Duelo… Tarde o temprano nos toca vivirlo. Y no uno sino varios, a veces suficientes para recordar que no somos infinitos. A veces demasiados, que ya ni uno entiende qué más le toca aprender al experimentar las pérdidas.
Duelos evolutivos, de los que nadie se salva. Duelos que no se ven, pero se sienten al sufrir un abandono temprano. Duelos de los que ya uno ni se acuerda pero que el cuerpo no olvida. Duelos aparentemente inofensivos, que se supone que deberían progresar rápidamente. Duelos de muerte, cuyos efectos emocionales son indescriptibles.







