Cuando Pensar Positivo no es Suficiente

Sucede a menudo que, después de los esfuerzos por seguir un programa de pensamiento positivo, algunas personas se sienten frustradas y deprimidas. El desánimo se apodera de la psique y ahí sí que es imposible iluminarse y creer en que todo se logra con la mente.

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Pensar positivo es uno de los consejos que más se utilizan para las dolencias del cuerpo y del alma. Hay cientos de libros de autoayuda que enseñan un sinfín de estrategias para conseguirlo. Pasos, tips, indicaciones detalladas para conseguir en poco tiempo un cambio drástico en la forma de relacionarse con el mundo. Pero…

En el ámbito de la Psicología humana las cosas suelen ser algo más complejas, aunque en el fondo resultan de una sencillez increíble cuando nos atrevemos a profundizar en nuestro mundo interno.

Sucede a menudo que, después de los esfuerzos por seguir un programa de pensamiento positivo, algunas personas se sienten frustradas y deprimidas. Hay un latente mensaje de que si uno no ha sido capaz de conseguir lo que quería es porque no hizo bien el trabajo, o sea, no siguió adecuadamente los pasos indicados. El desánimo se apodera de la psique y ahí sí que es imposible iluminarse y creer en que todo se logra con la mente.

Así, a las consultas de Psicoterapia llegan frecuentemente personas que, después de intentarlo juiciosamente, sienten que algo ha fallado en ellas para no poder seguir estos “fáciles” consejos. En vez de lograrlo, aparecen fantasmas que parecen burlar el objetivo poniendo trabas a cada pensamiento.

Después de forzarse hasta saturar mente y cuerpo, los dolores de cabeza, el cansancio, la pobre autoestima o la misma depresión cogen fuerza aplastando la ilusión de un cambio rápido y sin mayores inconvenientes.

A medida que se va profundizando, podemos darnos cuenta de que pensar en positivo es bastante efectivo, claro está, después de revisar cómo funciona nuestro carácter, que suele boicotear hasta las mejores ideas y que, cuando permanece en el mundo de lo inconsciente, llega a dominarnos convirtiéndonos en títeres de nuestra propia historia.

Una historia llena de eventos que condicionan la percepción. Eventos que muchas veces se han quedado guardados en el rincón más oculto de nuestra memoria. Así, mientras la mente consciente se dirige hacia el logro, el inconsciente juega permitiéndolo o impidiéndolo. Los saben, por ejemplo, quienes han visto sus defensas masoquistas (ver) o sus tendencias obsesivas (ver).

Por otra parte, como escribía hace tiempo en otra entrada (ver) tampoco es suficiente con fabricar una buena autoestima. Hay quienes han pasado años intentándolo y cuando llega la hora de la “verdad”, o sea, cuando se acaba la pareja, cuando llegan los duelos, cuando se entra en una crisis, estas construcciones sacadas de cuadernos ajenos saltan por los aires y en su lugar aparecen los miedos, los repetidos sentimientos de abandono y de rechazo, las crisis de ansiedad, los dolores del cuerpo, los sentimientos de confusión.

No hay atajos. Y en realidad no tiene que haberlos. Entrar despacio, con calma y con cuidado en nuestra profundidad asegura que algún día no muy lejano podamos contar, de verdad, con nosotros/as mismos/as. No será fácil y a veces no será rápido, pero el viaje puede resultar maravilloso y, sobre todo, definitivo.

Y tú... ¿Qué piensas?

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