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Mirar a la muerte a la cara, acompañados por alguien que nos oriente no sólo aplaca el terror, sino que vuelve a la existencia más rica, intensa y vital. Trabajar con la muerte nos enseña sobre la vida
– Irvin Yalom –

La ansiedad ante la muerte era uno de esos temas escondidos en mi lista de “pendientes”. Me preguntaba cómo abordarlo porque es muy fácil hablar o escribir en desconexión con las propias emociones. Sin embargo, por bonitos juegos de palabras que consigamos, un escrito no tiene sentido si quien lo crea escapa de su implicación. Por esto es necesario el ejercicio de sentir, aunque haya que esperar algunos meses antes de hablar.

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¿Quién soy, al fin, sino un niño a quien halaga el sonido de su nombre, que se lo repite sin cesar? Me aparto para oírlo – nunca me cansa. Para ti, también tu nombre; ¿Has creído que no había más que dos o tres inflexiones en el sonido de tu nombre?
– Walt Whitman –

Tu nombre es aquel que te pusieron al nacer… o no. Es el que tú aceptas o eliges, el que puedes defender, el que te representa.

Te propongo esta experiencia: túmbate cómodamente en una cama o en el suelo, de lado, como si durmieras. Cierra los ojos y respira profundamente. Ahora recuerda los sonidos con tu nombre, dichos por las personas que te han querido y te quieren. Recuerda el tono de sus voces y la manera de acariciarte con cada sílaba.

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Antes de las redes sociales que han cambiado tanto nuestros hábitos, pasaban prácticamente las mismas cosas pero lo que hacíamos o pensábamos no quedaba grabado cada milisegundo en un ordenador.

Siempre ha existido la inseguridad, los celos, la envidia, la deslealtad, el miedo a no ser parte de un grupo, el rechazo a la uniformidad, el aislamiento o la necesidad de ser aceptado. 

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Foto: “Girandolar” – Alice Lucchin

Bogotá, Colombia. Años convulsos y obscenamente violentos en un país que parecía perder el último rastro de la cordura. Era la clase de sociales en un instituto. La profesora, preocupada por la apatía de sus jóvenes alumnos decidió proponer el siguiente ejercicio: dividió el grupo en cantidades iguales a las de los partidos políticos existentes en el momento. Cada pequeño grupo tendría que defender la posición de uno de los partidos, argumentándola con las ideas claves y basándose en su historia y en las referencias que identificaban a cada grupo.

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