Lo íntimo, lo social, los temas que nos preocupan

Las preocupaciones que nos mueven a acudir a psicoterapia, en general se relacionan con la vida íntima, pero la coyuntura social se deja ver tarde o temprano, así como las modas, los valores y tantos imperativos que la sociedad del momento impone

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Imagen de Ilona S

El día está nublado y gris. La humedad y el olor a hierba mojada invitan a la reflexión, a permanecer en la contemplación como sucede en esos días invernales de chimenea, sofá, manta y libro, propiciando momentos de conexión con lo íntimo.

Pero no son vacaciones ni domingo. Por el contrario, me espera uno de esos días que dedico por completo a mi labor como psicoterapeuta. Será una jornada emocionante, pues seguro que las historias que escucharé estarán a la altura de cualquier narración propia de la mejor literatura del momento.

Hasta la fecha, los días que paso en la consulta han estado llenos de experiencias que me impulsan a seguir acompañando a las personas en sus procesos de psicoterapia. Porque hasta allí llegan hombres y mujeres de todas las edades, con diferentes condiciones y por diversos motivos, dispuestos a adentrarse en el descubrimiento de sí mismos.

Lo íntimo, lo social

Las preocupaciones que nos mueven a acudir a psicoterapia, en general se relacionan con la vida íntima (pareja, familia, trabajo, salud, relaciones…), pero en prácticamente todos los casos, por más individual que sea la inquietud, la coyuntura social se deja ver tarde o temprano, así como las modas, los valores y tantos imperativos que la sociedad del momento impone.

Hay temas recurrentes que ya parecen crónicos y otros que resultan más bien anecdóticos. Lo que me llama la atención es cómo en los espacios de psicoterapia se llegan a ver con nitidez los efectos que situaciones aparentemente ajenas a nuestra vida íntima impactan nuestros organismos, nuestra percepción y nuestros estados emocionales, muchas veces sin haber sido conscientes de ello hasta que, en medio de una sesión, durante un sueño o de cualquier manera imprevista nos damos cuenta de cuánto nos afecta.

Los temas sociales que nos preocupan

Por estos tiempos, una hora de noticias en la televisión, una ojeada a un periódico o un paseo por cualquier red social puede consistir en:

💧guerras y diversas amenazas a la integridad humana;
💧conflictos en la esfera política;
💧procesos judiciales de figuras públicas;
💧encarecimiento de productos básicos;
💧dificultad para adquirir una vivienda;
💧enfermedades de las que nunca habíamos oído hablar;
💧impotencia frente a la dificultad para recibir atención médica oportuna y de calidad;
💧diferentes versiones de la violencia, reiteradamente a mujeres;
💧prácticas abusivas a colectivos vulnerables, como es el caso de personas inmigrantes.

Y entremedio, publicidad acerca de todo lo que no tenemos y, con frecuencia, no necesitamos. Persuasiones para parecer guapos/as, jóvenes, elegantes, competentes y exitosos/as… aunque sea solo por fuera.

Aunque no sean los principales motivos de consulta, estos temas están marcando muchas de las preocupaciones de las personas que acuden a terapia psicológica, con diferentes matices según edades, situaciones vitales, formas de concebir la vida y niveles de consciencia social.

Navegamos en el mismo barco

Cabe anotar que las personas que nos dedicamos a la psicoterapia navegamos en el mismo barco. Nos pasan cosas en la vida personal, como a todo ser humano. También estamos al tanto de las noticias, nos preocupamos, tomamos posiciones personales sobre lo que pasa en el mundo e incluso nos pronunciamos en diferentes espacios. Pero aun inmersas en las realidades sociales y por lo tanto igualmente afectadas por los sucesos, no usamos el espacio terapéutico para hablar de nosotros/as, no discutimos sobre temas políticos, religiosos o ideológicos ni mucho menos inducimos a nadie a pensar como nosotros. Es cuestión de ética, pero también de sentido común.

Lo que sí hacemos es ayudar a tomar consciencia, cuando procede y en consonancia con los objetivos planteados conjuntamente al principio del tratamiento, de cómo están movilizando a nuestros pacientes estas realidades sociales, tanto en lo que tiene que ver con el momento presente como a niveles históricos biográficos que han condicionado sus rasgos caracteriales y, por lo tanto, su manera de percibir la realidad.

A veces no hace falta solucionar 10 problemas, uno por uno, sino encontrar la manera de resolver lo que se encuentra en el fondo de nuestras dinámicas caracteriales, especialmente cuando las dificultades se repiten año tras año

💧¿Cómo afrontamos la coyuntura social? ¿Nos pasamos horas en las redes o en la tele para no perdernos nada, o pasamos de todo porque «al fin y al cabo eso no tiene que ver con nosotros»?

💧¿Nos quita el sueño pensar en cómo vamos a pagar la gasolina del coche o somos capaces de regular nuestra energía para dar a cada momento la atención que corresponde?

💧¿Entramos en el pozo del pesimismo o hacemos como que nada nos afecta ni conmueve?

💧¿Nos sentimos blanco de todos los ataques o nos ponemos encima del resto de la humanidad como si fuéramos inmunes a las desgracias?

💧¿Nos sentimos dentro o fuera de lo que sucede más allá de nuestro espacio conocido?

💧¿Sentimos genuina compasión o lloramos por los dramas ajenos, no exactamente por empatía sino más bien por evitar (muchas veces inconscientemente) contactar con el propio sufrimiento?

💧¿Tendrá todo esto que ver con la recurrente sensación de no futuro, de imposibilidad de construir un proyecto a medio o largo plazo?

Derecho al tiempo futuro

Es difícil mantener un equilibrio en estos tiempos, más aun con ese aislamiento del que padecemos, disfrazado de hipercomunicación, de hiperinformación y de polarización. Y eso está dejando mella. Se nota en nuestra manera de relacionarnos con los demás, con el tiempo, con la comida, con las cosas. Se siente en nuestras casas, en nuestros pueblos y barrios. Se ve con nitidez en nuestros cuerpos, y el sufrimiento que supone se refleja cada vez más en las consultas de psicoterapia.

Como expresa Shoshana Zuboff en su libro «La era del capitalismo de la vigilancia. La lucha por un futuro humano frente a las nuevas fronteras del poder»:

Así que establezcamos nuestro rumbo. La incertidumbre no es el caos, sino el hábitat necesario del tiempo presente. Elegimos la fiabilidad de las promesas comunes y la resolución compartida de problemas —antes que la tiranía cierta impuesta por un poder o un plan dominante— porque ese es el precio que pagamos por el libre albedrío, que es en el que se fundamenta nuestro derecho al tiempo futuro. En ausencia de dicha libertad, el futuro se desmorona, hundido en un presente infinito de mera conducta, en el que no puede haber sujetos ni proyectos: solo objetos». —Shoshana Zuboff

¿Estamos todos locos?

Cuando concertamos una cita para una sesión de atención psicológica no siempre es fácil coincidir con los tiempos, dado que nosotros, terapeutas, solemos tener la agenda bien cargada y la mayoría de los pacientes hacen verdaderos esfuerzos para sacar ese momento dentro de sus múltiplos ocupaciones.

Eso no es nuevo. Lo que sí escucho con cada vez más frecuencia, mientras buscamos espacio en la agenda para la siguiente sesión, son preguntas como: «¿Es que tanta gente está mal?» «¿Estamos todos locos?» Mi respuesta suele ser: «La gente que está ‘mal’ no suele ir a terapia».

Quiero decir que la psicoterapia, al menos la psicoterapia caracteroanalítica de la que soy especialista y, por lo tanto, de la que puedo hablar, no es de uso exclusivo de «gente que está mal» ni mucho menos «loca» en ese sentido tan peyorativo con el que se usa la palabra.

Podemos estar preocupados, tener problemas, incluso alguna patología. Eso no es «estar mal». Estar mal es necesitar terapia y no ir, pudiendo acceder a ella.

Por supuesto que tampoco pienso que todas las personas que no eligen la psicoterapia están «mal». Lejos de fanatismos, el recurso de la terapia psicológica está al alcance de quienes la consideren una buena manera de transitar una parte del camino vital, con un acompañamiento especializado y, por lo tanto, seguro.

Dicho esto, la psicoterapia no se limita a recibir consejos, como muchos imaginan aún hoy día. No es ir por la receta del momento ni a que le digan a uno qué decisiones tomar, si debe seguir o dejar a la pareja, si hay que renunciar o seguir en el trabajo, o como cuando se pregunta al chatGPT sobre cualquier cosa como si fuera un oráculo, lo cual está sucediendo con preocupante frecuencia.

Yo no quiero renunciar a la emoción ante el encuentro con la mutua consciencia en las sesiones de psicoterapia, con personas que asumen sus procesos, recuperando la vivencia de la frustración, el miedo, el placer y la alegría, y que son capaces de ponerles nombre, sin máquinas ni recetas.

La terapia psicológica es una alternativa para encontrarse, descubrirse y poner a funcionar esos recursos orgánicos con los que venimos dotados para la vida, mientras desarrollamos y aprovechamos avances como la tecnología, pero en beneficio de una existencia realmente humana.

Es muy doloroso quedarse con la idea de que no hay nada qué hacer y mantenerse en la defensa, como si estuviéramos esperando el próximo bofetón. Son tiempos inciertos, cada vez más. Tal vez podemos darnos cuenta de nuestras equivocaciones en vez de seguir repitiendo constantemente las mismas dinámicas que no nos están dejando ver el camino con claridad, al menos en lo que depende de nosotros.

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