
Es lo que se lleva en las dinámicas de relación y es tan frecuente que ya ni se cae en cuenta, de cómo gran parte de la comunicación se da indirectamente. No sucede siempre pero sí en todos los ámbitos, familiares, laborales, educativos.

Es lo que se lleva en las dinámicas de relación y es tan frecuente que ya ni se cae en cuenta, de cómo gran parte de la comunicación se da indirectamente. No sucede siempre pero sí en todos los ámbitos, familiares, laborales, educativos.

Esta sensación tan frecuente no es natural. Se supone que estamos hechos para acompañamos en el camino de la vida y aunque la soledad elegida o a veces impuesta puede resultar enriquecedora, necesitamos compartir nuestras vivencias con los demás.
Y las compartimos. A pesar del aislamiento social que sufrimos gracias al modelo de vida que hemos diseñado, siempre encontramos alguna rendija para experimentar el encuentro interrelacional.

Crisis de pareja… ¿Quién no la ha vivido? La imagen de los amores felices para siempre, todos los días desayunando deliciosos manjares mientras se miran embelesados, caminando por los parques tomados de la mano sin tocar el suelo con los pies y riendo mientras disfrutan de sus siempre adorables hijos es exactamente esto: una imaginación.

A veces, pretendiendo ayudar se consigue lo contrario, cuando se sueltan interpretaciones salvajes que salen de la nada. Frases de cajón sacadas de libros de autoayuda poco o nada documentados, de revistas del corazón, de leyendas virales publicadas en redes sociales.
El motivo por el que alguien se siente con derecho de lanzar este tipo de interpretaciones puede ser cualquiera, desde una necesidad de protagonismo y poder hasta una insuficiente formación psicoterapéutica. Importante cuestión si estamos hablando de un/a profesional de la psicología o la psicoterapia. La consecuencia en la parte receptora, una sensación de ser poco o nada comprendida y de estar muy mal acompañada.