
Llegas de visita a la casa de tu amiga, dispuesta a pasar una tarde agradable. El propósito no dura más que unos minutos, cuando un diablillo interior te hace levantar del sofá para empezar a limpiar su casa, hacerle la comida, cuidar de sus niños, recoger la mesa, lavar los platos.
Tomas cualquier dificultad ajena como algo personal, como si aquello te estuviera sucediendo a ti y no a otra persona y sufres más que si el problema fuera tuyo.
Tienes un imán para aquellas relaciones que te exigen cada vez más y más… atención, afecto, dinero, tiempo, esfuerzo, ayuda…






