La casa brillando como una estrella. No hay detergente, bayeta, trapo o electrodoméstico que valga. Siempre queda algo que no está bien y hay que limpiar, seguir limpiando y volver a limpiar, sean las seis de la mañana o las once de la noche, sea Lunes, Miércoles o Domingo
Cuidado con los zapatos cuando vienes de la calle, atención con la comida que no se te salga del plato y manche el mantel inmaculado. Los demás, desesperados, ya no cuentan con él/ella para el tiempo de distensión y las risas se apagan ante la mirada inquisidora de quien sufre de compulsión a limpiar.
Se ha atribuido a la mujer, como si fuera un problema exclusivamente femenino. Como en otros mecanismos psicológicos, las diferencias de género suelen enquistarse en generalizaciones totalitarias, sin tomar en cuenta que muchas veces los síntomas responden a roles artificialmente adjudicados a cada sexo.
Leer más