
Eso de durar y transcurrir no nos da derecho a presumir
porque no es lo mismo que vivir, honrar la vida
–Eladia Blázquez–
Todo parecía estar bien. Un cómodo equilibrio mantenía el ambiente tibio y sin mayor contratiempo pasaban los días. Cada cual cumplía con su papel y el conflicto o el desacuerdo eran rápidamente estrangulados con algún gesto de censura o para no molestarse tanto, con un simple cambiar de tema… Y a otra cosa para tener la fiesta en paz.
Por algún motivo aún no identificado, a alguien se le ocurrió cambiar. Pensaba que tal vez el malestar que habitaba en su cuerpo daba señales de alguna distorsión, que las ideas repetitivas y algunas veces irracionales iban a acabar enloqueciéndole y que lo que llamaban estabilidad o plenitud no se parecía en nada a la deprimente apatía en la que se estaba dejando los mejores años de su vida.
Esta puede ser la historia de algunas personas, no pocas, en los tiempos actuales. Y cada una responde como se lo permiten sus rasgos caracteriales que funcionan tan bien cuando las respuestas naturales no están disponibles.



