
Era un Sábado de Octubre del año 96. Entré tímidamente a mi primera clase de Orgonomía Médica en la EsTeR. Allí estaba él. Me dio la bienvenida con un beso en cada mejilla. Puso su mano suave pero firme en mi cabeza y me dijo: «cuenta conmigo». A partir de ese momento, Manuel Redón se convirtió en una de las personas más importantes de mi vida.
Este es el retrato que me queda de Manolo, quien se nos fue hace pocos días, dejando el calor de su recuerdo:
El maestro… Amable
Es el adjetivo que me surge sin pensarlo. Un maestro amable es un tesoro. Significa que se interesa por sus discípulos y, por lo tanto, no escatima en tiempo, recursos y creatividad para hacerse comprender. Y en su caso esto suponía un verdadero reto. Simplificar el lenguaje de la Medicina Psicosomática y el de la Orgonomía Médica, sin por eso dejarlas desprovistas de su profundidad, no parece algo sencillo. Y él lo conseguía con dos componentes esenciales: Primero, mucho trabajo. Segundo, mucha humildad.





