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Llenando Vacíos, del Placer a la Compulsión

Excluir el vacío en nuestro estilo de vida nos puede llevar a la compulsión en una carrera desenfrenada hacia ninguna parte, con los perjuicios que esto trae para el cuerpo y la mente

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5 mins
compulsion-evitando-vacio
Imagen: Sandra Keil
La neurosis implica ser lo que uno no es a fin de conseguir lo que no existe
– Arthur Janov –

Qué difícil resulta conectar con el vacío, lleno de todo lo que nos distrae de las más profundas emociones.  Vacío lleno… vacío no-vacío. 

Es una constante invitación a estar afuera, escapando, evadiendo, evitando todo lo que nos confronte con la incomodidad de la nada. 

Vender todo lo que nos “ayude” a llenar vacíos es una de las empresas más rentables del momento, hermana de la que nos garantiza productos para controlarlo absolutamente todo. Constantemente saturados de infinitas ofertas, es difícil no caer en la tentación porque… ¿cómo negarse a los placeres que prometen experiencias inolvidables? ¿acaso hay alguna excusa para no adquirir cualquier cosa, si en pocas horas la tenemos a la vista o en la puerta de nuestra casa? 

Y no me refiero exclusivamente a objetos. Ya sabemos que desde una hamburguesa hasta amigos y amantes, los podemos “adquirir” con un click según nuestras preferencias

Pero no vamos a ponernos moralistas. El hábito de conectarse por las redes sociales puede significar una ventana al mundo, oxigenante e incluso creativa. Conocer a alguien por medio de una aplicación de móvil puede resultar divertido y tomarse un gin-tonic de vez en cuando puede ser liberador. O sea, ¡expansión total!

Visto así, no parece haber ningún motivo para renunciar a las ventajas de consumo y mucho menos cuando la experiencia placentera está presente. La cosa se complica cuando el placer desaparece, cediendo el paso a la ansiedad, la compulsión y por supuesto la insatisfacción.

Cuando domina la tendencia a la búsqueda compulsiva de objetos, se les otorga una especie de identidad propia.  Hay quienes han llegado a sentirse bien acompañados por un teléfono móvil o mejores personas después de la compra de un coche. Y si no lo tienen, se sienten desanimados y excluidos del “paraíso”. 

Cuando la falta deprime

Da igual lo que sea, coche, móvil, casa, comida, trabajo, sexo, formación, información, contacto o redes sociales… Tal como sucede con las drogas, la ilusión del primer subidón cae en picado cuando el efecto de la novedad ha pasado, lo cual hace necesaria una nueva dosis que apacigüe el bajón consecuente. Y así sucesivamente… no hay vacío, ni silencio, ni contacto, ni paz verdadera. En momentos en que la falta deprime y la búsqueda compulsiva toma la delantera, ya no podemos hablar de placer.

¿Cómo es que una cosa comprada con ilusión, al día siguiente se convierte en algo insulso  y se siente la imperiosa necesidad de cambiarla por otra supuestamente mejor, que pronto pasará a ser también indeseable?

¿Por qué esa excitación del encuentro con una persona nueva se desvanece tan pronto, empujando a buscar otra y las siguientes sin llegar a conocer realmente a ninguna?

¿Qué hay más allá de esa avidez de experiencias, objetos, desafíos, convirtiendo las cosas en marcas de identidad?

La historia individual, un libro abierto

Para respondernos a estas preguntas, cada uno y cada una tendrá que echar mano de memoria, porque la historia individual es un libro abierto a la hora de buscar respuestas. Un libro esperando a ser leído como se lee la mejor novela jamás contada: la propia historia, única e irrepetible, con tanto qué contarnos cuando nos atrevemos a caminar, a veces a ciegas, atravesando el vacío.

Y ahí también es donde el conocimiento y la capacidad de gestionar el carácter nos da la oportunidad de cambiar, aún conscientes de nuestra realidad en esta sociedad, tal como es y como está, con sus pros, con sus contras y con nuestra capacidad de influir en ella, como habitantes de este mundo compartido.

El vacío también hace parte de nuestro funcionamiento. No incluirlo en nuestro estilo de vida nos puede llevar a la compulsión en una carrera desenfrenada hacia ninguna parte, con los perjuicios que esto trae para el cuerpo y la mente. 

No siempre viene el vacío acompañado del nirvana que también, por cierto, algunos insisten en vender. A veces viene lleno de sensaciones inquietantes, de recuerdos que se hubieran querido olvidar, de duelos pendientes, de miedos ocultos. 

Tenemos dos opciones: o salimos corriendo en busca de cualquier cosa que nos “salve” de la consciencia, o nos detenemos un instante y observamos, permitimos, permanecemos, conocemos… nos conocemos.

Cada quien decide. Para eso somos libres… libres de asumir (o no) nuestra propia libertad.

Gracias por compartir este artículo

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