
Pero no se lo digas a nadie… Recuerdos que se actualizan, que se instalan cómodamente en otras historias, en otros rostros, en nuevas situaciones.
«Pero no se lo digas a nadie», dijo algún día un adulto a una niña o a un niño desprotegido que no entendía el por qué de tal secreto. Y no se trataba de un juego inocente ni de los aguinaldos para Navidad, ni del misterio del Haloween.
¿De qué se trataba entonces?
→ Toco tu cuerpo abusando de tu vulnerabilidad… pero no se lo digas a nadie
→ Me emborracho día sí, día no… pero no se lo digas a nadie
→ Esta casa es una batalla campal… pero no se lo digas a nadie
→ Estamos en la ruina… pero no se lo digas a nadie
→ Tu madre/padre nos abandonó… pero no se lo digas a nadie







