
Un malestar se arraiga en la vivencia cotidiana de la pareja extenuada de luchas, conflictos, intentos. Lo probamos todo, o casi todo: unas vacaciones para desconectar de la rutina; conversaciones sin fin y a veces sin sentido o, por el contrario, largos silencios llenos de esperanzas de que el tiempo ponga las cosas en su sitio; hacer como si no pasara nada, dando la espalda a lo evidente; seguir los pasos del libro que promete rápidos resultados en «5 tips». Pero nada… nada nuevo sucede, nada definitivo.
Mientras tanto se ahondan las heridas, los miedos, las culpas, los reproches. Los ánimos caen por los suelos y uno de los dos, de pronto, empieza a pensar en lo que nunca hubiera creído proponer y, como un intento más, por fin deja salir un: «¿Y si vamos a terapia?».
Sabemos que la psicoterapia es una opción cada vez más habitual, y seguro que conocemos a más de una pareja que la ha tomado. Si ha funcionado o no, depende de las expectativas, de la situación particular de la pareja y, por supuesto, de la capacidad del/la psicoterapeuta.
—¿Y si vamos a terapia?— pregunta una de las dos personas. —He oído, he leído que es una buena alternativa—. La propuesta, en principio, trasmite una voluntad de cambio, una actitud de humildad, una oportunidad de recuperación.
Da la sensación de que alguien piensa que hay una opción diferente a la lucha, a la resignación o a la renuncia.
Pero no todo depende de UNO. Por definición, una pareja está compuesta de dos miembros. Por esto, aun cuando suene muy bonito proponer la alternativa de una terapia de pareja, a veces la otra persona no considera necesaria o funcional esta vía. ¿Por qué?
💧 «Porque las terapias no sirven para nada».
💧 «Porque un/a amigo/a hizo una y acabaron separados».
💧 «Porque me enseñaron que uno tiene que solucionar sus problemas solo».
💧 «Porque no hay tiempo para esas cosas».
💧 «Porque cuesta dinero».
💧 «Porque para eso están los amigos».
💧 «Porque hay un montón de videos en YouTube que dicen lo mismo que nos va a decir un psicólogo».
💧 «Porque nadie tiene por qué decirle a uno lo que tiene que hacer con su vida».
💧 «Porque ahora el/la culpable voy a ser yo».
💧 «No… simplemente porque no».
Si no puedes tú convencer a tu pareja de ir juntos a terapia, mucho menos lo voy a hacer yo. Y si te das cuenta, no hay que convencer a nadie.
Como escribí hace tiempo en otro escrito, «la psicoterapia es una alternativa que libremente se toma y humildemente se acepta». Así que las opciones de presionar, chantajear o amenazar están descartadas de plano.
Es verdad que, ante esta negativa, se cierra una puerta que hubiera sido interesante abrir. Porque una terapia de pareja, cuando se confirma que es indicada para la situación actual de la relación, es muy útil para descubrir ciertas dinámicas del carácter que muchas veces permanecen inconscientes o que, por más empeño que pongamos, no se pueden ver porque estamos dentro y somos ciegos a ellas.
Lo que sí constatamos con claridad es cómo poco a poco se ha ido minando la complicidad, la confianza, la motivación y, en últimas, la calidad de la relación. Para descubrir los motivos que han llevado a este momento, suele ser provechosa la presencia de una persona ajena a la pareja con capacidad para ver esas dinámicas caracteriales, no porque sea mago o clarividente sino porque se ha formado profesionalmente para eso.
«La posición del/la Psicoterapeuta en una Terapia de Pareja es privilegiada y, por eso mismo, el cuidado y el respeto por cada persona y por su situación son imprescindibles»
«Pero mi Pareja NO Quiere Ir a Terapia»
Dicho esto, a nadie se le puede obligar a acudir a una psicoterapia, ni de pareja ni de nada. Y recuerda que las y los psicoterapeutas, por más listos que seamos, somos todo menos omnipotentes y que las terapias, por más útiles que sean, son todo menos panaceas.
Así que si tu pareja no quiere hacer terapia está en todo su derecho, y ya en este punto puedes intentar abrir otras puertas, ya sea pensando en alternativas diferentes (incluida preguntar a tu pareja qué propone a cambio de una terapia) o plantearte tú mismo/a acudir a sesiones de psicoterapia individual, obviamente con objetivos enfocados a tu situación particular en el conflicto que te lleva a buscar apoyo psicológico.
Espero que esta reflexión te haya aportado y siempre puedes contactarme si lo consideras oportuno.


