

Nunca pensé que escribiría sobre este tema, pero llegó la gota que colmó el vaso. En general me considero respetuosa con las opciones divergentes en la elección de cada quién para gestionar su salud mental. Considero que mi opción personal y profesional es una de las formas, pero no la única válida como para ir por ahí diciendo que lo demás no sirve.

Obviamente mi elección se basa en ciertos criterios que están descritos a lo largo y ancho de este blog, pero nunca he pretendido –ni pretendo– con ello adoctrinar a nadie. 

Cada vez más llegan a la consulta de Psicoterapia personas con estados depresivos y  ansiógenos que llevan tiempo automedicándose con algunos de los medicamentos de moda como es el Trankimazin,

Los llevan en el bolso o en el bolsillo como si fueran chicles y los consumen según las necesidades del momento, o sea con la frecuencia con la que en un día podemos ser vulnerables a situaciones de ansiedad.

He preguntado a varias personas si saben lo que están tomando. En su gran mayoría existe un desconocimiento y parece  suficiente con que “cuando lo tomo me relajo”, “me sale barato”, “¿Y qué voy a hacer?” ó “mi prima lo toma y le va bien”

Veamos qué es el Trankimazin…

Trankimazin (o Xanax) es el nombre comercial de una benzodiacepina llamada “alprazolam” y está indicado para el tratamiento de los síntomas de ansiedad y crisis de angustia y formulado específicamente para la ansiedad generalizada, depresión y algunas fobias como la fobia social. Dadas sus propiedades hipnóticas, también funciona como relajante muscular y anticonvulsivo. 

Como benzodiacepina, el Trankimazin minimiza la  activación neuronal de algunas zonas del cerebro, especialmente en el sistema límbico, que es el área cerebral asociada a los estados de ansiedad. Se une con  los llamados Receptores GABA (ácido gamma-aminobutírico), uno de los principales neurotransmisores con acción inhibidora, o sea que el Trankimazin genera efectos sedativos o ansiolíticos en el Sistema Nervioso Central. 

Actúa con rapidez y por lo tanto sus efectos son de corta duración (12-15 horas). Dicen los que promulgan sus beneficios que el alivio momentáneo y su corto efecto son razones de peso para no tener que tomar grandes cantidades. Sin embargo podríamos pensar que por este motivo, al pasar el efecto se quiera repetir cuanto antes el alivio que produce, como el cigarrillo que se fuma con el último café, hace sólo un ratito. 

Hasta aquí suena hasta interesante. Quienes sufren de ansiedad  reclaman con razón su derecho a aliviarse, con Trankimazin o con lo que sea, ya que la sensación de ansiedad es insoportable.  

Pero mi primera preocupación en este sentido es nuestra tendencia social a la baja o nula tolerancia a experimentar las emociones mal llamadas “negativas” como frustración, impotencia, rabia, tristeza… tapándolas con tupidos velos sin pasar por la incomodidad de comprender lo que motiva nuestros síntomas y mucho menos de experimentar procesos que ayuden a elaborarlas y por lo tanto a resolver. 

Por otra parte, hay quienes consumen este medicamento sin conocer sus  contraindicaciones. Por ejemplo, personas con glaucoma, alteraciones de las vías respiratorias, miastenia o insuficiencia renal o hepática no deberían ni probarlo.  Mujeres embarazadas y lactantes tampoco. 

Pero además, se recomienda precaución al conducir dados sus efectos sedantes. Los principales efectos adversos del Trankimazin son la somnolencia, fatiga, irritabilidad, dolores de cabeza o mareos.  Disminuye el estado de alerta, la atención y la concentración, además de la capacidad  de retener información a corto plazo. 

Puede producir vómitos, visión borrosa, hipotensión, temblores, boca seca, alteraciones en el sistema urinario, presión intraocular y alteración de la líbido. 

Como puede ocurrir con otros psicofármacos, el Trankimazin puede desarrollar efectos contrarios a los esperados, como estados elevados de ansiedad, paradójicamente. La toma excesiva puede producir insuficiencia cardiorrespiratoria. 

No niego que un medicamento como el Trankimazin pueda ser adecuado en determinados casos de trastornos ansiosos. Quiero pensar que para eso ha sido creado y también que somos lo suficientemente inteligentes como para tomarlo sólo en caso de haber sido prescrito por un médico cualificado.

Porque tomarlo como pastilla de rescate sin ninguna lógica ni conocimiento parece más un suicidio que una solución y repartirlo como churros a una sociedad deseosa de aliviar los problemas de inmediato y sin mayor esfuerzo, no parece demasiado responsable.

Porque a veces se consume Trankimazin para dejar de tener ansiedad y a cambio se consigue un poco más de ansiedad y todo lo demás después de un alivio momentáneo. Parece una de esas ofertas de rebajas en las que por muy poco nos dan un objeto a cambio de las veces que tenemos que volver a la tienda para completarlo con los accesorios, a precio de oro.  

La ansiedad hace parte de nuestras vidas y hoy día todos y todas sabemos de qué o de quién hablamos… 

Conozco también a quienes se quejan de haber consultado por un dolor de cabeza, un vértigo, un duelo, una separación o un problema puntual con la esperanza de recibir alguna información útil para gestionar sus  síntomas, pero sin haber tenido tiempo ni para comentar su situación con un mínimo de profundidad y en cambio haber salido de la consulta con una lo que parece la única posibilidad: Trankimazin.  

Según la OMS, España es el mayor consumidor de sedantes en Europa y la ansiedad es el problema mayor en salud mental en este país. Las encuestas dicen que una de cada 10 personas la sufre. 

Así que vamos por la autopista conduciendo a altas velocidades y de diez coches, uno es manejado por un/a conductor/a sedado/a y con poca capacidad de respuesta. Y así nos va, trabajando a medio gas, asumiendo tareas de responsabilidad, educando a niños y niñas, cuidando de personas dependientes y construyendo un país con la mitad del cerebro dormido. 

Y entonces… ¿qué quieres?… ¿que muera de ansiedad?, pensarás. 

No. No quiero que mueras de ansiedad y tampoco que te pases la vida sufriendo. Pero así como  seguramente te esmeras en vestirte bien, maquillarte, dar buena impresión o en celebrar por lo alto la comunión de tu hijo/a, podrías esmerarte en dar calidad a la gestión de tu salud mental. 

De poco sirve tomar Trankimazin mientras te enredas en tu móvil mirando una y mil páginas de todos los temas posibles o mientras evitas esa conversación pendiente con tu pareja. De poco servirá mientras intentas olvidar a la fuerza esa historia que tanto marcó tu vida. De poco o nada servirá mientras sigues aplazando los cambios inminentes que la vida te impone. 

¿Trankimazin o Psicoterapia? 

La Psicoterapia es, en bastantes casos, complementaria con la medicación. Es en estos casos donde se hace imprescindible el trabajo en equipo, “codo a codo” como bien comentaba una persona que respetuosamente me sugirió aclarar este evidente aspecto de nuestro código deontológico.

En otros casos (y son especialmente a los que me he referido en este escrito), la Psicoterapia funciona aunque no sea un sedante y no de una relajación inmediata. Porque lo que sí hace es ayudar a bucear en las profundidades de tu ser para que seas TÚ quien gestione tu vida sin muletas ni parches… Y eso a veces no es relajante.

Porque la Psicoterapia necesita de tu implicación y tu deseo de consciencia para que funcione. O sea, te necesita presente y disponible. 

La Psicoterapia permite que el organismo siga produciendo todo lo necesario para funcionar con naturalidad cuando se consiguen desbloquear las zonas estancadas de un organismo acorazado, causantes de la ansiedad entre otras dolencias.

No creo que exista un ideal de tratamiento generalizado para la ansiedad o la depresión. Se supone que los profesionales de la salud somos lo suficientemente capaces de proponer a cada uno de nuestros pacientes el tratamiento adecuado en cada caso y que, en general, las personas somos capaces de participar activamente de la gestión de nuestra propia salud… O así debería ser.


Nota: Este escrito ha sido levemente modificado con el objetivo de aclarar algunas ideas que quedaron confusas en la primera versión. Agradezco a quienes se han tomado el tiempo de aportarme sugerencias de manera constructiva.

3 comentarios en “Menos Trankimazin y más Psicoterapia

  1. como en otros contextos aquí también me gustaría más pensar y argumentar con el concepto ‘COMPLEMENTARIO’ en vez de — ‘alternativo’ [que conlleva el riesgo de ‘exclusión’ de otros métodos mencionados] – valentinaustria@gmail.com .

    Le gusta a 1 persona

  2. Te ha quedado perfecta! Clara, sencilla, y muy didáctica sobre lo que es el medicamento y todo lo que conlleva. Sobretodo muy real, amena y fácil de entender para todos. 👏👏

    Enviat des del meu iPhone

    Me gusta

Y tú... ¿Qué piensas?

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s