Verdades Absolutas, Mentiras Peligrosas

Sin un proceso previo, toda verdad se convierte rápidamente en una gran mentira… Una mentira peligrosa

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Foto: “mentira” – Jose Recarte– https://www.flickr.com/photos/miosis-midriasis/

Es tanta la necesidad de controlar el mundo y tanta la angustia ante la incertidumbre, que a lo largo del tiempo se van llenando mochilas mentales de “verdades absolutas” para dar explicación a todo lo que sucede frente a nuestros ojos. El pensamiento se convierte en un cajón de sastre para sacar en cualquier momento la explicación a cualquier cosa, olvidando pasar previamente por una reflexión sobre la situación en particular. Sin este proceso previo, toda verdad se convierte rápidamente en una gran mentira… Una mentira peligrosa.

Parece la verdad absoluta tan cómoda, tan adaptable a todo y tan inocente, que echamos mano de ella cuando no hay mucho más qué decir. Pero tanto en el campo de la ciencia como en la vida cotidiana, esas supuestas verdades se convierten fácilmente en prejuicios, tópicos y mitos que empequeñecen a unos y dañan a otros con sorprendente facilidad.

El mundo de la política, de las religiones, de la educación, de las relaciones afectivas, de las ciencias y muchos otros, suelen ser víctimas de estructuras hechas y anquilosadas en “lo que es”, traducido a “lo que debe ser”, marcando pautas nunca válidas a la totalidad de los seres humanos que habitan ese universo.

Sin embargo, la rigidez y la cada vez más gruesa coraza se empeñan en calificar, en determinar qué es lo bueno y qué es lo malo, amparando a algunos mientras discrimina a otros por cometer el error más grave: no encajar en los parámetros, construidos de las formas más artificiales posibles.

Es gracioso ver cómo una verdad absoluta aquí, resulta ser una patraña en otro lugar. Por esto es que viajar y sumergirse en otras culturas es una riqueza inestimable, aunque se derrumbe una que otra estructura y tambaleen las certezas.

El terreno de la psicología no se salva de aquellas mentiras peligrosas que se suelen llamar verdades absolutas. Se va evolucionando, pero aún quedan resquicios en la insistencia en medir a todo el mundo con la misma vara.

Un par de clásicos podrían ser: 

“El niño o la niña que saca malas notas no es tan inteligente como el que lo tiene todo aprobado”. 

“El niño o la niña que se mueve, salta y monta un caos en clase sufre de TDH y hay que medicarlo inmediatamente”.

Buenas hipótesis, tal vez, para emprender un estudio particular y comprobar su veracidad.  Mala idea, cuando a partir de un síntoma que puede tener otros significados, se manipula y se coarta la expresión natural a punta de limitaciones comportamentales y de medicaciones necesarias para la industria farmacéutica, pero innecesarias para quienes padecen sus consecuencias.

En la vida cotidiana pasa algo más de lo mismo, pero se vive de una manera más encubierta, ya que esas supuestas verdades van ganando terreno a medida que el boca a boca las convierte en inquebrantables. Así se llegó, en otros tiempos, a quemar mujeres en hogueras acusándolas de brujas y de la misma manera hoy en día se suicidan adolescentes en algunas partes del mundo, convencidos de que Alá les va a salvar.

En nuestro espacio privado, occidental y, ante nuestros ojos evolucionado, reproducimos formas de pensamiento tan absurdas como las que cuestionamos. No nos quemamos ya en la hoguera y tampoco nos matamos a nosotros mismos –al menos no para agradar a Alá–,  pero sí se van cortando alas y vidas con violencias directas o encubiertas, apoyándose en verdades adquiridas a lo largo de historias personales.

Así se va poniendo el granito de arena a la perpetuación de la discriminación de otros seres humanos por sus condiciones de raza, género, opción sexual, condición social o económica. Así se va al trabajo a mandar o a obedecer, creyendo que ya se sabe todo. Así es como uno se puede conformar con lo que cuentan los medios de comunicación, dando todo por hecho y sin contrastarlo. Así se transmite “la verdad” a las generaciones siguientes y así se divide todo en blanco o negro, en bueno o malo, en cierto o falso.

Desde la reunión familiar a la convención de expertos, pasando por el aula, el parque infantil, el centro de salud y por supuesto la consulta de Psicoterapia, se puede hacer el ejercicio de tomar distancia para verse y replantear, discutir, escuchar y convivir con las diferencias, que son precisamente la clave para prevenir el daño que esas mentiras peligrosas, escondidas bajo sus máscaras de verdades absolutas causan a individuos y a sociedades aún ávidos de vida, de movimiento y de crecimiento saludable.

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