Compulsión a la Limpieza

La casa brillando como una estrella. No hay detergente, bayeta, trapo o electrodoméstico que valga. Siempre queda algo que no está bien y hay que limpiar, seguir limpiando y volver a limpiar, sean las seis de la mañana o las once de la noche, sea Lunes, Miércoles o Domingo

obsesión-por-limpiar

Cuidado con los zapatos cuando vienes de la calle, atención con la comida que no se te salga del plato y manche el mantel inmaculado. Los demás, desesperados, ya no cuentan con él/ella para el tiempo de distensión y las risas se apagan ante la mirada inquisidora de quien sufre de compulsión a limpiar.

Se ha atribuido a la mujer, como si fuera un problema exclusivamente femenino. Como en otros mecanismos psicológicos, las diferencias de género suelen enquistarse en generalizaciones totalitarias, sin tomar en cuenta que muchas veces los síntomas responden a roles artificialmente adjudicados a cada sexo. 

Por algo, a la compulsión a limpiar se le ha llamado tradicionalmente “Neurosis del ama de casa”. Hay que aclarar que no hay ninguna diferencia trascendental entre limpiar la cocina compulsivamente y pasarse horas metidos en el coche dejándolo brillante y sin un rasguño o las corbatas enfiladas una a una o, para no ir tan lejos, tener que mirar el móvil minuto sí, minuto no para ver si hay nuevos goles o noticias.

Porque para actuar compulsivamente sobran las oportunidades. En cambio, el sufrimiento que genera sí es un problema. Mantener una casa limpia y bonita es el deseo de todos y de todas. No poder disfrutarla y priorizar esta actividad a cualquier otra, nos está diciendo algo acerca de la manera de afrontar las relaciones, la sexualidad, la identidad, la cotidianidad, la vida.

¿Pero qué está manifestando esta conducta? 

Si no eres una de aquellas personas que necesita limpiar, limpiar y limpiar, puede que te sea difícil comprender por qué otras actúan así. Pero seguro que dentro de ti encontrarás al menos algo que a otros les resulte irracional. Busca en el baúl de tu carácter y algo encontrarás. Pero si no encuentras nada, entonces ponte en la piel de alguien que se siente un poquito más aliviado cuando realiza este acto una vez. Pero ese alivio se esfuma rápidamente y necesita hacerlo de nuevo. Como ese segundo acto también ha producido un alivio momentáneo, es necesario hacerlo otra vez, y otra vez, y otra vez. Así, cuando menos se lo espera, lo que era una actividad puntual para calmar la angustia, se ha convertido en la manera de pasar la vida.

Podemos entender entonces, que la angustia está presente en la compulsión a limpiar, así como en otros actos compulsivos. Y que limpiar compulsivamente poco tiene que ver con el disfrute. No es que le encante limpiar, sino que ha encontrado en este acto una temporal –y poco efectiva– manera de disminuir la angustia y que, como no dura mucho, hay que repetirla hasta la saciedad para sentir, al menos por intermitentes instantes, algo parecido al alivio.

Compulsión a la Limpieza y Carácter:

Como todo, cada situación tiene diversas miradas y la de aquí se basa en el Análisis del Carácter, de Wilhelm Reich, que aporta una visión biológica, psicológica y social. Por eso, para comprender los orígenes de la compulsión a limpiar es necesario entrar en las dinámicas del carácter, que se forma en los primeros años de nuestra vida.

Por eso no voy a entrar a determinar qué pasó, cuándo y cómo exactamente, pues cada historia es particular y cada síntoma corresponde a un mundo emocional diferente de otros. Tampoco voy a diagnosticarte desde la pantalla de mi ordenador con un TOC (Trastorno Obsesivo Compulsivo) para asustarte y que me tengas que llamar inmediatamente buscando la cura definitiva.

Intentemos mejor comprender y, por supuesto, si piensas que una ayuda profesional te puede venir bien, espero tu llamada y si estás muy lejos de Valencia o de Dénia, te informaré de algún/a terapeuta con igual capacidad para atenderte, cerca de tu lugar de residencia.

Puede haber respuestas compulsivas derivadas del estrés emocional, que respondan a un momento puntual o que tengan que ver con cambios de edad o por momentos críticos en la vida. Lo interesante es que esto no se convierta en algo más complejo y permanente. La gravedad de un síntoma como la compulsión a limpiar depende de lo que le motiva, así como de la intensidad, la frecuencia y el momento vital.

El Rasgo de Carácter Compulsivo

El rasgo de carácter compulsivo sí suele estar presente cuando limpiar se convierte en una obsesión, pero esto no quiere decir que todas las personas que tienen un rasgo compulsivo sean adictas a limpiar. Hay quienes se sienten más seguros bajo rígidas reglas, un estricto orden y un control extremo y no son limpiadores compulsivos. Incluso hay quienes, “gracias” a su rasgo compulsivo logran éxito, fama y fortuna y a nadie se le ocurre pensar que detrás de sus máscaras habita el miedo y el sufrimiento.

“Uno no se siente enfermo hasta hasta que el carácter no se exacerba con un síntoma”, decía Reich. Antes de eso, por ejemplo limpiar en exceso no pasa de ser un hábito o incluso una buena práctica alabada por quienes lo interpretan como un ideal de ser. Familia, amigos/as o vecinos/as difícilmente se enfadarán por disfrutar de una casa tan reluciente. Lo que no saben es que detrás de esto puede estar asomándose un malestar que se mantiene oculto, a veces incluso para quien lo padece.

Limpiar compulsivamente parece estar separado de ese malestar y cuando se hace evidente el exceso, éste aparece como carente de todo significado. Entonces empiezan las preguntas: “¿Por qué tienes que limpiar ahora si acabaste de limpiar hace cinco minutos?”, “¿Qué te pasa, que prefieres irte a limpiar cuando estamos aquí viendo esta película?”

Algo está pasando, es verdad. Racionalmente, limpiar después de limpiar no es algo necesario. Una mota de polvo encima de la mesa no es importante. Una mancha que no acabó de salir puede quitarse en la próxima lavada y mientras tanto se puede dormir. Pero el rasgo compulsivo del carácter no está para ser racional, sino para intentar apaciguar la angustia. Entonces le da igual si la mancha se puede quitar después. Cuanto más rígido se presenta, más se piensa en ello y más se limpia, dificultando el contacto con lo que sí es verdaderamente importante: la angustia.

Hay algo que no está permitiendo que la energía fluya adecuadamente. La creatividad está estancada y la sexualidad suele ser insatisfactoria. Entonces, la fuerza de la energía vital placentera se encuentra bloqueada y busca su salida por medio de las repeticiones que sirven como intentos de descarga, pero que resultan frustrantes pues no son suficientes. 

Decía W. Reich que una descarga completa sólo es posible mediante la gratificación sexual madura y la expresión de su creatividad. (Ver: Energía Vital y Energía Bloqueada – W.Reich). Si decimos, fuera de contexto, que una persona limpia mucho porque tiene bloqueada su creatividad y además su gratificación sexual es escasa, no faltará quien ponga el grito en el cielo diciendo que los psicólogos, sobre todo los reichianos, sólo pensamos en el sexo. Y no le faltará razón si piensa que cuando hablamos de sexualidad nos limitamos al sexo puro y duro. Para salir de dudas recomiendo acceder a la obra de Reich cuyas referencias están en la biblioteca de esta web y a algunos artículos relacionados, publicados aquí mismo (Ver Etiqueta: Wilhelm Reich).

Compulsión a la Limpieza y Psicoterapia

Es común la explicación: “Es que él/ella es así”.  El o ella son así quiere decir que así se quedan. Que por arte de magia, genes o mala suerte resultaron “así”. Pero la experiencia clínica muestra que si él o ella son así, será por algo y que cuando un síntoma es analizado y comprendido se puede modificar, no porque no nos guste cómo es sino porque esa persona sufre y porque él o ella no son su carácter, sino porque detrás de su carácter hay un él o ella auténticos, capaces de disfrutar de una vida más ligera y placentera.

Y para esto hay que ver cómo está actuando su carácter, para qué le está sirviendo actuar de esta manera. Hablamos del rasgo compulsivo del carácter porque es lo que más se acerca al síntoma en este caso. Pero una persona no es sólo compulsiva y ya. Puede estar también presente, por ejemplo, el rasgo masoquista del carácter (Ver: Actitudes Masoquistas en la Vida Cotidiana) con el recurrente temor a explotar, la sensación crónica de sufrimiento, el automenosprecio, la fastidiosa queja o la tendencia a descargar la energía “torturando” a los demás y a sí mismo/a como primero/a en la fila de la insatisfacción.

Puede ser así, puede no ser. Una de las cosas que me agradan de la Psicoterapia Caracteroanalítica es que no podemos dar nada por sentado hasta no conocer las funciones del carácter en cada persona y que su comprobación no se basa sólo en nuestras percepciones sino especialmente en las sensaciones de quien lo sufre y en las manifestaciones de su cuerpo. (Ver: La Coraza Caracterial y Muscular) .

En el proceso de la Psicoterapia Caracteroanalítica podemos ver para qué está actuando el carácter y cómo éste secuestra la energía que debería fluir libremente en beneficio de la vida. Vemos cómo el carácter impide la descarga natural y la desvía a través del síntoma, que en este caso sería la compulsión a limpiar.

La tarea de la Psicoterapia Caracteroanalítica, entonces, consiste en liberar esa energía apresada en el carácter y recuperarla para ponerla de nuevo a disposición de los órganos destinados a la descarga placentera. Eso es lo que decía Reich y eso es lo que buscamos quienes trabajamos con la base reichiana.

Influencia social

Para bien y para mal, estamos influidos permanentemente por factores sociales. No somos un organismo aislado con su inconsciente y su carácter, sino que estamos en constante interrelación con el mundo fuera de nosotros, y ese inconsciente y ese carácter se expresan también en el terreno social.

Así que, para comprender los mecanismos que ayudan a que la compulsión a la limpieza se convierta en un problema, habrá que investigar el contexto en el que se encuentra la persona que la sufre y no sólo en el presente sino también en el pasado. La historia personal, valores transmitidos desde la infancia, historia sexual, experiencias emocionales, separaciones afectivas, abandonos, soledad, situación laboral, procesos vitales de los hijos e hijas, etc, son factores a tomar en cuenta y no debería despreciarse ninguna información al respecto, ya que toda ella resulta valiosísima para la comprensión del sufrimiento emocional.

Por último, así como nos mostramos tan interesados en los mecanismos que vulneran nuestra salud mental, también podríamos ayudar a prevenirla. Mensajes directos e indirectos elogiando la limpieza impoluta, ideales de casas que parecen museos más que hogares, ofertas infinitas de productos de limpieza que harán que te quieran y te valoren más, no parecen estar ayudando mucho al bienestar, pero sí a confundir la belleza con la construcción de espacios asépticos, donde la estéril convivencia es capaz de matar hasta al amor.

Que el carácter no siga ahogando la capacidad de vivir mejor. Que el auténtico “yo soy” encuentre la puerta de salida para expresarse en el mundo porque la vida se nos ha dado para  disfrutarla, no para sufrirla

Un comentario en “Compulsión a la Limpieza

  1. Excelentes tus articulos María Clara.

    Gracias por los aportes de tu propia experiencia y por tu trabajo así como por el aporte biblibiografico.

    Abrazo desde Uruguay.

    Matilde Villar (psicologa)

    Emigrante española.

    Abrazoo

    Enviado desde Outlook

    ________________________________

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